Nombres en las placas de bronce o acero: muerte, viaje, Japón, roble o castaño, sentencia, oración, altar, piedra, puente, sal, clavel, rosa.
No son las horas muertas las que han de llevarse lo mejor de nosotros, nadie puede encontrar ese venero interior que surte de amor y alegría a todos los que tienen la gracia y el pecado como penitencia. Los días transcurren y su transcurso es mejora. Dice que no puede dormir, el sueño es una cárcel y el insomnio el reverso de la moneda. Amarillo intenso en los días de agosto que se agotan, termina el verso y la rima da una idea de la pérdida incalculable que resulta una muerte en verano, si es un niño (…), quizá citaban a Thomas de Quince, pero hoy hemos dejado de creer en él, hemos apartado el opio y los licores y sólo el recuerdo del color intenso de la sangre que se diluye en el agua (…)
Vendrás a mi casa y yo no estaré, habré tomado mis pocas pertenencias y después de quemarlas, la nave me espera y yo no tengo tiempo. El tiempo ha sido mi esclavitud, hoy me desprendo de todo al salvarme de esa condena: tiempo.
La clave de toda historia es o resulta ser (…) Son las horas de la mañana, las primeras horas de la mañana cuando conviene (…) He atravesado la meseta para ver a mi padre y ahora, aquí (…) No son horas de comenzar (…) La vi a través de la celosía, su traje de novia era la espuma del amor pálido y transparente, su cuerpo a través de ese tejido era irisado y sin máculas. Hoy no estará en la mesa de los planos y los compases y el escalímetro y cartabones y escuadras. Lápices duros, tiralíneas y rotuladores, el papel es delicado o frágil, sus manos pálidas y azuladas, en una ocasión permaneció viva durante más de tres cuartos de hora: crisálida o suero violáceo.