29.6.09
morphine city
morphine city
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(...)
Me está hiriendo con unas alas tan frágiles.
¿Quién ha roto la brisa,
esta seda del aire, en el recuerdo,
quién la deshila?
Blas de Otero, Láminas.
eran estos y no otros versos los que a la entrada de la ciudad estaban clavados en la madera de la puerta de entrada
los entendía, mientras: sabía que allí no había de volver y la recuperación era alejamiento
no flota el pecado en el agua y en la profundidad crecen los acordes exactos de un encuentro
no es fácil la verdad de una sola palabra, porque todo es preparación para cuando el momento llegue
¿leía más allá del periódico?, sus gafas de la punta de la nariz penden y en ellas el brillo se apaga
te corresponde esta moneda, y eran quince minutos al menos, frágiles y fléxibles
27.6.09
more
1. Lotería. Otras canciones, otros libros, pero entre los restos del naufragio se podría contar el paisaje, con paciencia, los fragmentos de su pereza y, al tiempo, el triunfo de un cierto ingenio o el talento, como si la palabra en sí tuviese una correspondencia en su catálogo de venenos y ausencias. Así, el coche desciende por la montaña hacia mar y es una escena y una transparencia antigua: cristal ahumado y lámparas de carbón y amarillos destellos. La noche era una oscuridad de piel negra y fuertes golpes de baqueta. Ángeles negros que luchan contra pájaros negros, la batalla oscurece el cielo, aprieta los puños, no grita, pero hay un silencio, un hiato entre el deseo y la realidad. Labios cerrados y ausentes, párpados oscuros de violeta y silencio, de rojo y verde melena en el XIX y París, esa obsesiva percepción de la realidad.
2... une folle araignée... Y así el tren iniciaba su viaje, entre vagones rosas y cojines azules, era repetir o insistir en la idea y llevar un poco más lejos lo mostrado o lo leído, nada que no pudiese demonizar o alojar en su interior, como gastado y brillante a un tiempo: sólo una expresión y una apuesta, un deseo y su cumplimiento. Vio su cara tras las gafas de pasta y había una inteligencia profunda y pétrea, como su cuerpo voluminoso en su pequeña estatura y lejos un parcial suspiro, pero los labios pequeños en exceso y el pelo liso y largo y húmedo a esa hora de la mañana, rompía el trabajo realizado con saña, el trabajo de toda una noche sin sueño. ¿En dónde se fundan las amistades, de dónde surge la afinidad, cuervo negros, ángeles azules, el hacedor del dinero? Hasta aquí llegaron los intereses y los susurros, era la crecida anual.
3. Aleatorio. Cartas, abrecartas, tarjeteros, subrayadores, planos, marcalibros, rotuladores, 79 lápices, el radio despertador, dormitorio, despacho y recibidor. Justificación, precio, deber. En 1911 nació su abuela y era una mujer hermosa e interesante, hoy hay una foto de ella sobre el piano y nadie deja de hacer un comentario. La foto fue tomada en un parque de París, el atuendo hoy tendría una particular actualidad, ella mira a la cámara sin interés, con sus ojos de sueño y viento, poco más de veinte años, era imposible saber que la guerra amenazaba la ciudad, y la ciudad era esplendor tal como ella intuye. Las cartas duermen en cajas de habanos y se perfuman de ese aroma perdido, ya sólo la madera le da el tono y son papel amarillo y tinta coagulada y azul de cielo y brillo y laca sutil.
4. Juntura. Abrigo, presión, olvido, pozo, río, pez, lobo, la noche, entretela, aleación, el ojo azul en su extensión, en su totalidad, vemos las pantallas y no decimos nada, ni siquiera es desagradable, un bar en Oporto, sus calles y la ceniza, pavesas y la noche eterna de gitanos de Centroeuropa con violines y acordeones, el que el violín toca es un demonio sin furia, reposado y su risa es líquido plomo en la boca de la serpiente, lengua y pasión son sus emblemas y respira al abrigo de los árboles que mercurio son en el pasto y en las ovejas.
25.6.09
dot
meses, años, indiferencia,
administración,
hospital y veneno, e inyección, regularidad, contar y descontar,
muerte en la tarde, a medio día es una mano de la tarde
muerta, 22,
corrección y (o) aumento,
sobre la montaña y los tejados y el deseo,
consenso, festividad, literatura, hombre, mujer, conveniente, araña,
cámara, traducción, inglés,
fresa y acero,
modestia, suma, resta,
caja, cajón, 23,
intento, ángel, poema, prisa, piedra, sangre,
abrir,
cerrar, 24,
punto,
obligaciones, documento, ala, blanco, ojo, cielo,
perder, participación, pobre,
olvido, línea y ambulancia y negro,
asfalto y espacio y lluvia, 25,
teléfono, Milán, teléfono negro,
se ha cansado muy pronto y después de insistir se decidió a dar el paso oportuno y allí estaba con su seriedad y su cara larga y daba un poco de miedo aunque no era miedo, exactamente, 26,
París, Londres, Milán, Venecia, quizá,
foco, niebla, cielo y herida, cielo y acero, cielo y maravillarse es una
necesidad, peso y río, peso y nube, peso y salario,
23.6.09
G minor
1. Sur. A última hora de la tarde, cuando la playa comienza a vaciarse, en uno de los bares que hay en el pinar, mientras los últimos bañistas todavía juegan en la orilla, la isla es sólo un perfil, piedras, algas y arena, el estero está perfumado, es podredumbre y vegetal, la espera, la cerveza, las líneas de la mano, la mano izquierda.
2. Acebo. El monasterio está escondido en un pequeño valle. Lo rodea un bosque de acebos, es algo extraordinario. Los lobos caminan bajo las ventanas de mi habitación. Emerge del río el reloj de piedra, son peces y bolas de cristal, la brisa de la noche y camina por las calles vacías de una ciudad que es vino y amargas canciones, esquirlas que baten contra la nube y su sombra, Aparta la indiferencia, aparta el olvido, aparta el gasto corriente. Fue un viaje al siglo XII, una remota respuesta, una investigación sin objeto, pero el investigador continua la tarea y remonta su hastío con la certeza de los deberes, los días y su recompensa: termina y hay un reflejo en el arco, dulce y húmeda es su boca y ella matiza los bordes de alegría, las tristezas que suceden a los exámenes y explica la presencia de cerdos y monos y serpientes.
3. Vino. A pesar de todo, podía entonar la canción, desgranar la melodía y sentenciar en el escenario. Era vino caro y cigarrillos y su nerviosismo de camisa de cuadros, barba, pelo largo y un anillo de oro y esmalte. Una calavera que compró en Méjico y un pendiente de plata que encontró en Granada. Esos son sus viajes y sus tesoros.
