Sobre París, hacía París:
1. Fronteras, bosques eternos, lagos, ríos o puentes de hierro y acero, una ingeniería oculta y falsa, oraciones, monedas, billetes, facturas. Hablaron, durante el viaje, que no fue corto, de todos aquellos que no respetan su propia palabra, que por allí donde van dejan deudas imposibles de cubrir. Bien, lo hacen por sus hijos, lo hacen por su retórica y su presente. Son caballos blancos en la noche, que cabalgan hacia el mar, sin jinete, sin montura, sin bridas. No hay estribos. La ciudad era un dibujo, un trazo. La noche adelanta la resistencia del día. El trabajo, el dinero, la impropiedad, la verdad y la otra cara de la moneda.
2. Camino de Paris hablaban sin parar. Muchos asuntos se daban cita en el compartimento del tren [elegancia de ventrílocuos, vino y tabaco negro, leche templada y café helado], pero siempre bajo cada asunto, como una modesta moneda de plata, la nobleza marcaba las veredas. Cada rama, cada árbol atestiguaban la fidelidad a los hechos y las circunstancias.
3. No hay tiempo, no puede conciliar el sueño, no pagará sus deudas. Aquellas tres aseveraciones resultaban complementarias. Líneas paralelas que conducen al núcleo del deseo:
- ¿Te preocupa el jugador?
- Sí, también sus hijos, no quedará nada de la herencia paterna.
- No puedes intervenir.
- Lo sé.
Se avistaban las agujas de la ciudad, quizá eran catedrales o antenas de televisión, estaciones de radio. Una pequeña placa con su filete negro anunciaba la ciudad: Paris. Ferroviarios paisajes: luto marrón, rojos y verdes de semáforos ilimitados, gárgolas de hierro colado, uniformes azules de tinta con ribete rojo y blanco, dorados billetes de banco, no es oro, ni latón, seguros de automóvil en la tarjeta verde, la funda de las gafas de sol. Hemos de amar el río, hemos de triunfar en el bulevar, en la rivera nuestro coche alcanza los ciento cuarenta kilómetros mientras desguazan el amor de los prostíbulos.
i love music [...]