La luz desvelaba su mirada: profundidades soñadas, las palabras, la descoordinación, perfecciones preteridas, árboles secos que marcan el camino, la sonrisa o el pelo sucio o el cigarrillo o la copa flamante de vino o ron o coñac barato con cola o limón y burbujas que ya nunca llegan a reventar, las fiestas son funerales y los funerales anuncian otra ebriedad en los bares próximos a los embarcaderos. Las gabarras se agitan cuando entra la marea, desde el mar eleva las proas y la orilla es plata o negra suspensión de esperanzas o certezas. Viajará toda la noche por esos bares que ya visitamos, que ya no recordamos. Pero sigue allí, con su historia que nadie escucha, con sus ojos asombrados de sus propias palabras.
Llegó a su casa tras un día largo e infructuoso. Listas interminables de asuntos sin resolver se acumulaban en su ordenador, no sabía por dónde comenzar. No llegaría al final del año con la tarea cumplida. ¿Era responsable? No estaba capacitado, ya, para responder esta pregunta, pero por otro lado no deseaba plantearse otras opciones. Como si tras la ventana la nieve cayese lentamente, un embrujo o un sortilegio se apoderaba de su pensamiento. Círculos, esferas, espirales. Sabía que no era conveniente tener la luz apagada, que eso le sumía en la tristeza, pero no podía dejar de pensar en las simas que se abrían bajo sus pies. Faltan dos días para que cumpla 42 años.
Prados y umbríos bosques, un río, tejados de pizarra, la autobiografía se comienza a escribir pronto y no se termina hasta poco antes de morir, letra picuda y elevaciones doradas. ¿Recuerdas el tacto de nuestra guitarra eléctrica, durante la infancia, los juegos en el calor de los sotos, lobos que en plata se tornaban cuando nuestra canción oían, tras aquellas montañas? Ahora sabemos como se cuaja el mérito, y eso no es nuestro asunto [afirmamos como si fuésemos los dueños de todo el valle y ante la encuesta del funcionario nos encogemos de hombros, con el secreto saber de nuestra capacidad]. No he vuelto a la casa de los abuelos, pero siempre ha estado conmigo, siempre estará. Cada vez que dibujo, dibujo aquellas montañas, la misma tela de araña sobre el humo de la chimenea, los mismos arreboles en los mofletes de aquella niña que olía a leche y a limpieza humilde y sincera, sin aspavientos. Era el centro, la coronación de la verdad y no lo he vuelto a ver y me acompaña, complicaciones y sabes la hora, el día, la situación y la luna es una bruja, agujas de oro entre tus dedos que son eternidades y ganas una moneda sobre otra, pero nuestra guitarra. NO respondes ya, ya no puedes responder, tras esos muros, los muertos son nuestro idioma secreto. Manzanas, vidrio, taja.