Las ilustraciones eran muy hermosas. Me recordaban la infancia, mi infancia. Me substraía de aquellas salas infinitas e hirientemente blancas. Había correspondencias que me agradaban, que como un bálsamo se extendían por mi espalda. Lo consiento y eso me hace fuerte, mi capacidad para aguantar todos esos sonidos, esa calidad de voz: pasmosa, percusiva, tonante. Lineal y absoluto, el viento bate contra las ventanas, es una altura imposible, inconcebible. Soy un interno, no estoy de paso y eso tiene consecuencias, Pero las ilustraciones eran hermosas muy hermosas[…]*
*¿Llegamos a comprender los papeles que flotan por las calles y se posan en las aceras, en el asfalto? ¿Cuántos leen estas notas que alguien pega con inocencia en las farolas, en los muros, con fixo, manuscritas en hojas cuadriculadas? ¿Tienen su interés? El día secciona y otorga intereses. Hoy buscará un sueño que será plasmado en otra hoja de papel, que hemos de leer de camino al trabajo, ¿cuántos? Esa es la pregunta, mañana.