20.8.09

pork

sobre la parte superior descansaba un gato rojo


cerca del río un estruendo de guitarras eléctricas y tambores y trompetas y el día en su última hora se tornaba amarillo o rojo, sin distinción


caliente y espeso, era la última comida, su última comida y palidecía su rostro, y sus manos finas y transparentes


falsificó su titulación, pero no tuvo piedad, ahora el viento no es un rumor


acero y plomo, la corrientes eléctricas le mostraron un camino erróneo


sin sentido, con el fulgor ebrio de carnaval y su sexo húmedo


no habló, rió y se sentó junto al fuego, tenía las manos sucias, una pila de libros esperaba para ser quemada, comía con desesperación, una foto del centro de París, era reconfortante su infancia, su infancia salvaje y nítida


calles, plazas, columnas alusivas, estatuas y parques, solitario y convencido recorrió aquella ciudad, quince, doce, diecinueve kilómetros, carece de importancia y relieve, caminó y el paseo era la renovación del espíritu


peligro, humo, fuego


no tuvo tiempo para recoger su equipaje, la prisa, el censo, la tierra, el miedo


hay cosas peores que la muerte


nunca le dijo quién era su padre y eso se reflejó en cada uno de sus actos, desde el capricho de la infancia, a las tonterías de su superioridad


un taladro, su frío contra el muro de hormigón, descansó y explicó su capacidad, su poder de capataz y asalariado, para eso le pagaban, y el sueldo era el pan de sus hijos, le entendieron, pero el resultado era otro