27.6.10

weekend

1. La música era una distancia necearía. El escenario recrecido, el tiempo se detiene en ese punto. El descenso de una guitarra eléctrica a la sima de los humanos, allí duermen, allí mueren. Es su ciclo. La voz es un pasadizo. Historias tristes al borde de la cama de la enferma, hay una tecnología de la muerte en cada palabra. Todo reducido a tiempo, a extinción. Pero la música permanece en su suficiencia, indiferente a los interpretes, a la existencia de los interpretes.


2. Conocidos entrevistos en bares y tascas. Ojos inyectados y un cigarrillo humeante, que es más que un vicio. Hay personas que se desvanecen en un instante. Los términos, los detalles, el principio y el final, la dificultad de establecer un antes y un después. Rasgos que se hacen patentes en la expresión de un deseo, una mueca. Un deseo apagado, reprimido, ahogado en la espuma de la cerveza o en el hielo de los licores.


3. Desvíos hacia las playas. El negro humo de la moto en el desguace, latas apiladas contra un muro, grasa, hilos, gasolina, martillos, clavos, tornillería, maquinas indescriptibles. Sin cambios.