21.6.09

phone/bay

A. Phone. La lámina cambiaba según la tarde moría. El azul intenso dio paso a un rojo fuerte y espeso, la sangre coagulada de los lobos de la mañana, aquellos vientos grises que trazaban la trayectoria del olvido: ya sin palabras, ni sonidos, sólo el silencio perfecto del vacío sideral.


[Viaje en tren, un sábado cualquiera, de un mes lluvioso cualquiera]


- ¿A dónde se dirige?

- No tiene importancia.

- A mí me interesa.

- Carece de importancia, repito.

- Su cara me resulta familiar, le he visto varías veces, pero no puedo acertar a decir dónde.

- Mi rostro es vulgar, aunque tenga los ojos azules e inquietantes, aunque mi pelo sea amarillo como el sol primero de mayo. Ya he sido otros y volveré a sufrir múltiples metamorfosis, es mi esencia: el cambio.

- El cambio es lo único realmente nuestro.

- Razones tiene usted, pero yo no discuto sobre ellos.

- ¿Quiénes son ellos?

- Son los otros con los que debo cargar y que emergen cuando no los necesito, cuando los desprecio. Mi condena que se multiplica, pero la soporto porque mi madurez tardía me aporta el celo necesario para difuminar lo bueno y lo malo, lo claro y lo oscuro, soy un descreído porque he creído con profunda autenticidad.

- Tenía que suceder tal como ha sucedido. ¿No le parece?

- Ya le he dicho que sobre eso no he de opinar. No más palabras, un gesto, no escribiré más.

- Son las últimas palabras de un escritor, pero no recuerdo su nombre. ¿Me ayudará?

- Precisamente esas palabras lo que alumbran es el silencio, por eso sólo le diré que quién escribió eso en su diario luego se suicidó, usted olvide y poco más. Yo tampoco escribiré más, sin embargo continuaré con el viaje al centro del silencio.

- Yo sé lo que es eso: amor no correspondido y rabieta del que se cree más que el resto de la humanidad porque ha visto el fuego de los dioses, y ni siquiera con cierta proximidad.

- Hace mucho que he abandonado la escritura y eso me faculta para ignorar sus palabras. El suicidio es un gesto en sí mismo y no necesita más razones que la elevación de una mano, que la elección de una cápsula adecuada.

- Cuánta frivolidad.

- Ese es mi capital. El que me entienda que me compre, estoy a disposición del que tenga el capital necesario para pagar por mí, la esclavitud es mi destino.


+ Bajaron en la estación terminal y se separaron, cada uno tomó un camino distinto: uno hacia el puerto y el otro hacia las colinas. Todo aquel teatro en el vagón era un átomo de lujuria, el incubarse de un pecado menor, otro día soleado, otra colección de espejos y cuentas de cristal. 


B. Bahía. Recorte y precisión. Ha regresado del fondo de su biografía. Hay helechos gigantes en las laderas del valle, bajo ellos habitan reptiles e insectos: los unos sirven de alimento a los otros y después la cadena se invierte. A straw hat. La novela no tiene interés, dijo con evidente mala baba, porque sólo era envidia ante la plaza en propiedad lograda por el compañero de pupitre, aquel que años atrás despreció: despreció su inteligencia y ahora se asomaba a su propia mediocridad. Sólo cabe: la novela está muerta, dice en el bar. El fondo de su biografía es negro como la boca del lobo, los manzanos ofrecen su sombra, el final de la primavera destila fuego, una ciudad china soñada durante el trasiego de los viajes, no hay estación terminal.

- No me esperes despierta.

Incendios, letras de oro, parada, tren, violeta, centro y átomo, flores, tres horas y media son engarces, herramientas, correcto e indiferente, fotos, Madrid es humo, Madrid es plomo, Madrid es aire elevado, hoteles, estaciones de tren, pensiones, trenes y pájaros, muerte rápida, muerde, canto.

- Lo conseguiré.

La novela está muerta, repite por todos los bares todavía abiertos, a la espera que los burdeles inauguren el amanecer. Pobreza, noche y pasión, olvido, precisión en el aspecto, recitado y perfil. Es faltar a la verdad, es insistir en lo indiferente.

- ¿No dices nada?

Su silencio, su muerte en vida.