21.6.09
phone/bay
A. Phone. La lámina cambiaba según la tarde moría. El azul intenso dio paso a un rojo fuerte y espeso, la sangre coagulada de los lobos de la mañana, aquellos vientos grises que trazaban la trayectoria del olvido: ya sin palabras, ni sonidos, sólo el silencio perfecto del vacío sideral.
[Viaje en tren, un sábado cualquiera, de un mes lluvioso cualquiera]
- ¿A dónde se dirige?
- No tiene importancia.
- A mí me interesa.
- Carece de importancia, repito.
- Su cara me resulta familiar, le he visto varías veces, pero no puedo acertar a decir dónde.
- Mi rostro es vulgar, aunque tenga los ojos azules e inquietantes, aunque mi pelo sea amarillo como el sol primero de mayo. Ya he sido otros y volveré a sufrir múltiples metamorfosis, es mi esencia: el cambio.
- El cambio es lo único realmente nuestro.
- Razones tiene usted, pero yo no discuto sobre ellos.
- ¿Quiénes son ellos?
- Son los otros con los que debo cargar y que emergen cuando no los necesito, cuando los desprecio. Mi condena que se multiplica, pero la soporto porque mi madurez tardía me aporta el celo necesario para difuminar lo bueno y lo malo, lo claro y lo oscuro, soy un descreído porque he creído con profunda autenticidad.
- Tenía que suceder tal como ha sucedido. ¿No le parece?
- Ya le he dicho que sobre eso no he de opinar. No más palabras, un gesto, no escribiré más.
- Son las últimas palabras de un escritor, pero no recuerdo su nombre. ¿Me ayudará?
- Precisamente esas palabras lo que alumbran es el silencio, por eso sólo le diré que quién escribió eso en su diario luego se suicidó, usted olvide y poco más. Yo tampoco escribiré más, sin embargo continuaré con el viaje al centro del silencio.
- Yo sé lo que es eso: amor no correspondido y rabieta del que se cree más que el resto de la humanidad porque ha visto el fuego de los dioses, y ni siquiera con cierta proximidad.
- Hace mucho que he abandonado la escritura y eso me faculta para ignorar sus palabras. El suicidio es un gesto en sí mismo y no necesita más razones que la elevación de una mano, que la elección de una cápsula adecuada.
- Cuánta frivolidad.
- Ese es mi capital. El que me entienda que me compre, estoy a disposición del que tenga el capital necesario para pagar por mí, la esclavitud es mi destino.
+ Bajaron en la estación terminal y se separaron, cada uno tomó un camino distinto: uno hacia el puerto y el otro hacia las colinas. Todo aquel teatro en el vagón era un átomo de lujuria, el incubarse de un pecado menor, otro día soleado, otra colección de espejos y cuentas de cristal.
B. Bahía. Recorte y precisión. Ha regresado del fondo de su biografía. Hay helechos gigantes en las laderas del valle, bajo ellos habitan reptiles e insectos: los unos sirven de alimento a los otros y después la cadena se invierte. A straw hat. La novela no tiene interés, dijo con evidente mala baba, porque sólo era envidia ante la plaza en propiedad lograda por el compañero de pupitre, aquel que años atrás despreció: despreció su inteligencia y ahora se asomaba a su propia mediocridad. Sólo cabe: la novela está muerta, dice en el bar. El fondo de su biografía es negro como la boca del lobo, los manzanos ofrecen su sombra, el final de la primavera destila fuego, una ciudad china soñada durante el trasiego de los viajes, no hay estación terminal.
- No me esperes despierta.
Incendios, letras de oro, parada, tren, violeta, centro y átomo, flores, tres horas y media son engarces, herramientas, correcto e indiferente, fotos, Madrid es humo, Madrid es plomo, Madrid es aire elevado, hoteles, estaciones de tren, pensiones, trenes y pájaros, muerte rápida, muerde, canto.
- Lo conseguiré.
La novela está muerta, repite por todos los bares todavía abiertos, a la espera que los burdeles inauguren el amanecer. Pobreza, noche y pasión, olvido, precisión en el aspecto, recitado y perfil. Es faltar a la verdad, es insistir en lo indiferente.
- ¿No dices nada?
Su silencio, su muerte en vida.
19.6.09
opening - upside
1. Inversión. Hablaron de ciudades y ella le mostró que existen casas de las que se desconoce el número exacto de habitaciones. Pensaron en hacer una canción sobre ello, y no era el tema lo que dificultaba el comienzo, sino lo íntimo del acuerdo. Tal vez hay casas con una existencia paralela a la de los libros, casas con sus historias de abandono, de deserciones, sin esperanza y sin miedo, casas con habitaciones vacías que son laberintos o celdas o prisiones sin guardianes, panópticos herméticos, heridas sin cerrar, huecos, caníbales y aventureros. Las posibilidades se extienden más allá de las 1.500 habitaciones, donde no se encuentran ni salones ni pasillos y bajo mi ventana el televisor del sordo atruena sus publicidades sin ingenio y sus sainetes entretenidos y populares. Pero eso mismo, a pesar de su verdad, carecía de valor. Hay que ir más allá de la anécdota, dijo ella, acaso Londres no es una gran casa, una gran mansión, nuestra casa de la que podríamos ser expulsados en cualquier momento. Siempre las conversaciones eran un tanto versallescas, y en su desarrollo intervenían los juegos de espejos o las simetrías que una búsqueda, que una obtención de resultados, quizá un acuerdo. La tienda de instrumentos musicales tiene esas cosas y las personas que por allí pasan son punto menos que extravagantes. Músicos y doctores, aburridos viajeros y expertos médicos, curanderos y enfermeras entregadas con vocación al ejercicio de sus responsabilidades, hay algo próximo a la cura y al reposo y eso es lo que obtiene: la cura de la melancolía. Así, desgranado el acorde en un arpegio, se insinúa la continuidad de la frase que ha de seguir. Me sorprende el resultado: 75/80, pero ya sabes que hay dos tipos de personas que faltan a la verdad: los mentirosos y los que se dejan engañar por los mentirosos. ¿Son inocentes estos últimos? Sí, pero también sus afirmaciones hacen daño. Yo ya sólo mantengo mis posiciones en el banco, cuando se trata de una comisión o algo por el estilo, es que sólo hay seriedad cuando se trata de dinero o, respiró, ni eso.
