18.5.09

dimanche

Fue en un paseo, una tarde de domingo: tras la lluvia, entre niños que visitan museos y les regalan globos rojos, bombones y  helados, café con hielo, cigarrillos a medio consumir, deportivas y zapatos de tacón: afilado y breve, música electrónica que induce a un reposado ritmo, pasos y escaparates, ropa que nunca se ha de comprar, pero se admira en los demás, una guitarra que desciende desde una habitación: ni es eléctrica, ni es acústica, ni es española, ni es clásica, sólo es una guitarra, el número de un portal: aluminio o acero, la espina de la trama urbana, son casas viejas, ventanas, marcos verdes y un letrero dorado que indica que allí hay una mercería, medias y sujetadores, bragas, pañuelos y pijamas, ovillos y botones de oro, de plata, de bronce, calcetines y pantuflas, los niños visitan el museo y ellos son los únicos que atisban una cierta comprensión porque no existe tal cosa: no se trata de entender, ellos no lo saben y por eso aciertan, con respuestas y sin preguntas, con  preguntas y sin respuestas, Gnossienne 04, se desliza entre los pliegues de la gabardina.