20.5.09

opening - l

At the diner, the middle of the night. (Nº 5)


1. He visto bibliotecas, he visto... podría seguir sin cansarse, pero hablar de libros no es lo que hoy toca. Hoy no escribirá sobre los libros que descansan en su mesilla de noche, no escribiré sobre la poesía francesa del XIX, donde encuenta razones para explicar el presente, para explicar su rocánrol y el rocánrol de todos los que ha conocido, ha visto actuar, la lírica de nuestro tiempo y su acento maldito, la certeza de paraísos dentro de este mundo: la ebriedad o su ausencia, que como polos opuestos se tocan. Lo negativo y lo positivo, el café a primera hora de la mañana, los dibujos que cada día realiza como ejercicio de introspección, donde se debate la esencia propia en un sentido más pleno que en las entradas del diario. El ornato, la película que recubre la piel de los reptiles, los anfibios, una rana o un sapo, la oscuridad de una charca, los márgenes del río, piedras pulimentadas, cantos brillantes, un pez que se desliza entre las hojas sumergidas, una rama que se hunde, la luz entre las hojas, un grumo de sol sobre la lámina acerada, en ocasiones negra, negra profunda, la ausencia permanente de una certeza. No he de buscar, escribe. Ha visto fotos en blanco y negro: setenta años antes, enlutadas, la piel cuarteada, pero si se observa con mayor detenimiento es perceptible lo intemporal de sus rostros: hoy podrían estar a su lado en el metro, en la tienda de ropa, en la cola del cine. Y con las mujeres de la cola del cine sucede otro tanto de lo mismo: serían mujeres enlutadas y con pañoleta negra y mano devastada por la azada y la hoz, con las espigas del tiempo en los ojos. Todo es disfraz, todo es teatro, todo es carnaval. El aprendizaje de ese papel lleva toda una vida de colegio, enseñanza secundaria, universidad y trabajo, bodas, funerales, bautizos, comidas de empresa y viejos compañeros de promoción. ¿Son los libros el refugio, el veneno o el antídoto? Nada dirá sobre ello, nada habrá de escribir al respecto. No he de buscar, vuelve a escribir.


2. Yo le envié un dibujo a París, su ciudad por elección y él me remitió un sobre con pétalos de rosa, una rosa que a él le habían regalado: un negro de sangre cuajada, el rojo olvido de un grana que ya no es, polvo viejo sobre la seda y y el terciopelo de un instrumento musical (es es el color que he elegido, con sus brillos y sus aguas). Sé que conserva mi dibujo, y es anómalo con un mal poema, que es sentido como un mal poema, que tiene la verdad de los malos poemas, pero era, así, necesario. Es instante que tiene la correspondencia, ese jugar con la carta sin abrirla y París está allí, a la espera de ser despertado. Paseé el día de mi cumpleaños con las cartas del único que me interesa bajo el brazo y las olvidé en un bar de pálidas luces y escasas diversiones: cartas, fútbol y vino barato, vino caro, vino negro y espeso.


3. La ciudad no ha vencido. Se perfila entre las nubes y se evapora. Otra página que no ha de leer.


4. ... el trabajo del mendigo, la cama y el caballo, la mano del viejo, el silencio del borracho, el aburrimiento del oficinista, cristales, escaparates, letreros, Coca-Cola, vino, el descanso, la tarea, la perfección, lo exacto y el dolo, un salto y una llamada perdida, no se puede calcular: treinta y dos euros con setenta y ocho céntimos en el bolsillo en monedas de dos euros, un euros, cincuenta céntimos, papel de plata y la promesa de la cama fría de la pensión, los coches se alejan por la avenida con sus luces sin fiesta, trazo rojo en la noche, altas luces de tranquilos hogares: allí uno escribe sus cosas y tiene un café y un bollo en la misma mesa donde escribe: su pluma, su tinta, el papel que su mujer le regaló en el último cumpleaños. Ha levantado la cabeza y sabe que en esas casas honradas hay venenos peligrosos. Es una inflamación que se funde con el tedio, pero siempre hay una ilusión y todo arte es ilusión. Artificial, artefacto, artimaña. No seguirá con ese juego de palabras y relaciones frágiles, no hay relación posible, a salvo del crematorio. Hoy, al menos, dormir en acuáticas sábanas y resolver el debate del sueño y sus fieras...


5. Jeringuillas, ese líquido marrón, ese polvo marrón, flota, y flotar es vivir, porque no hay otra cosa y las luces son la compañía, dormir con las estrella, bajo ellas, entre ellas y el parque es dulce en primavera y en verano, es todo verdad en invierno, en otoño los árboles son parte de nuestra biografía, en embolo cumple su función y la sangre es su alimento, ay: vampiros que somos o fuimos, ya no somos salvo el pálido reflejo que la noche permite, ese es el rastro humano que se soporta.