2. Cálculo. El aire de la montaña siempre le sienta bien, hay algo higiénico. En los días claros desde aquí se ve Francia. París rebasa mi ilusión. Ella lo sabe, lo anota en una libreta, pero Madrid es una ciudad muy distinta, con otra cartografía, con recónditos secretos. Volvería a coger la autovía para deslizarse hacia el Norte. Acantilados, vino ácido y niebla que baja hasta los prados. La silueta de las vacas y el sueño de ciudades como casas. Toda habitación es una celda, es la miseria ortogonal, el ángulo recto, las fachadas y los muebles, no encuentra demasiada diferencia. Hay un vértigo en el pensar los ángulos rectos: los desprecio, dice y lanza su mirada por la ventana, más allá de todos los edificios, plazas, calles y glorietas, está el campo, después del desierto, después de las montañas, está aquella casa. Recuerda el paseo, recuerda el aserradero y recuerda a un hombre que le gritó algo.
Historias de fantasmas y brujas que se esconden tras los árboles cuando paseas, ni un susurro, ni una estrofa, ni un acorde. Es su silencio, su vuelo, su respiración callada. Letras y números, cumpleaños, dientes de oro, colmillos de plata, las gafas de cristal ahumado, ojos azules, vientre de pez, amuletos y sortijas, el mechero de oro, un habano, la noche y sus tesoros, el día y sus tesoros. Repitió una vez más: prefiero las consecuencias de la verdad a los beneficios de la mentira. Continuó sin hacer caso, insistió, y era una equivocación, todo giraba entorno a su congestionado rostro: licores y humo, la dificultosa circulación, el ictus, sin ritmo, la síncopa marca el final.
3. Nudo. Interferencias, salto, lejanía, el envés, trayectoria, paralelo, segmento, viento, verbo, palabra, grito y silencio, ansiedad, calamares, vino y cerveza, cielo y tejados, antenas, humo, invierno, gafas y veletas, gallos, puercos, monos, dedos de mono, uñas y vegetales sobre la mesa, el pelo, la ceniza, la vela y la llama, una flauta en el fondo de la calle, un perro, horca, siega, hoz, el río y meandro y lucha y onda y corriente y lodo donde las truchas se retuercen sin esfuerzo, así es su placer, persianas y veladores, una estufa, el frío de la mañana de verano, la película que no has visto, el abrazo, la mano, el beso, la caricia, seda y sortija, abalorio y guardián de tus tesoros, Dispara la caña y acierta en el justo centro, es como una bengala, como un dardo y un lanzador preciso, como la cola de una rata: una goma fina y dirigida, así, donde esta el ojo, está el anzuelo. Y el pez es arrancado del río. La trucha se agita en el aire. Nadie ha visto nada y es posible que esa ausencia de espectadores le dé a la pesca un tono de brillo regio. Cristales, botellas, vasos, esferas de cristal, el pescador asciende la montaña por senderos que ya nadie recuerda, que sólo él transita, su padre se los enseñó hace más de cincuenta años y ahora serán olvidados, el monte los borra: tojos y helechos, un rumor de bestias y el sol del verano sobre los hombros, el ritmo de los grillos y la perra que jadea sin cansancio. Entre hojas de sauce, las truchas, con el anzuelo en la boca todavía, frescas como el limo fresco. Son historias de fantasmas cuando la noche cae y el río es una transparencia con un fondo negro de piedras negras y hadas en el olvido, habrá brujas en el bosque, pero no en el río.
4. Beat. Como golpear con los nudillos una tabla de castaño. Está por encima, como el latido y su correspondencia, las sienes perciben mejor que el oído: allí vibra el ritmo.
5. Escapismos. Varias novelas, a cada cual más entretenida y el ennui se solventa rápido. Para los que esperan una llamada de teléfono, una carta, una letra, un pagaré, para los que durante las tardes no tienen absolutamente nada que hacer y por la mañanas sueñan con los paraísos de intrigas, amores y paisajes que la tarde les ha de proporcionar. Ay, el entretenimiento y sus consecuencias. El aburrimiento es hierro fundido sobre la palma de la mano, ese spleen que tú sabes tan tuyo y te permite mirar al trasluz la esfera de cobre y oro, escribe y desprecia con disciplina y entrega, desprecia lo que suena a entretenimiento, pero tampoco tiene la convicción necesaria para mantenerlo en público y eso es esencia, es centro, es lo inamovible: la indiferencia ante los pobres monólogos que debe soportar en todos los cafés, en todos los bares, en todos los burdeles de esta ciudad. No es muy elegante mostrar sentimientos y creer que en esa su sinceridad hay arte o logro o técnica, cuando sólo hay nausea y enfermedad: a nadie le interesan tus lágrimas, ni tus amores, ni tu verdad. Ahora leerás una página más y dejarás que el novelón te caiga de las manos. La noche abrigará tu ebriedad, tu risa y tu desprecio.
17.6.09
richard's father
A. Dirección. Su padre era músico. Bajo la cama guardaba la guitarra y un violín sin cuerdas, también le faltaba el arco. Los estuches eran misteriosos, como ataúdes: el de un padre y el de un hijo. Los tamaños y las proporciones. Recuerda estar sola en casa e ir a la habitación de sus padres y mirar bajo la cama. En ocasiones se despierta con la misma e inquietante sensación: como el mal resultado de un examen en el que parece ponerse boca arriba los defectos de la inteligencia.
-Es que nadie se quiere confesar poco inteligente, quizá dirá que tiene poca memoria, pero nunca que es poco inteligente.
Una vez oyó a un borrachín decir que la memoria es la inteligencia de los tontos. En aquellos tiempo replicaba y vio ese abismo que sólo ciertos borrachos muestran: lo luctuoso de su revancha, el dolor de cada trago, el vacío de las horas y los días, el prólogo del sueño y la pesadilla. El sueño y la pesadilla del borracho, de borrachín de vino barato y colillas y tabaco mascado y mal aliento y ojos inyectados en sangre. La acumulación de objetos bajo la cama siempre fue una manía de su padre. ¿Por qué el gato indicaba que te apartases del árbol, precisamente cuando éste te daba sombra? Los dioses se emplean en sus maldiciones: te concederán todo lo que deseas porque tu deseo es equivocación. ¿Dónde está la guitarra, dónde el violín sin cuerdas y sin arco, sus estuches, dónde proyectarán su sombra?
B. Precio. Esferas de acero, barras de plomo, un bolígrafo dorado, la inexperiencia, profundo, somero, erecto, húmedo, las manos y su envés, cartas, papel amarillo, los guantes amarillos, el paseo entre los muertos, taladro, nube y lluvia, sol y lluvia, plata en los dedos, el avión que cruza el océano, dijo su hijo: padre, plástico verdoso y la noche ha sido húmeda y llena de enfrentamientos, los labios son astillas de oro, el metal te define, estigma, oración, penitencia, el pálido amor que no regresa, la infancia es eso: olores que un día hablarán de la calderilla y de los ahorros.
