13.12.09

mixed

La tarde del sábado es el color oscuro, la lluvia y el viento, Se agitan los mástiles de los veleros en el puerto deportivo. Hay dos chicas que beben combinados [ginebra y tónica / güiscola], y han sido hermosas. En la treintena anuncian un mal envejecimiento, es el tabaco, son sus sollozos, es su maquillaje, quizá, su maquillaje. Hay un punto de piedad o compasión, ella solas bajo el soportal y sentadas en las sillas de tijera, sobre la mesa de madera que ha perdido su barniz [el sol se come todo, la lluvia todo lo reblandece]. Ellas fuman y se ríen, y luego se ponen serias y se ríen y le piden otra ronda al camarero y le dicen guapo y él ríe con gracia y amabilidad y ellas ríen y luego sollozan y se abrazan. Hay un conocimiento en sus actos por desvelar, un destino que conocer, una recomendación en sus ojos húmedos y vidriosos, quizá las redima durante quince minutos la cocaína y luego dormirán y la espera del día será la espera del domingo, de todos los domingos de la historia.


No es posible, sin dinero no es posible.


¿Qué querrán de ti allí donde no te llaman?


Los camiones son siderales, cruzan la autopista con sus luces rojas y verdes, los taxis, blancos o negros, pues tienen los colores del momento, coches de reparto y choferes con gorra de plato y claridad en sus afirmaciones, justas y discretas. Los camiones a veces se estrellan contra la mediana de la autopista, contra los taludes, a veces se elevan y son distribuidores de incendios y pasiones. La ciudad es un dédalo de puntos de luz e historias por oír, por construir, cada semana, cada día, cada año, todas las navidades. Esta es mi fiesta para las navidades: autopistas y ciudades sobrepasadas.