25.1.10

adelaide rd.

1. Adelaide Rd. Calles en sombra y las débiles, pálidas luces de las ventanas. La vida es una cotidiana rutina y la esperanza ilumina sarcófagos. Hada, fuego, herencias no recibidas. La noche es un hervidero de hombres y mujeres que ríen y bailan, son sus cuerpos desnudos bajo el fuego de las antorchas, son sus manos, sus pechos, el sexo latente en cada abrazo, en los besos furtivos de la ebriedad. Mientras, en el milenario hogar, al calor de la oscuridad, el calor del leño que arde, en la medula de la propia casa hay un niño que duerme y esa tranquilidad de sus sueños, que sus padres velan con tanto amor [ella tiene 19 años y él 23], es lo que sostiene la ciudad. Ay, que sería de ti si ese niño despierta. He pasado ayer por allí y he visto el sendero que lleva hasta la puerta, hierba y grava. Suspiré y vi que la ciudad continuaba en pié, con su buena mala salud: esos ríos subterráneos son nuestro corazón hoy, días de lluvia y cansancio.


2. Black Cab. En las inmediaciones del parque han encontrado una caja llena de cristales rojos y fusiles de piedra. Junto a la caja había tres o cuatro muñecas de trapo o de pan de oro o de hilo resucitado. Sobre la cubierta del barco se deslizan ranas o estrellas de mar. Nadie ha sabido decir si es por casualidad o por obra del ingenio, pero cada imagen alberga un cementerio de justicia y equidad. Así se muestra como el cine se estremece, como la sala es legendaria, como no todos los espectadores son iguales. Pero la proyección es la proyección. Se complacen en la historia. La derrota nos iguala, y la muerte es la derrota. Por aquel sendero podrás llegar hasta la casa, lo demás es cosa tuya. ¿Explicaba eso las misteriosas cajas junto a la casita de los patos y las guaridas de las palomas. Eternas plantas acuáticas, lámina de agua y pacífico vagabundo en el corazón. El taxi cruzó el barrio y desapareció. Su misión era acercar al mensajero y la misión estaba cumplida con creces.


3. Shallow. No había en la casa ninguna tijera dorada. Las tijeras doradas terminan por hacerse imprescindibles cuando uno/a desea acometer una tarea delicada. En cada estante tenían un diente de ajo, porque eso es lo que fija los demonios particulares de cada habitación, allí quedaban retenido y no se confabulaban. En el salón estuvieron obligados a depositar dos. Con todo, ríos y témpanos, eran objetos ornamentales que integraban la figura del hombre y la mujer en el marco de todos los espejos. Nunca despreció el pan de oro, ni el oro en sí, ni los dorados, pero no soportaba el brillo frío de la plata, la suciedad de ésta. En la cárcel de amor. (+) Inferencias: [Todo esto lo escuché en una sesión, en una tarde fría de enero al calor de los leños en el hogar de la chimenea, con el hirviente crujido del whisky sin hielo, los vasos perforados de sentencias, en la necesidad de cada palabra o en el hervir de los substantivos, verbos, adverbios o adjetivos o partículas suplementarias].

Me gustaba la casa, su jardín, los sobredorados, alabastro y estuco. Nunca les pediría nada, porque todo lo daban y lo que no daban es porque no lo tenían. El taxi negro abandonó la propiedad, y su templo de charol negro era una longitud que se deslizaba hacia la ciudad entre las planicies y el salpicado rumor de árboles de los que nunca supe el nombre, amarillo es el color de sus luces: el oro viejo que entre mis manos se escurre hacia la tierra. Fluor, vapor, verde difunto.