15.6.09
richard's mother
1. Caligrafía. La música era algo importante en aquella casa. Ya los abuelos o los bisabuelos habían insistido en una disciplina formación musical. Ella no olvida sus escalas y siempre tiene una partitura nueva que preparar. Su marido la abandonó y eso le aportó tranquilidad, fue una bendición del destino: ahora se había librado de un gran peso que la hundía en la tierra: la aterraba, literalmente. Dónde estaría él. Suave, transparente, luctuosa novia de veinticinco años.
- En mi calle en Londres, donde mi hogar está, hay tres tienda: una cuchillería con doscientos cincuenta metros de planta, un taller donde reparan muñecas y casas de muñecas y una tienda de guitarras donde acuden célebres roqueros. Casi nadie pasa por la calle. Los vecinos poco hablamos. Voy a tomar té a la tienda de guitarras y hablamos de todos los que pasan por allí. A veces toco un viejo piano eléctrico, un Fender Rhodes, y él me acompaña con la guitarra: es un jazz sucio, lento y constante, más próximo a sonidos de funeral o de celebración pobre, con instrumentos abollados y escalas menores y descoloridas. Me dejaré crecer el pelo y lo teñiré de verde, como un nuevo R., como el viejo R.
2. Arcos. Así es mi letra: arcos tendidos y espacios en blanco, sin documentos que certificar o compulsar, sin precios públicos, sin engaños. Eran gamberros con trece, quince y diecisiete años. Anunciaban bombas los días de exámenes y la policía les localizaba, pero nada pasaba porque eran menores de edad. Hoy les he visto trabajar en la televisión, aspirar el polvo de coca durante la noche áspera, vender corazones y hacer retratos de viejas enlutadas y bandas negras en el pecho. Todo eso lo he visto yo y he guardado silencio, les puedo escuchar: soy muy paciente y el aburrimiento es un mineral que cultivo en las laderas de las altas montañas de mi patria. Patria.
3. Patria. No hay descubrimientos ni concordancia, todo ha sido abolido y esa excitación me molesta. Yo he escuchado todo lo que tenía que decir. Ansia de otro cuerpo. Pero todo es dolor y espera y nadie quiere esperar. No hay diferencia entre un día y otro.
13.6.09
dance
1. Examinador. Se mueve con lentitud, es moreno y las manos le tiemblan. Ha sido un hombre atractivo y conserva la apostura y la seguridad del que siempre ha tenido dinero y nunca le ha faltado compañía. Los bares a media tarde son lugar con encanto, la conversación y la madera antigua del coñac, o el rock del whisky y la cola o el vino parado y espeso, el toro y el acero, la tarde polvorienta en el pueblo, el infinito que los campos de trigo o cebada o los girasoles dibujan en el horizonte. Tiene una hermosa pluma y en ojal una insignia de oro y el traje es azul mate, como un metal muy manoseado, pero pulcro y bien planchado, como la camisa rosa, como los zapatos brillantes. Las manos temblorosas se agitan en el el aire con la gracia del que ha tenido muchas victorias. La voz profunda y el tabaco oscila en el bolsillo. Mira hacia el techo y se calla, todo ha sido dicho.
2. Amuletos. Llaves, dados, alianzas, perfumes o bolígrafos, rotuladores, mecheros, reptiles, peines, micrófonos,
pistolas, pañuelos, dardos, botellines, anillos, prendedores, fotos, sellos, tornillos, arandelas, lápices, canicas, rodamientos, estrellas, puntas, lacres, tatuajes, tenedores, tuercas, madreperla, acuarelas, llaveros, pelo, dientes, colmillos, hierro, bronce y oro o plomo y, barro, bandas, acero, pan, trigo, fuego, mercurio, marcadores, alabastro, piedras, gatos, despertadores, conchas, insectos, mariposas, cristales, perlas, sacapuntas, pendientes, esmalte, pinta.labios, banderas, trompos, candados, cables, chapas, calidoscopios, cajas, cajitas, cajones, pulseras, pluma, flor, hoja, hoja.seca, hoja.húmeda, sangre, dibujos, caramelos, bombones, muñecas, fotogramas, postales, semillas, gafas, pirámides, cintas, cuchillos, corazones, linternas, caballitos, ídolos, plástico o cera, guitarras, tapetes, vinilos, tigres o gatos, cucharillas, placas, compás, estampas, santos y mártires, teléfonos, ruedas, navajas, branquias y aletas, negro y rojo, crimson: esa es mi elección.
3. Encuentro. Dedos de mono que se agitan en el aire al ritmo de la batería y del bajo, poco antes de que comience la pentatónica melodía guitarrera y profunda y oscura. Dedos de mono que indican el camino a seguir, sus consecuencias y sus beneficios: la tarea bien hecha, la honestidad en el trabajo, la elegancia en la exposición, simetría, cada célula ocupa su lugar por gravedad, el azar transforma el ritmo y el ritmo permite la asunción perfecta, la espera y el destino. El carácter es el destino, el mono lo comprueba y da cuenta de ello: deja el tomo de mística y deja la traducción que ha acometido meses atrás, porque prefiere el acero de la cuerdas de mi guitarra eléctrica. El hombre murciélago es transparente y desciende sobre la ciudad cuando la noche cae, se agitan los bares y los dealers saben que deben guardar silencio en su presencia, exige respeto y sumisión. Cocaína, whisky, cola, tabaco, on.off, una ausencia y observar sin ser observado es el teatro que esta noche brilla en los bares de esta ciudad, discotecas opacas, afters apagados y con gritos de alegría, verbo que habla de la masturbación y perforaciones y la desnudez bajo la lluvia: la mujer escucha y niega, ella no tiene miedo. Necesidad, su cuerpo es perfecto porque ella así lo ha decidido y bajo la lluvia desnudo establece el ritmo y la acentuación.
4. Baile. 3/4: es el resultado que ha obtenido, ¿mediocre? Sí, pues no llega a la totalidad, y todo lo que se aparta de la totalidad no merece la pena, carece de interés. Prados segados y el verano es una promesa, noche y celebración. Cada mañana tiene que atender las necesidades de mil mendigos y de ellos sólo se espera su desprecio, el látigo de la necesidad.
