28.7.10
12
Entre las piedras su sombrero destacaba: blanco y transparente, empuñaba una guitarra pequeña y muy usada, la cuerdas vibrantes, la corbata con círculos y definiciones aleatorias: nombre, adjetivo, cigarrillo, humo, gafas de pasta. Zapatos de charol. El músico ambulante conoce el secreto, pero no lo comunica. Esa es su fuerza.
No estuvo allí, pero la presencia no se desmoronaba.
Batas blancas, azules, verdes. El musgo es un elemento esencial en la composición de aquellos poemas, todavía permanece en el aire. La cabeza es una derrota, la deriva, la vibración.
Mil quinientos euros no fueron suficientes, el juego amasa su dolor.
25.7.10
dancing
Notas en los libros, que son las pistas que ha de seguir para llegar al corazón del asunto. No hay un brillo especial en sus ojos. Canciones trenzadas con una guitarra con sólo tres cuerda: son suficientes. La temprana muerte del frutal, se arrimó al árbol seco y aulló, los perros tienen el instinto afilado para el extracto y el fin. Eran canciones alegres, su nombre lo indicada. Pistas de baile infinitas, infinitas luces verdes, rojas y azules. No era una ciudad, no era un rayo intermitente, ni siquiera precipitados automóviles. Desapareció la noche y el día era uno de los nombres de la esperanza, despreciable virtud, ¿es, acaso, una virtud? Ríos subterráneos, alimento del subsuelo, el calor de la descomposición.
23.7.10
txt
Teatro nocturno, tren nocturno:
Jardines, huecos, serpientes de oro y plata, sentencia, ataúdes blancos, butacas rojas, el telón manchado de sangre, la pared es amarillo o es azafrán, son juegos y derivas en el sendero hacia la oscuridad fundacional, caballos, verde, fantasía o desamor, avanzadas luminarias que se esparcen por el jardín.
El fuego de alcohol y anfetamina las alimenta, con ternura, sin descanso. Una oración tiene más fuerza que [+]
El amplio salón tiene la decoración adecuada. Es del gusto de la mayoría, y en esta casa la democracia es un don brillante y atenuado por figura de la madre, pero ella asiente. Los libros se distribuyen con estudiado desorden.
Pétalos, estigmas, vasos de plata.
No sonrió al toque de la campana. Hasta ese momento su alegría era natural, campanas, brillantes campanas. El viento barre la nocturnidad, el rigor de los licores, la amistad súbita en los bares de las últimas horas.
Nadie: en la mañana, en la fría mañana.
20.7.10
oranges
La extensión de la noche se dibujaba sobre el recorte o el perfil de las copas de los árboles. Penumbra en la penumbra. Era el abrazado esfuerzo de una nueva casa en el bosque. Pensaba en una patrulla de zapadores que se interna en el bosque, y quizá en lugar de soldados son leñadores. Esos paralelismo que constantemente surgen sin ser llamados. Estaba allí la dificultad de la bruja en la media noche: no podía luchar contra la verdad de su esencia. No era aquel atado de libros y cables y artilugios con pantalla y teclado lo que otorgaba la certeza de modernidad. La modernidad estaba muerta antes de nacer. La noche abriga el deseo de los enfermos: tal que todos, pero con mayor intensidad, es la vida, su superlativa manifestación. Riqueza, bienestar, prosperidad.
Caminaban por el sendero que bordea el río. Arena, grumos de luz, el estallido vegetal de julio. No había nadie. El cielo, entre las hojas, era un esmalte. Nadie tradujo su condición mortal a la eternidad del paisaje. ¿Quién recuperaría aquellos momentos? ¿Eres tú el depositario de su memoria? ¿Se extingue la visión?
Amaba la tipografía, le faltaba concentración, indolente, los paseos son el vicio del visionario. Campos y su misterio, la naturaleza en un artefacto de difícil comprensión. No hay deseo en el comprender.
Rechaza la explicación mientras camina por el sendero que bordea el río. Ella le escucha y la condición mortal se hace patente, es despreciada y en ese momento son dioses, con toda la irresponsabilidad se bañan desnudos en el río. Agua helada, plegarias, retórica.
