1. Inversión. Hablaron de ciudades y ella le mostró que existen casas de las que se desconoce el número exacto de habitaciones. Pensaron en hacer una canción sobre ello, y no era el tema lo que dificultaba el comienzo, sino lo íntimo del acuerdo. Tal vez hay casas con una existencia paralela a la de los libros, casas con sus historias de abandono, de deserciones, sin esperanza y sin miedo, casas con habitaciones vacías que son laberintos o celdas o prisiones sin guardianes, panópticos herméticos, heridas sin cerrar, huecos, caníbales y aventureros. Las posibilidades se extienden más allá de las 1.500 habitaciones, donde no se encuentran ni salones ni pasillos y bajo mi ventana el televisor del sordo atruena sus publicidades sin ingenio y sus sainetes entretenidos y populares. Pero eso mismo, a pesar de su verdad, carecía de valor. Hay que ir más allá de la anécdota, dijo ella, acaso Londres no es una gran casa, una gran mansión, nuestra casa de la que podríamos ser expulsados en cualquier momento. Siempre las conversaciones eran un tanto versallescas, y en su desarrollo intervenían los juegos de espejos o las simetrías que una búsqueda, que una obtención de resultados, quizá un acuerdo. La tienda de instrumentos musicales tiene esas cosas y las personas que por allí pasan son punto menos que extravagantes. Músicos y doctores, aburridos viajeros y expertos médicos, curanderos y enfermeras entregadas con vocación al ejercicio de sus responsabilidades, hay algo próximo a la cura y al reposo y eso es lo que obtiene: la cura de la melancolía. Así, desgranado el acorde en un arpegio, se insinúa la continuidad de la frase que ha de seguir. Me sorprende el resultado: 75/80, pero ya sabes que hay dos tipos de personas que faltan a la verdad: los mentirosos y los que se dejan engañar por los mentirosos. ¿Son inocentes estos últimos? Sí, pero también sus afirmaciones hacen daño. Yo ya sólo mantengo mis posiciones en el banco, cuando se trata de una comisión o algo por el estilo, es que sólo hay seriedad cuando se trata de dinero o, respiró, ni eso.
2. Cálculo. El aire de la montaña siempre le sienta bien, hay algo higiénico. En los días claros desde aquí se ve Francia. París rebasa mi ilusión. Ella lo sabe, lo anota en una libreta, pero Madrid es una ciudad muy distinta, con otra cartografía, con recónditos secretos. Volvería a coger la autovía para deslizarse hacia el Norte. Acantilados, vino ácido y niebla que baja hasta los prados. La silueta de las vacas y el sueño de ciudades como casas. Toda habitación es una celda, es la miseria ortogonal, el ángulo recto, las fachadas y los muebles, no encuentra demasiada diferencia. Hay un vértigo en el pensar los ángulos rectos: los desprecio, dice y lanza su mirada por la ventana, más allá de todos los edificios, plazas, calles y glorietas, está el campo, después del desierto, después de las montañas, está aquella casa. Recuerda el paseo, recuerda el aserradero y recuerda a un hombre que le gritó algo.
Historias de fantasmas y brujas que se esconden tras los árboles cuando paseas, ni un susurro, ni una estrofa, ni un acorde. Es su silencio, su vuelo, su respiración callada. Letras y números, cumpleaños, dientes de oro, colmillos de plata, las gafas de cristal ahumado, ojos azules, vientre de pez, amuletos y sortijas, el mechero de oro, un habano, la noche y sus tesoros, el día y sus tesoros. Repitió una vez más: prefiero las consecuencias de la verdad a los beneficios de la mentira. Continuó sin hacer caso, insistió, y era una equivocación, todo giraba entorno a su congestionado rostro: licores y humo, la dificultosa circulación, el ictus, sin ritmo, la síncopa marca el final.
3. Nudo. Interferencias, salto, lejanía, el envés, trayectoria, paralelo, segmento, viento, verbo, palabra, grito y silencio, ansiedad, calamares, vino y cerveza, cielo y tejados, antenas, humo, invierno, gafas y veletas, gallos, puercos, monos, dedos de mono, uñas y vegetales sobre la mesa, el pelo, la ceniza, la vela y la llama, una flauta en el fondo de la calle, un perro, horca, siega, hoz, el río y meandro y lucha y onda y corriente y lodo donde las truchas se retuercen sin esfuerzo, así es su placer, persianas y veladores, una estufa, el frío de la mañana de verano, la película que no has visto, el abrazo, la mano, el beso, la caricia, seda y sortija, abalorio y guardián de tus tesoros, Dispara la caña y acierta en el justo centro, es como una bengala, como un dardo y un lanzador preciso, como la cola de una rata: una goma fina y dirigida, así, donde esta el ojo, está el anzuelo. Y el pez es arrancado del río. La trucha se agita en el aire. Nadie ha visto nada y es posible que esa ausencia de espectadores le dé a la pesca un tono de brillo regio. Cristales, botellas, vasos, esferas de cristal, el pescador asciende la montaña por senderos que ya nadie recuerda, que sólo él transita, su padre se los enseñó hace más de cincuenta años y ahora serán olvidados, el monte los borra: tojos y helechos, un rumor de bestias y el sol del verano sobre los hombros, el ritmo de los grillos y la perra que jadea sin cansancio. Entre hojas de sauce, las truchas, con el anzuelo en la boca todavía, frescas como el limo fresco. Son historias de fantasmas cuando la noche cae y el río es una transparencia con un fondo negro de piedras negras y hadas en el olvido, habrá brujas en el bosque, pero no en el río.
4. Beat. Como golpear con los nudillos una tabla de castaño. Está por encima, como el latido y su correspondencia, las sienes perciben mejor que el oído: allí vibra el ritmo.
5. Escapismos. Varias novelas, a cada cual más entretenida y el ennui se solventa rápido. Para los que esperan una llamada de teléfono, una carta, una letra, un pagaré, para los que durante las tardes no tienen absolutamente nada que hacer y por la mañanas sueñan con los paraísos de intrigas, amores y paisajes que la tarde les ha de proporcionar. Ay, el entretenimiento y sus consecuencias. El aburrimiento es hierro fundido sobre la palma de la mano, ese spleen que tú sabes tan tuyo y te permite mirar al trasluz la esfera de cobre y oro, escribe y desprecia con disciplina y entrega, desprecia lo que suena a entretenimiento, pero tampoco tiene la convicción necesaria para mantenerlo en público y eso es esencia, es centro, es lo inamovible: la indiferencia ante los pobres monólogos que debe soportar en todos los cafés, en todos los bares, en todos los burdeles de esta ciudad. No es muy elegante mostrar sentimientos y creer que en esa su sinceridad hay arte o logro o técnica, cuando sólo hay nausea y enfermedad: a nadie le interesan tus lágrimas, ni tus amores, ni tu verdad. Ahora leerás una página más y dejarás que el novelón te caiga de las manos. La noche abrigará tu ebriedad, tu risa y tu desprecio.