Una pequeña confusión estropeó el trabajo de meses, el resultado era diametralmente opuesto a lo esperado. Cerró su libreta, sonrió y comenzó otra vez por el principio. [rem tene, uerba sequentur]
11.6.09
blood
1. Acantilados. La tranquila tarde de primavera, del final de la primavera. Desde allí, aquella casa maravillosa y evaporada, se contempla la bahía. Se pueden ver, también, las islas y los islotes y la línea del horizonte. Por un sendero se accede a un mirador, pertenece a la propiedad, al asomarse aparecen los restos de hierro oxidado en el engaste de las rocas: rojo sucio y la espuma del mar. Asciende la brisa y la sal. Ella camina con el vaso en la mano, es su gin-tonic, limpio como una gema, y relata los últimos días de su matrimonio. Lo esperaba y era la espera la que erosionaba su espíritu. No podía leer, ni tocar el piano, no podía centrarse en todo aquello que debía escribir, todo aquello de lo que otros estaban pendientes y por lo que ya habían pagado.
- Es un oficio extraño que se alimenta de dolor y el oficio es el único bálsamo posible y al tiempo genera otro dolor, y así es este nudo gordiano, como el vuestro, supongo. Ella era muy joven y yo la vi un día con él por el pueblo, sólo una vez. Pálida y transparente, vestía de negro y parecía desorientada, extraña, una chica de ciudad en un pueblo como éste destaca aunque no quiera. Él la llevaba como a una niña: agarrada de la mano, pendiente y yo estaba allí, sin que me vieran y disfrutaba de ese placer de ver y no ser visto. ¿Disfrutaba? Sí, por la misma razón antes expuesta: es un buen material.
2. Partida. La casa de mi padre: murió y yo me fui al bosque a la carrera, me senté sobre una piedra y esperé. Podía ver la casa desde allí, mientras la pesada lluvia de plomo y mercurio caía sobre mi cabeza, sobre mis hombros, mientras se introducía en mis huesos por los capilares de mis extremidades. La columna de humo se difuminaba y yo lloraba y el rugido de la montaña me llegaba atravesado por el nervio de la tormenta: negra nubes que se precipitaban sobre el pueblo, también es material, pero yo no sentía que me perteneciese, era un robo, pues había algo por encima de mí, de mi padre muerto, del propio tiempo que se desvanecía. Cuando mi memoria se desvanece, regreso a la casa de mi padre y es una ruina y las paredes son piedras y la casa pierde la forma, la vegetación la hace suya, el bosque coge lo que le pertenece y la memoria fija ese momento y el libro que tienes entre tus manos es la simetría necesaria. Otro nivel, otro plano, un corte transversal en el día, en la noche, en el olvido.
3. Encuentro, tránsito, Venecia. La foto de Venecia está sobre el piano de pared, en su marco de plata, en su blanco y negro. En su estudio. Ella se sentó e interpretó algo vagamente familiar. El viento golpeó las ventanas. Eran bienvenidos en la casa del padre.
4. Camino. Laberintos, manos, sueños, señales, el mar, el bosque, la montaña y sus espíritus, los lobos corren bajo la ventana y muerden los brotes de la viña, el humo, la piedra, madera seca, arena, sangre, fuego y muerte, televisores, bares, botellas de anís, botellas de ginebra, botellas verdes y azules para el aguardiente que se ha de destilar este otoño, deberán lavarse y ponerse a secar al sol, la fuente, los pájaros negros, el sueño y el hacha, allí clavada en el tocón, 1965, la orquesta, la verbena, el puente de oro y el libro de canciones y la noche se cierne sobre el pueblo y bombillas amarillas, rojas y azules trazan el sendero hacia el pasado, el futuro y el presente. Los barcos de pesca se alejan hacia el mar abierto: balanceo y determinación.
5. El sueño: un ascensor y en el último piso debía recuperar Os Maias, un ejemplar sustraído, hace años, de su biblioteca. Eça de Queiroz le recibía y le mostraba lo imposible de la empresa. En medio de la noche se despertó y tomó la nota. Necesitaba el libro cuanto antes, pero allí no era posible. En la noche, el mar era un muro que se unía a un cielo negro de humo, el ala de un cuervo, la profundidad de un bajo continuo. Se acercó al piano y pulsó un Sol y un Do, dejó que las notas flotasen en suspenso en el silencio de la noche, en el silencio de la casa. Resonancia y rescate. ¿Era una señal?
9.6.09
l-5
1. Monedas. Ha recomendado películas, películas que inyectan el clasicismo de la narración o la lírica de las novelas que le han conmovido: de un punto a otro el espíritu se desplaza y olvida razones en beneficio de la iluminación. Coches negros que transitan la noche, pistolas brillantes, barras de carmín, sombreros y cigarrillos, la estampa del criminal, el método del investigador, resultados y una exacta argumentación. Es un blanco y negro sucio, como las fotos mal fijadas: así se transmite la realidad con mayor exactitud. Sería una sala de cine muy vieja, con butacas rojas, cenefas doradas, un foro azul tenue, ya desleído, maderas casi negras, un bar con botillería centenaria, el acomodador y su librea, la taquillera y su calceta, parejas huidas de las últimas horas de la oficina, el periódico bajo el brazo y la gabardina plegada, un paraguas y un bastón. La luz potente abre una desgarrada herida, la luz torna en cera los rostros, atentos y vigilantes, la luz abre la puerta y tras ella está el misterio y la poesía que requiere, que busca, que demanda cada vez que entrega las monedas a cambio de la entrada. No siempre se cumple, pero siempre se espera y esa espera es ya una cuentas saldada.
2. Mentiras. Se alejó el coche y pensó en ella. Él no entendía sus palabras, prefería mirar sus ojos, el vuelo de su falda, la curva de sus muslos. Acarició su mejilla y estaba caliente con el calor propio de las lágrimas, pero no había llorado. Acarició la mejilla una vez más y la besó. Le pidió que bajase del coche, que al día siguiente hablarían. El cine se deslizó entre sus manos y algo se había roto, pues la avenida era realidad y misterio y los misterios ya no viajaban en aquel coche que se alejaba bajo los grandes globos de luz, tan hermosos, tan violentos.
3. Acero. Era esbelta y delicada, con un puño de marfil y un botón de oro: la espada sobre el escritorio no era un objeto más, no era un ornamento más. Como un signo de muerte recordaba su pasado y ese pasado se translucía tanto en la biblioteca como en los objetos atesorados que se distribuían sobre las estanterías: un pequeño Buda, una piedra de jade, dos relojes de arena, un tigre de madera toscamente pintado a mano, dardos de colores: rojos, verdes, azules, nunca amarillos, una rajeta, dados y naipes, espejos y gatos. Tal barroquismo era tanto íntimo como explícito, deliberado y casual. La espada servía de guía, triunfante y solemne nunca volvería a ser utilizada, sólo queda su historia de duelos y venganzas, historias de familia que no se han de renovar.
