16.7.10

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Caminaban por aquellos pasillos, la oscuridad es un aviso. Nadie está libre de transitar este paso. Más bien, es una obligación. Batas blancas, zuecos azules, verdes, rosas. Es una pasión eterna que se deshace en hojas secas, en las horas bajo la bombilla y en el enfrentamiento con el estudio. Has de valorar la vida de los extraños y no te enfadarás cuando alguien intente humillarte. Nadie te puede tocar. Ahora, en este remanso eléctrico de silencio y turbulencia mecánica y el tañido de los motores de la noche, ahora, es cuando se aproxima su imagen negra, el vuelo de su capa contra los cantos de las puertas. No digas jamba, no digas dintel. No hay espera, no hay velocidad, es la tensión de los muertos. He visto sonreír a aquella muchacha, pero no era ella ya. Se finge, se destila la sangre y en ella hay polvo de oro y semillas de azafrán, por eso ese color, ese mundo ligero y evasivo. Son las diez y cuarto de la mañana y se espera lluvia en el Noroeste, es nuestro decorado.