18.7.10
gem
Cartas que llegan sin remite. Esos buzones de acero lacado. Son vitrinas, escaparates, muestrarios de aleatoria incertidumbre. Hoy no se espera su llegada, pero se percibe su vuelo entorno al edificio. Nadie sabe su nombre, pero todos la han visto, al menos una vez. Ella, la chica, explica los entresijos de un incendio, de sistemas de evacuación y de la tardanza de los bomberos. Explicaciones nerviosas, el pelo eléctrico, viajes al fondo de un hogar vacío. Naturaleza muerta. Naranjas, manzanas, la muerte de una gallinácea, un cuchillo vibrante de óxido y yeso, manos dulces de dátiles y uvas, cómo se desgranan más allá de vívida mesa de castaño. Siempre amo la nobleza de la madera y hoy es la imagen de un santa la que descansa sobre el aparador. Luz verde, manto azul, toca rosácea, las manos ungidas por el aceite de la salvación. No son vanas oraciones, ellas serán las que nos han de salvar.
¿Fingió en el momento de la ofrenda?
Esa era la condena que había tejido
tarde tras tarde. Ahora es un vaso
colmado de agua limpia, es la tercera
nota de la escala, que se mantiene
en suspensión o espera.
17.7.10
freely booking
Reserva: en las tardes de agosto me asomaba a la ventana de mi asombro artificial o inflamado vértigo. Para contemplar aquellos embalses de nuestra infancia no necesitaba mucho. Y el mundo se dividía con simetría imposible entre Orense y León, quizá Zamora. Ya no recuerdo, perder la precisión del recuerdo no deja de ser una metamorfosis. Regresarán esos paisajes. Son esos paisajes los únicos que han formado mi alucinación. Es el germen de la poética que inunda los paseos por el campo. ¿Cómo no? Alucinación e imagen de la visión. Es una hoguera que eternamente arde en mi corazón, un corazón herido de viento y acero. Hoy los días son pabellones amplios, blancos, cortinas y palomas, las nubes del verano y la lluvia de aquellas tormentas sobre los prados. Así comprendimos el mundo. Manzanas verdes, es su acidez. Perros que se bañaban el río. Río de plata umbría. Asistimos en la adolescencia a conciertos y la guitarras y su electricidad y los bajos eléctricos, cera emplastada en la madera del comedor. Mi abuelo había escrito en aquella botella: veneno. Transparente veneno con acuosa untuosidad de barniz o sangre de infante en el olvido. Bloques hermosos de madera y siglos, tomos de poesía y realidad múltiple, alucinada, narcótica. Una manera de sonreír: es la infancia y los destrozos de la edad. Rasgado el tapiz y una vez más: playas y derivas en la noche incesante, ya no es ni ebriedad ni tolerada droga blanca y escarcha: ¿la recuerdas? Es la tintura de las noches del pasado.
Plazo: acrecienta sus ganancias sin engaños, pero no es dinero lo que ella recolecta.
Espera: noche, plata, acero, serpiente, guía, café, humo, resistencia, lápiz, cuerda, serrín, lavatorio, repertorio, reclamación, fosa, nube, temblor, morfina, sangre, verde, fuego, libertad, teléfono, esperanza, miedo, tentación.
16.7.10
0.
Caminaban por aquellos pasillos, la oscuridad es un aviso. Nadie está libre de transitar este paso. Más bien, es una obligación. Batas blancas, zuecos azules, verdes, rosas. Es una pasión eterna que se deshace en hojas secas, en las horas bajo la bombilla y en el enfrentamiento con el estudio. Has de valorar la vida de los extraños y no te enfadarás cuando alguien intente humillarte. Nadie te puede tocar. Ahora, en este remanso eléctrico de silencio y turbulencia mecánica y el tañido de los motores de la noche, ahora, es cuando se aproxima su imagen negra, el vuelo de su capa contra los cantos de las puertas. No digas jamba, no digas dintel. No hay espera, no hay velocidad, es la tensión de los muertos. He visto sonreír a aquella muchacha, pero no era ella ya. Se finge, se destila la sangre y en ella hay polvo de oro y semillas de azafrán, por eso ese color, ese mundo ligero y evasivo. Son las diez y cuarto de la mañana y se espera lluvia en el Noroeste, es nuestro decorado.