4. Usos. Había adquirido la costumbre de escribir sobre una tablilla roja. Siempre con pluma, siempre en papel amarillo. Se sentaba en un sofá viejo junto al ventanal, con el fondo monocorde de la radio. No permitía que nada le interrumpiese. Descolgaba el teléfono y desatendía el timbre. Una hora diaria era suficiente, pero debía ser una hora, ni un minuto más, ni un minuto menos. Todo esto lo contó con mucha gracia en el paseo de regreso a nuestra casa en el norte de Londres, al día siguiente viajaríamos hacia el Sur de Inglaterra, para ver los acantilados y visitar a una amiga común: su marido la había abandonado recientemente, en su casa en el campo no faltaría conversación, ni libros, ni el amargo sabor de su ginebra predilecta, los pasteles de coco y los cigarrillos egipcios. Pero, entonces, era Londres y Londres reclamaba el pago por el palabrerío desbocado: otro cine bien distinto, otro cine y una sala de conciertos y una figura nueva para la colección que se engendra a sí misma en el desorden de su programa.
7.6.09
oversee
1. Espera. En los patios se oyen radios y todas hablan de la vocación: de las pruebas y de los sufrimientos. El domingo existe e incluye en su interior la muerte. Nadie escucha.
2. Biblioteca portátil:
1. Espadas como labios, Vicente Aleixandre.
2. Don de la ebriedad, Claudio Rodríguez.
3. Sepulcro en Tarquinia, Antonio Colinas.
4.a. Illuminations, A. Rimbaud.
4.b. Ballade [des dames du temps jadis], François Villon
4.c Pour faire un poème dadaïste, T. Tzara.
5. La destrucción o el amor, Vicente Aleixandre.
3. Pasadizo. Biblioteca en el olvido, que muerta, viva está.
El frágil acorde del recuerdo. Los libros descansan en la maleta porque pronto comenzará el viaje. Londres espera y ésta será una época de parques, librerías, cuadros, conversaciones y licores eternos y efectivos, paseos y conversaciones. Maletas, libros y libretas. Tomar notas, dice, es un vicio como otro cualquiera: con su arrepentimiento, su compulsión y su tinte maldito.
Media naranja, un cuarto de sésamo y miel, la leche muy caliente y el café absoluto y negro. I'm looking for you.
4. Ausencia. Mercurio, cristal y papel. El bolígrafo y la pluma y el lápiz: rojo para el subrayado, para la marca, para tachar. Todo está contenido en el diario, en el dietario, en la contabilidad diaria que todas las noches establece el índice de los logros y los fracasos. Es una brújula el libro recién salido de la imprenta: polvo de oro. Perdería el tiempo si intentase discutir los motivos: quién no quiere ver, no ve. Open your eyes. Adiestrarse: someter la voluntad a otra voluntad.
¿Quién otorga la precisión que en sus palabras es autoridad: limpio, delgado, ropa muy antigua, pájaro de hielo, zapatos negros y exhaustos?
5. Desacuerdo. El invierno en los pantanos. Relató como, con su padre muerto, se adentró en el bosque y como la lluvia comenzó a empaparle. Caminó entre los árboles y se sentó sobre una piedra grande y negra, húmeda y oblonga. Vestía un traje de luto humilde, niño pobre y despierto, con un conocimiento esencial sobre el bosque y sobre su padre, pero aquello era un precedente y un plan que se tendría que desarrollar durante los veinte años siguientes: ahora todos tenían su último libro y allí estaba la clave o, mejor, una nueva cuestión: planteada en endecasílabos a lo largo de trescientos versos. La visión se desarrolla y muere: Basta. No es insistir mirar el brillo / largo de tus ojos (...) [Aleixandre]. Se abrió la puerta a un espejo de vida que nunca habría de abandonarle. No podía rebelarse y ahí estaba el centro de las certezas. La única certeza. Electricidad y luces abandonas sobre las calles: su fulgor es la señal que se espera y la noche es propicia, hoy cuando recuerda esos momento que siempre le acompañarán, hoy en Londres, mañana en Venecia, hoy en una casa cualquiera, en una sala cualquiera, vasos vacíos, mañana. Le buscaron y no le encontraron. Decidió regresar y sabía que nunca podría volver a aquel lugar: se había transformado. Toda metamorfosis implica un resultado: favorable en su perfil y desfavorable en su centro. Y los números son incontestables, por eso los detesta y los ama, alternativamente. De niño a hombre, de hombre a árbol, el árbol vence al incendio. Los incendios se multiplicaron aquel verano, pero el invierno habitaba en su corazón y le protegía como una ciudad roja sin leyes, ni religiones, ni perros, ni hienas que por la noche rondan el corazón robado. En Londres aquellas palabras parecían provenir de la tierra de las hadas y de los duendes, o del niño que decidió no crecer: "Second to the right, and straight on till mornig". Porque ese era su aspecto: pequeño, orejas afiladas, y mirada brillante y sus dedos largos y finos como lápices. Su ropa era verde y su estatua dormía en un parque mientras leía su propio libro, para aquellos amigos que nunca le olvidarían. Y llovía en Londres y la lluvia era la misma que en su relato desvela misterios y establece preferencias. Venecia: estación eterna y óleos y vistas de la laguna y un vaso limpio: agua. Mostró los dibujos de su cuaderno de notas y, a continuación, todos salieron a caminar bajo la lluvia por las estrechas calles de aquel barrio del Norte de Londres sin pensar en las tormentas, ni en las vibraciones eléctricas de los reflectores de la catedral: not so long ago, he told me.
