La sobria estela del destino se desvanece.
Son voces que llegan de la calle, fotógrafos que opinan, que muestran lo que los grupos de personas y perros exhalan con brillante maldad.
Es opaco el tiempo que se nos escapa.
Esa tienda oscura en la calle principal, su reverso siniestro o sumiso.
Botellas ensangrentadas, el polvo milenario de un asesinato.
No hay fotos.
El río es profundo, pozas, ramas que se hunden en el agua, flotan hojas, todavía verdes.
El humo se eleva sobre los tejados.
En el bar las copas son verdes y una venganza vuela sobre la ciudad.
Ha dejado de nevar y el áspero miedo del amanecer se extiende más allá de los suburbios. Los vampiros han regresado a su morada.