14.7.10
mapping
Electrificada alma y malestar en el núcleo de su vida:
El cielo gris era una señal. No todos los días son apropiados. Los dioses no son siempre propicios. Por lo tanto [...]. La luna se mostraba esquiva y los detalles habían dejado de tener importancia. ¿Había, también, algún tipo de señal en la violencia de los conductores? La mala educación, sin duda, es muestra de algún tipo de dolor, de sufrimiento. Aquel hombre alto y cargado de razón le riñó en el kiosco. Ella no entendió muy bien por qué le reñía. La niña le pidió disculpas y la madre sonrió. El hombre grande y estúpido le dijo que no él era tan pequeño que lo se le viese y no tenía que esperar mientras se desarrollaban conversaciones ajenas, que era un hombre ocupado. Le dijo a la madre que tenía que educar a la niña mejor. Ella no contestó, le miró con despreció. El hombre se dio cuenta de que era una mujer muy hermosa y que esos ojos negros y profundos le hacían daño, le cortan internamente. Le pidió dinero y le dijo: Deudas, ya no tienes crédito en esta casa. Llovía y los olores de aguardiente son inmortales. Compraba mapas. Tenía carpetas llenas de mapas y planos. Ciudades o territorios, topografías infinitas. No envejecía mal y el color del whisky era su emblema. Humo dorado tras los visillos, matrices, películas veladas, la serpentina de fuego que cada mañana inaugura el día.
11.7.10
sea
Tendría veinticuatro años en aquel momento. Era rubio, delgado, vestía de negro y estaba pálido. Quizá llevase un sombrero, una boina, una gorra militar hurtada a la ciudad de Londres, tanto la amaba. Su lema era el surrealismo y la existencia al limite. Existencialismo, decía, como el negro de sus pantalones, de su camisa, de sus zapatos o de la chaqueta. Allí se alzaba el mar, esa inmensidad de indiferencia y mayestática justicia: ciega, eterna, ausente. Olas recubiertas del bronce del fondo del mar, las algas magnéticas del amor, el lodo sinuoso de la nocturnidad y la pereza. Dilapidaba la juventud entre licores y sentencias, quizá la heroína fuese una vía de conocimiento. Aletas, branquias, espinas doradas. Su pelo rubio chocaba contra el viento, torbellino de paisajes y determinaciones. Ahora es noche cerrada y le visto pasar bajo mi ventana: triste y viejo, sumido en el negro de la muerte. El alcohol es el final del camino, su centro y su absoluto. Hoy no puede trabajar. El trabajo, la ocupación, la voluntad. El deseo se ha fosilizado y las preguntas que plantea su ausencia no son discutibles, nadie responde. Carga con el personaje, hogueras en los montes, fuego en las manos.
No se puede ver más allá de la propia sombra, dijo y desapareció calle abajo, la botella y el cigarrillo humeante, la ceniza es temblor y certeza.
10.7.10
plot
Letras doradas, encendida la hoguera de los libros, se atraviesa con facilidad el arco que tras el bosque oculta la verdadera amistad. Se ha sabido que sus deudas son mayores, incrementan, desvelan su auténtica personalidad. Hasta el momento se podía tolerar, hoy es una derrota incesante. Carreteras y simetrías, las playas, las calas, la bahía, esos bares donde la felicidad se llamaba cocaína y hoy son pintura espesa y plástica que recubre goznes y cerraduras. Rojo, amarillo, azul. Bestias nocturnas que se resisten a su obligación: el sueño, le presencia, la metáfora azulada del amanecer.
camino errado
en la la lumbre de un amanecer
es distante y la presencia sólo
un recuerdo
transparencia y muerte
de las letras más oscuras
de aquel libro que no has leído
porque su historia es falsa
¿cómo determinar el final
de esta fuga?
