Saint-Germain-des-Prés
1. Fotografía: al fin había enmarcado la foto, la había colgado y ahora la sala era otra. Sólo una fotografía: una calle vacía, la última hora de la tarde, un letrero luminoso: es la única nota de color: verde, rojo, azul, un vibrante titán en la noche, un anuncio o una promesa de alegría y celebración. No se trata de sugerir, al contrario: es una presencia.
Ordenada y constante, el descubrimiento de la pereza se transforma en el metro de platino iridiado, es la nueva medida que le permite encontrar en las calles razones e historias, una geografía oculta.
2. Farsa: como mal teatro, como robo o traición, peor es el fondo de la mentira. Peor es conocer el entramado, entrever las consecuencias, asomarse al pozo de sus ojos. Despertar de un sueño, encontrar los rostros desnudos, la careta se ha descompuesto, sus restos todavía permanecen sobre la piel. ¿Por qué desprecian la frivolidad si se verán obligados a ensalzarla? Su rostro es húmedo, barroso, rojizo, los licores dibujan el drenaje. Charlatán: mil palabra y la hinchazón es considerable.
Vendía coches de segunda mano y tenía una afición oculta. Nunca hablaba de sí mismo e intentaba no ser astuto, sin embargo era algo que no lograba, ni tan siquiera fuera de su trabajo: la astucia del zorro es algo más que un estigma: sólo teme sus consecuencias.
3. Cena: vino blanco, humo, la profundidad oceánica, tres cuchillos diferentes ordenados según su tamaño, electiva e indiferente, hilo grueso y mate, luz amarilla y vieja, la Bahía en el fondo del decorado, una cristalera grande, inquietante, el jazz maquinal: una trastienda de caja de ritmos y guitarras sintéticas. Hablaron de problemas propios del trabajo, pero terminó por derivar hacia su propia vida. Su mujer le había abandonado y hacía dos semanas que no veía a los niños. Ahora se daba cuenta de todo lo que había perdido. Es por cortesía, su silencio, nada más, ha aceptado porque le parecía la mejor manera de aclarar los asuntos de aquella transacción. Nada respondió. A lo lejos, en la bocana de la ría, no hay perfiles, ni líneas rectas: sólo un vacío, el mismo que se asoma en sus ojos.
El puerto era un lugar tranquilo. Pasearon. El vacío permanecía en sus ojos: la mirada alucinada, el consejo, la tradición, la responsabilidad, la extrañeza, en sus propias palabras, calidad de hierro y óxido, traspasadas franjas de humildad, el plomo y el mercurio son sus elementos, un corazón de plomo, el alma de mercurio se desliza peligrosa por la palma de la mano.
4. Los Libros. Tapizado muro de construcción lenta y sentimental, que ya no estudia cada vez que en una casa entra. Todo lo conoce y todo lo olvida, alternativamente. Todo ha sido visto. En Venecia le robaron el equipaje y se vio obligado a llamar a su madre, el dinero llegó pronto, pero hubo un estado de carencia. La pobreza, la indigencia, el mundo en ruinas, la cara y la cruz. Venecia es un mundo dentro de nosotros.
5. Venecia: Es observada, veneciana, la condena se une al pecado y estalla el vino en el paladar: terroso, afilado y certero. El placer de observar sin ser observado, ver sin ser visto. Hay una inversión: esteros, barcas hundidas en el limo, peces de plata, peces de oro.