28.8.10

invocation

La estepa ofrece su oro viejo a última hora de la tarde, como un destello de lámina pulida, rebajada, alterna y las edificaciones adquieren un tinte fantasmal. Ciudades que carecen de significado, pues en el automóvil sus nombre son tal que números o distancias. No obliga la deuda, obliga el carácter, la fuerza de la educación, o tal vez no: ¿no has visto de honrados padres nacer bandidos o asesinos? La llegada a Madrid es fulgurante, como un lago de plata que se eleva, como un cristal hermético que se dibuja, perfiles y torres, los edificios, la negra sábana del asfalto y la señalización vertical, horizontal. Todo eso que es necesario leer. Ella espera en el núcleo del olvido. No hay cadáveres ya en los ultramarinos, una niña china despacha pan en el barrio, la ropa es brillante y destellos de fuego se traslucen en las chaquetas, espejos, barbitúricos. Son las luces del amanecer, hoy la calle es un regalo que se desvanece con el paso de los minutos: ¿me recuerdas cuando te despiertas?