1) introito.
Me mostró la nota manuscrita [lápiz sobre papel cuadriculado de una libreta de medio folio]:
Podríamos hablar de nuestra indignidad con detalle, hasta la nausea de la precisión, en los actos y en las palabras, los gestos y lo tonos, pero no te haré pasar por ese trago [yo que te he hecho pasar por todos los tragos], porque, finalmente, tú sabes tanto de eso como yo, ¿acaso, no hemos compartido todos los días y todas las noches durante años de gloria y fango que fueron construyendo una caída en el vacío, entre el horror y la necesidad?, sé que no estás de acuerdo y no pienso contradecir la voluntad de la caída, estamos juntas y no lo podemos evitar, nos guste o no nos guste (...)
No dije nada y continué con la lectura:
(...) por eso llego a este punto. No es agradable, lo sé, pero la lección la he aprendido: confié en aquel muchacho y resultó ser un fraude, como todo lo anterior, por eso mismo no puedo esperar nada, salvo una reiterada repetición de estos engaños y fracasos. Tú, que eres mi hermana, que las dos estamos duplicadas, sólo me puedes entender y participar en mi dolor. ¿Dolor? Sí, dolor, desengaño, asco, aburrimiento. El amor no es para nosotras y sólo en el ahogado sabor de los combinados en las plazas cubiertas por la catalpas en verano, al abrigo de hojas secas en otoño, con la esperanza de la nieve en invierno, sin flores en primavera, sólo ese sabor nos redime y tú sollozas y yo te reprendo y las dos reímos con nuestro nerviosismo. Tenemos algo que no es conocimiento, pero es más profundo y particular, superior a otras formas de (...) hoy comienza nuestra rehabilitación, la cura, la abstinencia (...)
La nota se terminó abruptamente, como si el cansancio hubiese detenido la redacción. Se preguntaba de quién sería aquella letra de aquella nota encontrada en un volumen de Dylan Thomas de la Biblioteca Pública. No dije nada. Yo sabía quién era ella, quiénes eran aquellas dos muchachas: las gemelas surcan las plazas sin amor, sin sexo, sin sombra. Ay, la ebriedad y el poder de mis secretos, No sería la primera vez que guardo silencio, tampoco será la última.
2) medium
las olas siniestras son
eléctricas guitarras en la
no menos siniestra melodia
entre cerezas y olivos y
transparencia o la silla vacía en el
hogar paterno
noche de Navidad
3) coda
Pronto serán las once de la noche.
Juntas caminaron por senderos oscuros y decían: nadie más que nosotras posee este secreto. Como un beso en la mejilla de la hermana, como una mano que agarra otra mano, como la chaqueta azul marino con botones dorados. La curva de sus senos, el perfil de sus muslos, agrio su sexo. El humo alucinado del hachís, la presencia de la cocaína, el dulzón güiscola en sus mejillas. Tónica y ginebra, anís y vermut, cerveza y vodka.
Por los callejones y callejas se dirigen a sus habitaciones en la parte alta de la ciudad. Como trasteros, como desvanes, como celdas extensas en libros, gatos de goma negra, jarras azules de plástico evanescente, música electrónica, enchufes cegados, cables blancos, alfombras de cáñamo, fotos, acuarelas, calendarios, mapas [Londres, Madrid, París, Cuenca, Lisboa, Bilbao], bolsas, Buda o Mme. La Nuit, carpetas grises, azulejos, estampas [la Virgen de Fátima, San Pancracio, San Antonio], 70 % off. Hay quien las ama más allá de las plazas y de los licores, se esconde tras los pilares de los soportales y suspira por su voz, por su rostro, por sus manos, por la cintura y el viento entre sus dedos.
Hoy es día de trabajo, el año termina y con él un rosario de indiginidades que ellas han de enterrar con cuidado y delicadeza, para poder comenzar el año.