6.8.09

summer

1. Bronce. Traspasar la verja y encontrase con la alegría era una unidad. Por un camino de tierra pisada, entre helechos y troncos de pinos, con el fresco que asciende del mar, la sal y la brisa, el yodo, la prestancia del recuerdo cuando comienza su impresión [barras de cobre donde se da el golpe del cincel, lingotes de estaño con la marca y la espera para realizar la aleación: bronce, la piel y el tacto]. Los barrotes tan sólo son un perfil, el ángulo del tejado semeja viejas y victorias mansiones, mansardas y chimeneas, platino o pizarra es al medio día cuando se estiliza el reflejo, ella está allí sentada y contempla la evolución de sus nietos. Hay, en un extremo de la fina, olor a hachís y champan, el afinado discurrir de los gestos que sólo el viento puede trozar. Era una fiesta y las fiestas se desdibujan, hoy se desdibujan, sin remedio. Pistolas de agua, ninfas, vapor, tacones y medias, el verano es una edad, sin venenos, la ebriedad no es una ausencia, hoy serpientes que se deslizan por el prado son un rédito superior al poeta inglés, a sus viajes, a su melena, al viento que agita su ropa cuando sobre el acantilado grita, otro poeta susurra entre las olas y las copas de los pinos: je suis un autre, es él, en su infancia prolongada y confusa en la adolescencia, cuando la muerte del espíritu da paso a la carne. La mujer enciende un cigarrillo [no me conviene, pero es agradable, una felicidad, quizá, mejor, la alegría]


2. Plomo. Una camisa blanca, la corbata azul y el traje con rayas finas y grises, sobre ese absoluto y definitivo fondo azul real (Royal Blue), zapatos de ante, su reloj, los gemelos, el clip de la pluma es de un oro nuevo e increíble, brilla y refleja sus ojos y es un brillo que hiere y recuerda quién es quién. Sus manos son finas y tienen el dibujo de truchas en el fondo del lodo de un río frío y umbrío, uñas afiladas, en el medio del anillo hay una muesca, un anillo doble, en el meñique un sello (tan demodé como pesado, es la inicial en un sinfín de arabescos). Su voz parece segura, una leve cojera y camina con una lenta determinación: todo se termina y se sabe, al fin, efímero, es uno más.