0. Gallinas, ruido, los muertos caminan, pero nadie puede ver como caminan, pues son muertos y ellos lo saben, pero su vida es ordinaria y acuden a sus oficinas, a sus negociados. Son sus afanes. ¿Podrías verlos en la tarde que antecede a tu expulsión? Ella no protestó y su sabiduría era el vacío, la humillación era su arma y la manejaba con habilidad, pero él decidió callar y se mostró ausente, ligero y emprendió el camino por el pasillo de salida, había rabia contenida y ella continuaba su imprecación, sin cansarse, histérica, rota, con la fuerza de una moneda contra el suelo, con los ojos inyectados, pero inexpresiva: como un pez arrancado del fondo del mar y el tacto húmedo de sus dedos, la ficción de su propio elevarse, como se transforma una huerta en selva y la selva en desierto. Son las transformaciones y los simultáneos toda su ciencia, pero se despliega con arte y poderío en las sucursales de la estupidez, ese contacto es un veneno y la maldad es su arte secreto. Anida su voz en la cura. Las gallinas sucias de su madeja de muerte y olvido. ¿Has visto a su marido, el gran despreciador, su complemento, la otra cara de la moneda? Los dos avanzan triunfantes por el pasillo central de la iglesia, con determinación y dolor, pero elevados dos centímetros del suelo, ese deslizar es una nausea que nos acongoja desde el coro. Allí estamos seguros, no nos llegará su mala influencia. ¿Por qué malgastas tus palabras, por qué estos pozos de remordimiento, para qué has de volver, oh, noche abundante y fructífera? No, no son lo sonidos del infierno, es su silencio helado: el infierno es hielo cortante e inerte y vacío y siempre en el silencio del sepulcro.
1. El reflejo de sus ojos, alto, calvo, con las orejas apenas dibujadas y pequeñas, las manos grandes y tapizadas de un vello oscuro y abundante. Un simio. Se acerca a la ventana y comienza a jurar, una blasfemia y luego se ríe y muestra sus dientes desiguales y sucios de tabaco y de vino. Su olor es profundo y ácido, el punto del tabaco, el punto del vino barato y los figones que rodean los talleres navales y se asoman al río o a la ría. El puente proyecta su sombra y se percibe un rumor de lluvia y viento. Aprecia el vino con una sonrisa de sus labios finos, alguno diría que padece una hidrocefalía, pero no es cierto. Su mandíbula estrecha afina un pecado, es la desidia que sufre su mujer, sin violencia, sin amor [que es otra manera de la violencia]. Se frota las manos y habla de una chica que ha pasado por el puente, es su análisis la suciedad y blanda espuma o nieve pisada, o semen derramado de simio o vicio y lujuria o asco. Se ilumina la farola y todos en el bar adquieren un color amarillo como las sábanas sucias de los prostíbulos que a lo largo de su vida han visitado sin descanso, atrapados en una rueda, expuestos a su propia inmundicia. Él es el líder del coro, de la canción rota de sus muertos, que le redimirán, quizá, quizá no.
2. Manos en los bolsillos, cigarrillos y humo azulado. Las gafas en la punta de la nariz, un suspiro y la vista se pierde en el fondo de la calle y no llega la hora de regresar a casa. ¿Merece la pena el hogar, merece la pena esa vida que allí te espera?
3. Dijo: siento desprecio por todo lo suyo, su marido y sus hijos, su ropa, sus gestos, sus palabras, su presencia. Nadie podía aplacar el nervio, nadie deseaba entrar en aquella taberna y probar su veneno. Pero la taberna no se cerraba. El litro de cerveza a 1,20 €. Así es la tarde, no hace falta una inversión demasiado grande para ser feliz.
4. Es el aire y la noche, demasiado olvidadizo, demasiado experto, es la muerte en California. 1929. Su vida fue muy diferente en Londres, pero ahora no hay posibilidad de regreso. En la próxima semana todo será mejor, se suele decir cuando sale de casa cada mañana, sin destino. El silencio es su emblema.
5. Libreta de notas: [17/01/10] Llegados a un punto, no merece la pena continuar con las introspectivas lecturas de poesía, los cuadros son apartados. Hemos decidido establecer un límite, una frontera. ¿Es obligatoria la visita semanal al Museo? ¿Qué carne podremos desvelar en los cuadros, en los poemas? ¿Dónde hay un cuerpo que abrazar, dónde está la mano que dibuja nuestro rostros? Sólo lo humano, entre excrementos y fluidos, tiene capacidad de vida, la textura de la vida. En esta estación de autobuses de Salamanca veo el futuro y el futuro es ausencia de ebriedad y una línea recta que conduce al estado perfecto donde el cuerpo es sólo un voluntarioso instrumento del que no es preciso preocuparse. Ay, el fuego de sus ojos cuando confesó su alcoholismo de ron y Coca-Cola, de whisky y tardíos poetas en las horas bajas de la noche. Bienvenido, me dice. Yo no respondo, sólo sus ojos [...]
[La lectura, a continuación, resulta imposible, quizá algún día, experto en voluntades, sea posible desentrañar el resto de la madeja].
6. Ella(s) en la noche de los combinados y los novios, y los besos y lágrimas y los millones de copias de las estrellas que las acompañan en su tránsito por la noche, esa noche que nunca ha de ser desvelada. Por esa razón visten de negro y se besan contra las paredes, esas paredes que se descomponen en arena y humo. Son hermanas y se besan, son gemelas y se besan. Es el whisky, es la ginebra, es el ron, ellas son un prodigio que permiten estas simetrías, los licores las adornan en su trastorno. Después de la muerte. Después de la humedad de sus vaginas.