28.1.10

alive

1. Raíz. La idea, a pesar de ser recurrente, no afectaba a su tranquilidad, pues la capacidad de establecer compartimentos estancos estaba inalterada. Dedicaba una hora todos los días a reflexionar sobre el asunto que le había alejado de su casa, en la ciudad. Autopistas, enlaces, carreteras provinciales, comarcales, caminos asfaltados. El mar de los prados, las vacas rubias, los pastores eléctricos, el humo fino de las cenas en las casas de la región, en esa hora: comenzaba, sentada en un sofá frente a la cristalera que se abría a la noche, como ámbito de todas las pesadillas y de todas las esperanzas. Deseaba arrancar el estigma y volver a la paz, al sosiego. Bien sabía que sólo sería posible si encontraba el número y la incógnita: es decir: olvido e indiferencia.


2. Indiferencia. No sin mucho trabajo, consiguió terminar el informe. No era de su agrado, pero no evitaba las obligaciones, aunque no era partidario de enjuiciar así a las personas, mucho menos su vida privada, pero era necesario. ¿Era necesario? Mientras viajaba en el metro hacia le periferia no dejaba de acusarse, ¿era o no era una bajeza indagar en su conducta sexual, estremecer los cimientos de la intimidad de una extraña? ¿hasta que punto era confidencial, necesario? La hermosa plaza le ofreció el catálogo de su vida. Le habían pagado y alguien debía hacerlo, el dinero es lo único que aporta esplendor, lo único con capacidad para ser traducido en triunfo. Las comodidades del hogar, el abrazo del hijo, la sonrisa de la esposa. Y ahora, los datos se amontonarías en las manos del ejecutor. ¿Tenía justificación? El adulterio no debe ser permitido. Las farolas le indicaban el camino. Quién engaña a su esposo, engaña a cualquiera, esas fueron las palabras finales cuando depositaron las fotos y las notas. Sólo debía conseguir alguna evidencia, nada más, un trabajo sencillo y bien pagado. ¿Cuál sería su uso? Las preguntas le atemorizaban y cuando el niño se puso a llorar y la madre lo abrazó, no pudo dejar de sentir un estremecimiento próximo a la nausea. ¿No era demasiado dinero 30.000 euros por unas fotos? Su mujer sonrió y llevó al niño a la cuna. Ninguno de los dos había cumplido los treinta años.


3. Absoluto. La mentira es negra y el fondo de su esencia es un no-fondo.


4. Estructura. Había abandonado todo. La carretera hasta la casa era un definitivo adiós. Sabía que la habían fotografiado. Pero también quedaban atrás las tardes de lujuria en los hoteles próximos al aeropuerto. Todo quedaba atrás y nada menos que ridículo le parecía todo. Ridículo: la palabra trenza el destino y el destino se diluye. Hay dinero suficiente para aguantar, al menos, dos años, incluso más si encuentro una vía de financiación. No es imposible el refugio y el aislamiento y la rutina de leer y pasear, lo único que tiene la consistencia que siempre he deseado.


5. Negro. Detectives privados que transitan la ciudad y no esperan más que decepción y absurdo. Es así como la tristeza anida. Peligrosa tristeza mineral, previa a los treinta años. Fuego remoto, destino de fuerza y barro, agua negra, septiembre es un mes sin música.