El símbolo y su simetría: días en el campo, fruta y árbol, la ceniza, el fuego y la llama, estrías, separación y señal. Las campanas sonaron y el campo era un infinito océano donde se debatían los fantasmas, los demonios, las transparentes escenas del pasado, con su muelle realidad, el entorno ceniciento que el recuerdo establece. Ahora, pasados los días, allí se preserva la cura. Música y tabaco, sin ebriedad. La elaboración de papeles (informes, notas, cuadros, estadísticas, ventas, compras, haber, debe, concesión, detracción, atraques, pliegos, ese etcétera que sobrevuela las habitaciones del que con papel trabaja) tienen la irrealidad o la desconexión que rompe una sana definición de trabajo. ¿Es acaso, trabajo? Las pantallas del ordenador flotan en libertad, los teclados son una frontera, la CPU una caja, un recipiente, un segmento que contiene todo el papel, pero sólo es una ficción cargada de verosimilitud, pero sólo eso: un espejismo. Y luego: su impresión. Tinta negra, escoria, tóner y vasos de plástico donde tomar agua para las gargantas resecas, la palabra y la comunicación, el gesto y la señal.
La pierre sent toujours la terre maternelle.
Les premières communions - Rimbaud
Esa cita en el diario compone la ciudad, le da una estructura y pronto ha de ir a su trabajo para solicitar la baja. Las caras en desuso, las caras que han perdido lo cotidiano: grises rostros bajo los grises focos. Hay que entrecruzar las posibilidades y dejar a un lado las certezas y la razón y el cálculo que hasta ahora ha guiado mi vida. ¿Cuándo se produce el cambio, dónde se produce el cambio? Pero hay cambio a pesar de no poder delimitar sus dimensiones, porque es imposible, porque todo intento es vano cuando nos alejamos de la razón; un inventario de luces, la iluminación que surge de la tarde de verano, entre ebriedad sin venenos y cuerpos desnudos, el río y sus márgenes, el filo de un cuchillo: su uso y su muerte.
Sombras, árboles, tierra, tierra negra, la arcilla, agua y cuerpos desnudos.