[1989]: The Queen is Dead: las playas eran nuestro refugio, adoradas botellas de cerveza, guitarras traspasadas de hachís y voces indefinidas, cartas y besos hurtados por las danzas del amanecer: viento y barcos con su perfil en la costa, ya no era sólo el amor, ni el sexo, ni la violencia de la sucesión de los días. ¿Su madre dormía, estaba tranquila en aquella casa junto al mar? Paseaba entre las tumbas y fumaba negro tabaco negro. Uno era pescador, otro pirata, el encargado de la plataforma y la temperatura de los quirófanos.
[1993]: cocieron la heroína y la cárcel. Antes de enfermar ya había habido un adelgazamiento. El olvido se centra en sus rostros, se acuestan a la siesta en un parque y en sus bolsillos hay monedas de todos los colores y todos los tamaños. Es una casamata en la orilla del mar, rocas, poco a poco todo se verá.
[1999]: las humillaciones pueden llegar a resultar dolorosas, pero también la indiferencia se carga de valor, mañana habrá otra prueba. Todo marcha bien. Nadie sabe qué hay nuestro interior, ni nosotros mismo. El veinticinco se efectúa otra prueba y si todo sale bien, le darán el alta. Somos únicos y substituibles, pero yo siento la muerte avanzar por los pasillos. Nauseas sin lágrimas.
[2004]: no son historias de viejas, la muerte existe.
[2010]: este invierno, durante nuestro habitual/anual viaje a Londres, visitamos el cementerio donde ella duerme, leímos un poema especialmente dedicado a ella, quizá era Rimbaud, quizá no, la ebriedad no forma parte de nuestros pasos.