Los colores pardos del engaño y la estafa. ¿Le recuerdas? Su hinchazón, la voz campanuda, el triste látigo de su mechero hirviente. ¿Le viste aquella tarde? Hierba recién cortada que llega hasta la orilla del mar, la máquina humeante de café y licores, hay una piscina que se precipita al mismo mar que la alimenta. No son fantasmas, al menos hoy. Son muertos que han olvidado su vida y hoy duermen en el mismo suelo que él duerme. Pero no amanece y la noche es una eternidad que tiene más de 350 horas, calcula en su barullo de cocaína y cerveza y vodka con limón o naranja: es un caramelo, la golosina, la gelatina sabrosa de la ebriedad dulce. Champagne y hachís, esa combinación tan alabada, tan cantada en los aledaños de su hogar. Hoy no ha de llover.
5.7.10
sunglasses
A. ELLA:
tres cosas que adoro:
a.1. Fender Telecaster, mod. 52
a.2. Ray-Ban Wayfarer [marrón casi negro]
a.3. Polo Fred Perry, White
B. LA MADRE:
tres cosas que detesto:
b.1. La pereza
b.2. La mala educación
b.3. La lluvia
C. SU HERMANA:
lugares a los que he de volver antes de que termine el año:
c.1. Londres
c.2. Oporto
c.3. Salamanca
D. SU AMIGA:
de ELLA me gusta:
d.1. Su pelo
d.2. Sus bolsos
d.3. Su precisión
E. SU JEFA:
de ELLA me gusta:
e.1. Su puntualidad
e.2. Su paciencia
e.3. Su precisión
Madrid era una ciudad infinita, nada más.
4.7.10
rank
1. No son sólo las palabras las que interfieren con estos rumores, como la alimentación de los enfermos, como el sonido o el letargo de ciertos anfibios. No, ni siquiera se trata de su escaño, de la tarea inacabada, las mañanas de los domingos entre libros, papel y bolígrafos. Sin continuidad, porque es la ausencia del deseo. El ordenador negro es un carbon sucio, la pantalla en su tintura eléctrica, embalsamados folios. Serpentina de anís y coñac, humeante cigarrillo. Las playas no están desiertas, el mar es un deambulatorio ambiguo y regresará a su vientre. La pereza se instaló en su vida en el instante necesario del nacimiento. Los perfiles que atesora su cuerpo son cuevas sin fondo, vicios y excusas. El que nada toma en serio no morirá porque ya no vive.
2. Hace tiempo que su cuerpo es una cárcel. Detestad esa fecundidad venenosa.
3. El doble sentido, la interpretación, ese margen entre la luz y la sombra. Es el batir las alas, las palomas, sobre los tejados, espuma de la noche, espuma del aire. Jill tiene un secreto, pero su nombre varía conforme la esclusa se abre y el agua anega los prados, sentimental golpear contra la piedra: negra, gastada, brillante, quizá brillante.
4. No era la amplificación de la autopista en la últimas horas del día lo que otorgaba el brillo dorado. El oro recubre la totalidad del automóvil, por lo tanto el automóvil es negro. Había razones interiores, el prensado momento alcanzaba, así, su intensidad cenital. La intensidad está relacionada con un estado de ánimo más próximo a la lujuria que a la tarea diaria. El peaje, la cabina, la peajista y su belleza encajada: relámpago de vítreo trago: es anís, es coñac, es ponche dulce. 40 grados.