5.6.09
opening - n.6 [guitar]
1. Cajas. Resuenan los pasos a lo lejos, no se cansa de esperar, es un proceso lento y laborioso, todo lo que es lento tras el escenario se traduce en triunfo sobre la esclavitud del cuerpo. La soledad del camerino. El solista tiene frío y debe calentar sus manos antes de comenzar: existen efectivos ejercicios, también posee un calefactor portátil, pone en práctica una tabla de gimnasia, el proceso interpretativo incluye una indagación en el viaje que hasta allí lo ha llevado. El viaje: aviones, la impersonal textura del aeropuerto, las preocupaciones, el miedo a volar, que se ha incrementado durante los últimos años, conversaciones o el silencio, las instrucciones previas al vuelo, carreteras y paisajes entrevistos que se unen al repertorio, la ciudad como motivo y se suelda la intuición con la cultura que el estudio proporciona, la inspiración y el tono adecuado, sin improvisación. Esta liturgia incrementa sus poderes, asciende por el sendero que ha construido desde que se marchó de su estudio. Los rostros sin nombre, mujeres, hombres, niños, viejos, su ropa, sus gestos, la prisa y el descanso, mercados y plazas, iglesias y palacios o presidios o solemnes y aristocráticas avenidas y encontrar un café y beber whisky aguado y ámbar. Todos los personajes y su tramoya convergen en sus dedos durante un instante. Los supremos minutos donde se vacía. El vacío es el secreto final, poco antes de traspasar los límites del escenario comienza el aligeramiento: sólo quedan los dedos, las manos, los brazos. También él es un instrumento. [Medium: es un reflejo de su certeza]. Esto lo ha explicado en numerosos cursos y seminarios. Años de estudio. Calendarios y señales que indican el grado de preparación de una obra. El esfuerzo es equiparable al sometimiento al juicio de otra persona, cuando uno aprende sólo hay dos cosas: humildad y trabajo, sin disciplina no es posible penetrar en esta torre de marfil sin puertas, la soledad atestigua la grandeza.
2. Pasos. Las habitaciones son prisiones intercambiables: ortogonales y simétricas: ausencia de curvas y de las amadas formas vegetales. Se desarrolla el helecho en una espiral desplegada y así el talento se ejercita.
3. Hierro y viento. Cualquier instrumento resulta un fardo de exigencia y renuncias. Magnéticos receptores, el día y la noche, el viento, la lujuria y su llama en los ojos del viejo, la mano del niño es limpia y dúctil y el pelo de los muñecos que duermen su polvoriento olvido en los desvanes: trasluz de siglos y eternidad, inerte y microscópico simulacro de vida y aleaciones sorprendentes y mágicas. Tras la puerta, la cimbra.
4. París. Pero tenía ya la experiencia de los campos y los paseos y las caminatas indescifrables, así le otorgan seguridades y certezas para revestir su indiscutible talento, su adolescencia alucinada que pronto se vería rota, enferma de sí, elevada al trono de los únicos que merecen ser leídos, veneno parisino. Pues no se trata de obtener conocimiento, ni razones, ni exponer el yo aburrido, gastado, putrefacto ya en su alumbramiento, campana sonora y hueca. Los campos se apartan de la geometría, de la línea recta, del ángulo, de la cuadricula y sus distribuciones: más allá de su erótica, descarnado barro húmedo, infierno e incendio, llamas que se elevan sobre los árboles y el sol se oculta tras las montañas y la noche es remedio y condena, el canto que estalla en los puentes sobre el Sena, más, mucho más que la lámina en la se que adivina la ciudad, el río, las figuras, los perfiles exactos de los edificios y las agujas hieráticas de las iglesias, árboles en el claustro urbano. Blanco y negro de albúmina, cristales de plata, óxido o cianuro, pues azul y el yo busca el verde y es el cloro de las piscinas al amanecer, cuando el cuerpo es fiesta y alegría, pero pronto será fantasma y locura.
5. Venenos, prisiones, esferas. El amarillo domina los tonos de su estudio. Es un dorado viejo, escogido, especial y entonado con gusto. Hay libros, tomos de poesía francesa del XIX, tres atriles y tres guitarras, cada una en su edad, sus colores: cereza intenso, trigo pálido, destellos metálicos. Su espera. Dos metrónomos, un diapasón, una afinador electrónico, un retrato de Andrés Segovia y otro de Narciso Yepes. En un gran panel se disponen las tareas de las próximas semanas. Hay una agenda cerrada sobre la mesa y un ordenador apagado en un rincón.
6. Narcótico. Una lámina roja, relojes sin hora, guantes amarillos, la humedad de los labios, la adolescencia y la voluntad, lluvia y café. Gritan los monos, la tormenta crece, la avenida es amarilla, las manos, es azul su risa, los ojos, asfalto negro y escamado: piel de cocodrilo, una cámara sobre la mesa de la cocina: bronce, marfil y sangre, la electricidad trenza su boca, rumor de tabaco en las entradas de la ciudad, saldré a la calle y París y el viernes serán diciembre en los páramos de Manchester.
3.6.09
opening - meadow
La Boca de la Verdad.
[Un domingo a las once de la noche, durante el paseo nocturno por una calle peatonal desierta, nadie está en la calle salvo unos mendigos: beben ceremoniosamente en la lujosa entrada de la tienda de ropa: trajes a medida, corbatas de seda y gemelos de oro y coral, gritan y es otra fonética de vino barato, tabacazo y noches y días y horas y minutos sin importancia]
[Sólo tú, ratoncito, sabrás de qué hablo cuando de La Boca de Verdad hablo]
1. Aletas, branquias, escamas. Su piel era pálida y sus labios brillaban, los ojos acuosos tenían la prominencia de la sospecha. Estrechas calles, bares oscuros, la piedra, la madera y el estuco sucio. Describir a la persona es una tomografía, un dibujo en el cuaderno de campo: sólo los detalles interesan, pero hay matices que se obvian, pues no cabe la alabanza, el adjetivo gratuito, el homenaje, ni la sospecha o el demérito o el menosprecio.
Prefiere las consecuencias de la verdad a los beneficios de la mentira, susurra con aplomo porque es esa la norma de su conducta.
2. Intrigas, invasiones, instrumentos musicales. Trabajo y descanso, el ocio, la británica película de las mañanas con niebla y lluvia: las líneas de fuga se ha disuelto y siempre a esa hora se cruza con ella y se reconocen aunque no hablarán nunca, los dos lo saben y respetan el acuerdo silencioso que sólo los desconocidos toleran. La cuerda rota, el látigo, el clavo, el martillo, los caóticos esquemas a los que se someten a diario. Un cigarrillo con un escarabajo impreso sobre la boquilla, necesariamente, tiene un significado: es preferible no indagar, su fondo es cambiante, inestable y por eso podría mostrar desagradables pronósticos. El signo tiene la fuerza de la constancia. Es el humo del hachís, perfumado e hipnótico, huir hacia el propio interior: palacios franceses, las salas de los pasos perdidos, el jardín inglés, la naturaleza bajo el control del jardinero, es la contemplación del interior el mayor de los abismos. Sendero de farolas y cemento y cristal y viento y la niebla, el frío, la ortografía y la caligrafía, la pensión y el sueldo, las cenas y los previos al sueño. En una mano la bola del mundo, en la otra: la espada y la justicia, ¡qué implacable se muestra regularmente en las conversaciones con los iguales!
Los informes esperan la primera hora de la mañana.
