23.6.09

G minor

1. Sur. A última hora de la tarde, cuando la playa comienza a vaciarse, en uno de los bares que hay en el pinar, mientras los últimos bañistas todavía juegan en la orilla, la isla es sólo un perfil, piedras, algas y arena, el estero está perfumado, es podredumbre y vegetal, la espera, la cerveza, las líneas de la mano, la mano izquierda.


2. Acebo. El monasterio está escondido en un pequeño valle. Lo rodea un bosque de acebos, es algo extraordinario. Los lobos caminan bajo las ventanas de mi habitación. Emerge del río el reloj de piedra, son peces y bolas de cristal, la brisa de la noche y camina por las calles vacías de una ciudad que es vino y amargas canciones, esquirlas que baten contra la nube y su sombra, Aparta la indiferencia, aparta el olvido, aparta el gasto corriente. Fue un viaje al siglo XII, una remota respuesta, una investigación sin objeto, pero el investigador continua la tarea y remonta su hastío con la certeza de los deberes, los días y su recompensa: termina y hay un reflejo en el arco, dulce y húmeda es su boca y ella matiza los bordes de alegría, las tristezas que suceden a los exámenes y explica la presencia de cerdos y monos y serpientes.


3. Vino. A pesar de todo, podía entonar la canción, desgranar la melodía y sentenciar en el escenario. Era vino caro y cigarrillos y su nerviosismo de camisa de cuadros, barba, pelo largo y un anillo de oro y esmalte. Una calavera que compró en Méjico y un pendiente de plata que encontró en Granada. Esos son sus viajes y sus tesoros.