3.7.10
lumpenproletariat
Su madre, maestra en una escuela nacional, se había aficionado a la pintura de caballete en los últimos años. Ella la describía como una mujer con una gran capacidad, con indiscutible talento para el arte, (¿qué es arte?). Era el amor entregado de una hija que incapacita la visión de la realidad. Eso había sucedido anteriormente. Su madre era rubia y ella tenía una gran nariz que afeaba su rostro de una manera monstruosa, una nariz que había heredado de su padre. Se peinaba con las puntas de los dedos, casi sin darse cuenta miraba hacia la profundidad de la playa. Tenía un hermoso cuerpo, unas hermosas piernas, unos hermosos ojos, pero su nariz era la nariz de su padre, al que tanto odiaba. Un verano más, parecía decirse, pero ya he pasado de los cuarenta. Su marido se alejaba hacia el embarcadero con parsimonia, ¿le reconocía?, ella no deseaba verse en los espejos, nunca había soportado su rostro. Sin embargo adoraba su desnudez, todavía adoraba su desnudez: sus pechos, su vientre, su sexo, el vello púbico. Era la herencia de su madre, se decía mientras rotulaba cada uno de los miembros de su cuerpo. Los hijos, la ventura de las rebajas, su canción preferida, una guitarra arrumbada, sin poder detenerse, en el viento se transmite hacia el futuro el preciso detalle de cada verano y, así, se esculpen en los cuerpos su deriva. Los cuerpos tal como hoy los conocemos no son más que un esbozo de la muerte. Hoy lloverá, sin duda. No recuerdan su nombre, pero sí aquel día que discutió acaloradamente, después de haber bebido whisky barato y haber fumado hachís intenso y evanescente. Evasivas suposiciones sobre lo que en la últimas horas había leído. Jazz y detritus sobre las losas frescas de lluvia compostelana. Era Santiago de Compostela una ciudad de vampiros que se matriculaban o bien en Medicina o en bien en Historia. Lumpenproletariat, quiso explicarle alguien, sin éxito por que su consciencia se llamaba sueño o solpor. Viajes al Sur, Londres no es una ciudad, Paris habita en todos nuestros corazones. Hoy ya no es marxista y el humo del cigarrillo y el color del vermut son la plaza fija misma en su condición. Renovada, de maestrilla y madre, esposa, aburrida esposa en la terraza frente al mar.
Retratos, retratos
que se regalan en una tarde de verano
sin intención: desmayadas mujeres
y hombres que se sumergen en cerveza y tabacazo y fútbol o aburrimiento
y es la muerte conjurada que se ríe tras esos
setos y tullas y eucaliptos y ella vence, el juego
es patente dolor y es destino cierto. Zumo eléctrico de las tardes
de verano, se hunde la adolescente que un día nos amó,
se ahoga en la playa y todos duermen, ya. Retratos
en los desvanes, sin prisa, el día amanece.
Olvidó las instancias en algún bar. Pero no importa, mañana podré pedir otras. Las letanías tienen su ámbito nuclear en la repetición: mañana escucharemos lo mismo, sin esperanza. Ese era la definición que buscaban. Siempre el ejemplo aclara las dudas de los presentes, ¿lo han entendido, mis alumnos? Este es el criterio de edición.
2.7.10
chamber
¿Soy yo quién escribe...
... se pregunta ante la pantalla vacía de su ordenador. Inmensa, improvisación, desatendida fuga, prontitud, reverencia, acuerdo, sencillos bastones de marfil y ébano. Hay sobre los estuches de las guitarras un sombrero. Es un sombrero negro, rígido, es un sombrero que fue comprado en Londres una mañana de marzo. No hay más preguntas. ¿Es él quién escribe? Dura y difícil tarea, las bóvedas de las tabernas son más seguras que la oficina gris y vertical. Él lo sabe y por eso rehuye todo trabajo. Es importante la ausencia de formación para poder expresarse así, para tener ese engolamiento en la cita y la derrota. Visionarios puertos externos, son las playas de oro que los viajes han terminado por gastar. Olor de licores removidos, olor de tabaco sin precio, manos que tiemblan, el visor, el folio, la pluma. Nadie responde a su pregunta. Nadie espera que se detenga el vuelo de las palomas sobre la plaza. Claustro eterno de su útero, vejiga hinchada de su vientre, es él allí: el centro de la plaza, el dibujo de su cráneo, el tacto de la piel pulida por la nocturnidad y la cocaína. No dijo fiesta blanca, pero estaba cerca. Nada dio a entender. Había una guitarra que se apoyaba contra el dintel de la casa verde. Música de cámara. Habitación rota o herida. La hija es transparente en el cielo rojo del salón. No se oye el tableteo de la máquina de escribir. Una vez nos vampirizó, ¿con tal seguridad que la duda se torne en esa urraca que elegante surca el cielo de la mañana, hacia el trabajo, la tarea? No son supersticiones de filólogo, ni melindres de monja real en su asiento de diccionario y gramática. El uso establece la forma, nunca te olvides, dice y el vapor del alcohol es la redundancia que aletea en sus conversaciones.
Ancianidad en sus pasos cuando la pendiente rechaza: letargo y amnesia, pasión silente, arbitro sin letra, abecedario de plata y miel, viento hundido en el canal.
Es el canal su ámbito.