3. Taxi, diccionario, tigre. La pluma descansa en su ataúd negro, seda negra y cartón negro. Es de una laca especial que al trasluz se muestra como sangre coagulada. escarcha de sangre antigua, sangre santa o mártir. El papel amarillo es el adecuado para la caligrafía y observar el trazo de la mano aporta razones y certezas. La pluma fue comprada hace diez o quince años, el estuche o ataúd ha envejecido, pero la pluma reluce como el primer día en sus lacas, en sus oros, en su sangre negra o violeta.
Individualidad y deseo, en el Norte de Londres se habla de los comedores de opio, mientras el paseante se pregunta por el itinerario más conveniente para su reflexión: regularidad o improvisación, cada lectura exige su propio ritmo.
Del campo a la ciudad, amor y dinero encapsulado entre los meandros de la noche.
4. Exámenes, relojes, desconocidos. Hoy vio como a un mendigo le reprochaban su pereza. Ni bajó la cabeza, ni se ofendió. Había un hilo dorado y apenas visible que los unía, que les ataba más allá de su propio tiempo: un representación como tantas otras, cada uno en su papel mejor o peor interpretado. El taxi se detuvo y un tigre bailó bajo el retrovisor: era un amuleto de cuerda y trapo y era un amuleto acertado y versátil, optativo y certero. Hay fuerza y decisión en él. Una moneda de cincuenta céntimos nos permite conocer el futuro, el presente y el pasado, sólo la determinación podría empañar su verdad. Con doblar el ticket que La Boca de la Verdad escupe, guardarlo y quemarlo en nuestra propia casa permanecerá preservada su verdad. El error está en querer leer, en querer saber, en querer conocer. La nieve cae lentamente en los páramos y una vieja canción hace que se eleven los muertos de todas la edades anteriores y posteriores a la nuestra, allí, en su soledad: la nieve cae, la nieve comienza a caer lenta e implacable.
5. Copia, cita, refuerzo:
Happy is England...
Yet do I sometimes feel a languishment
For skies Italian
JONH KEATS
yo sé que ahora es noviembre, allá en Inglaterra,
son azules las noches y copiosas en astros,
cosa extraña pues ya la nieve va cayendo
en los montes de Escocia, (...)
Antonio Colinas: Noviembre en Inglaterra.
6. Diarios, dietarios, libro de entradas y salidas. Es necesario llevar una contabilidad, un censo de los destellos que durante la mañana nos sorprenden o nos atemorizan. Luego, cuando llegue la noche, en la soledad de la cama, en la oscuridad anterior al sueño, tan parecidos ambos a la muerte (somnium imago mortis), hacer el arqueo y mostrar cuál ha sido el diamante encontrado, el oro malgastado, la hacienda malbaratada. Cosas sencillas como el café y el cigarrillo con insectos impresos son monedas que habremos de conservar para las carencias del futuro. No es necesario emplear el tono del emperador, ni ser el pastor de los cadáveres diarios, ni siquiera precisamos la concreción de los consejos. Todo es tal como La Bocsa de la Verdad anuncia, siempre y cuando sea respetado su mandato. Sólo así acertará: despreocupación, tigres, taxis negros en la noche, guitarras eléctricas que duermen en sus ataúdes de plata, ¿son vampiros o son estilográficas, en dónde se confunden los unos con las otras?
1.6.09
opening - paris, st. germain
Saint-Germain-des-Prés
1. Fotografía: al fin había enmarcado la foto, la había colgado y ahora la sala era otra. Sólo una fotografía: una calle vacía, la última hora de la tarde, un letrero luminoso: es la única nota de color: verde, rojo, azul, un vibrante titán en la noche, un anuncio o una promesa de alegría y celebración. No se trata de sugerir, al contrario: es una presencia.
Ordenada y constante, el descubrimiento de la pereza se transforma en el metro de platino iridiado, es la nueva medida que le permite encontrar en las calles razones e historias, una geografía oculta.
2. Farsa: como mal teatro, como robo o traición, peor es el fondo de la mentira. Peor es conocer el entramado, entrever las consecuencias, asomarse al pozo de sus ojos. Despertar de un sueño, encontrar los rostros desnudos, la careta se ha descompuesto, sus restos todavía permanecen sobre la piel. ¿Por qué desprecian la frivolidad si se verán obligados a ensalzarla? Su rostro es húmedo, barroso, rojizo, los licores dibujan el drenaje. Charlatán: mil palabra y la hinchazón es considerable.
Vendía coches de segunda mano y tenía una afición oculta. Nunca hablaba de sí mismo e intentaba no ser astuto, sin embargo era algo que no lograba, ni tan siquiera fuera de su trabajo: la astucia del zorro es algo más que un estigma: sólo teme sus consecuencias.
3. Cena: vino blanco, humo, la profundidad oceánica, tres cuchillos diferentes ordenados según su tamaño, electiva e indiferente, hilo grueso y mate, luz amarilla y vieja, la Bahía en el fondo del decorado, una cristalera grande, inquietante, el jazz maquinal: una trastienda de caja de ritmos y guitarras sintéticas. Hablaron de problemas propios del trabajo, pero terminó por derivar hacia su propia vida. Su mujer le había abandonado y hacía dos semanas que no veía a los niños. Ahora se daba cuenta de todo lo que había perdido. Es por cortesía, su silencio, nada más, ha aceptado porque le parecía la mejor manera de aclarar los asuntos de aquella transacción. Nada respondió. A lo lejos, en la bocana de la ría, no hay perfiles, ni líneas rectas: sólo un vacío, el mismo que se asoma en sus ojos.
El puerto era un lugar tranquilo. Pasearon. El vacío permanecía en sus ojos: la mirada alucinada, el consejo, la tradición, la responsabilidad, la extrañeza, en sus propias palabras, calidad de hierro y óxido, traspasadas franjas de humildad, el plomo y el mercurio son sus elementos, un corazón de plomo, el alma de mercurio se desliza peligrosa por la palma de la mano.
4. Los Libros. Tapizado muro de construcción lenta y sentimental, que ya no estudia cada vez que en una casa entra. Todo lo conoce y todo lo olvida, alternativamente. Todo ha sido visto. En Venecia le robaron el equipaje y se vio obligado a llamar a su madre, el dinero llegó pronto, pero hubo un estado de carencia. La pobreza, la indigencia, el mundo en ruinas, la cara y la cruz. Venecia es un mundo dentro de nosotros.
5. Venecia: Es observada, veneciana, la condena se une al pecado y estalla el vino en el paladar: terroso, afilado y certero. El placer de observar sin ser observado, ver sin ser visto. Hay una inversión: esteros, barcas hundidas en el limo, peces de plata, peces de oro.



