Entre los libros destacaban cuatro volúmenes encuadernados en piel verde. No eran gruesos, ni sus lomos altos, pero el tinte verde brillaba con una fuerza especial, como si poseyese luz o los reflejos de una fluorescente profundidad. Nada es tan indigno como la sobreestimación injustificada. No hay título, nada que encabece, nada que otorgue un significado: el vacío es un anuncio de otras fuerzas, un complemento, una comprensión necesaria. Príncipes, hadas y aparecidos, son los jardines en las húmedas noches de noviembre. la moneda y su uso. El tiempo declinado, mentiras y piedad o un cruel espacio entre la vida y las ilusiones o el sueño: el sueño como imagen de la muerte y ésta como medida de lo que se obtiene y a lo que renuncia. Pensó en la pereza y en los días de playa y bicicleta, sentado y aleatorio tomó la pluma y comenzó una carta. No terminó, el licor no era barato, pero la noche se aproximaba: se encendían las luces en la calle y todos los personajes bailaban tras las verjas de los jardines, en el estanque las hadas aconsejaban a los tritones, el enano dibujaba su propia sombra y él no tenía nada de lo que desconfiar, al menos mientras no amaneciese. Ratones, hilos, calabazas, una sardina, el hilo de una cometa, la cometa, niños y niñas tras el espejo, cuentas, colores, carne y sangre, el toro, la vaca, cristales y escaparates, la gabardina, el caramelo, las botas de agua y el lazo de seda, es rojo y verde y las camelias han sido convertidas en porcelana y azúcar, llueve y noviembre está próximo. Recolección y ayuno.