Motocicletas cruzan la noche. Circunvalaciones, adosados, suburbios. Camino de Cadiz, pues allí debe comprar su guitarra, y hay guitarristas que con la heroína y tres cuerdas tienen lo suficiente. ¿Es verde este vino? Se desvelan las palomas, puentes y pasos inferiores, pasos superiores y túneles, la atrevida guadaña de la geografía. Una hoz, un tajo, los ríos dividen el mundo en porciones equiparables. Es en este sentirse bien cuando la muerte manifiesta su sueño. ¿Duerme hoy la muerte? Negras alas se extiende sobre la sierra. La guitarra es de cedro y viento. Y, en el silencio de la noche, habla de la masa de aire que se agita en el interior de la caja: aros blancos, suelo blanco, palidez amarillenta, nácar y amapola es tu viaje hacia el Sur. Playas, naranjas, hierba. Su ebriedad es la superioridad de los mares y los truenos, tormentas al medio día. Son las brujas que se esconden tras la reja, seis hilos de oro, seis hilos de plata. Gotas incandescente de rocío y amor. Por las calles vaga y con quince monedas o dieciséis es suficiente. Lo discutiremos en la próxima venta, pero ahora debemos darnos prisa, pues comienza a llover.