2.8.10

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Los pantanos al atardecer, en un día de verano, son las cuatro de la tarde o el hilado fino de la guitarra que se desvanece. Un cuarto de gramo, pedía con insistencia. Las manos doradas, el pelo es plata vibrante, los ojos de fuego vivo. Tenía un nombre y era precisión, pero nada es recordado hoy.


Está escribiendo junto a la ventana.


Ilusión

hombres

caravanas

gasolineras

mujeres

cuerpos

furgones

trenes

estaciones

amarillo


La velocidad y el trueno de las carreteras: esos coches que derraman su muerte en las cunetas, esas motos y su desconsuelo, el borrador de un accidente, sólo son historias sin puntuar.


Un cuaderno de tapas negras, sus gafas, la pluma hurtada a la historia familiar, papeles amarillos, la canción reiterada del humo y la ebriedad. En el desván con los lienzos como si velas fuesen, pues hay eróticas que superan el fango de la realidad. Todos los cuerpos tienen su medida, es exacta y la explosión es luz y libertad.