17.7.10

freely booking

Reserva: en las tardes de agosto me asomaba a la ventana de mi asombro artificial o inflamado vértigo. Para contemplar aquellos embalses de nuestra infancia no necesitaba mucho. Y el mundo se dividía con simetría imposible entre Orense y León, quizá Zamora. Ya no recuerdo, perder la precisión del recuerdo no deja de ser una metamorfosis. Regresarán esos paisajes. Son esos paisajes los únicos que han formado mi alucinación. Es el germen de la poética que inunda los paseos por el campo. ¿Cómo no? Alucinación e imagen de la visión. Es una hoguera que eternamente arde en mi corazón, un corazón herido de viento y acero. Hoy los días son pabellones amplios, blancos, cortinas y palomas, las nubes del verano y la lluvia de aquellas tormentas sobre los prados. Así comprendimos el mundo. Manzanas verdes, es su acidez. Perros que se bañaban el río. Río de plata umbría. Asistimos en la adolescencia a conciertos y la guitarras y su electricidad y los bajos eléctricos, cera emplastada en la madera del comedor. Mi abuelo había escrito en aquella botella: veneno. Transparente veneno con acuosa untuosidad de barniz o sangre de infante en el olvido. Bloques hermosos de madera y siglos, tomos de poesía y realidad múltiple, alucinada, narcótica. Una manera de sonreír: es la infancia y los destrozos de la edad. Rasgado el tapiz y una vez más: playas y derivas en la noche incesante, ya no es ni ebriedad ni tolerada droga blanca y escarcha: ¿la recuerdas? Es la tintura de las noches del pasado.


Plazo: acrecienta sus ganancias sin engaños, pero no es dinero lo que ella recolecta.


Espera: noche, plata, acero, serpiente, guía, café, humo, resistencia, lápiz, cuerda, serrín, lavatorio, repertorio, reclamación, fosa, nube, temblor, morfina, sangre, verde, fuego, libertad, teléfono, esperanza, miedo, tentación.