a. Sobre los tejados la sombra de los fantasmas que cruzan la ciudad camino del río, donde han de flotar sin prisa hasta que el día anuncie su inicio con un brillo de olvidos. En las ventanas, con acerada precisión, se dibujan las canciones que construyeron su juventud, la estructura de sus sentimientos, el cuerpo de sus amores, Vuelan sobre el invierno las canciones y sus estelas hablan de lo líquido y lo hermoso, de la trepanación, del salmo recitado, de la camisa limpia y blanca, obras de teatro que se dejan mecer por el recitado y la calavera es la última sonrisa, no hay mucha diferencia entre lo previsto y lo obtenido, porque ambos resultados son vacío, ni siquiera es mayor, sólo un hombre sin pasado, manzanas verdes que son hoy estrellas, agua verde que es hoy su sangre, el color azul de sus ojos azules es la mayor de sus riquezas, monedas y billete, sólo quiere papel y la mujer corre por los callejones con el billete obtenido, la miran y nada la detendrá, hay justicia y reparto en sus gestos y no quiere tener otro esclavo al que darle ordenes, esa es la verdad, el cansancio es esa renuncia: lo vio en el supermercado, con sus dos hijas, con su mujer y era un hombre cansado, que se le suponía poderoso, pero estaba allí, como uno más, pero no era uno más. Certificar las dolencias y esperar un poco de compasión, arreglar aquella cama y dar la limpieza al cuerpo, la cuestión no tenía respuesta; alimento, respiración, pausa, vacío, síntesis, ascetismo, rincón, palabra, sólido, telar, rocía, espasmo, cansancio, gasto, y todo continuaba en el discurrir, sin prisas y en la electrónica diaria de agendas, teléfonos y reproductores de música, ya visto el final, poco importan los detalles.
b. Un castillo, una verdad, pero apenas tres monedas, y al tiempo suficientes para el retrato alcohólico e increíble de las tres de la mañana, una cerveza es suficiente, algodón, ley, cada vez es más evidente, enfermedad, salinas, perímetro.
c. Tormenta y expertos, la caída en círculos, arrepentimiento, tomó sobre la superficie del agua el relato de aquellos días, suerte o privilegios, informe y decisión, se fue con su hija por el sendero umbroso y ella le miraba con veneración, los caprichos están sobre el mar,