Otros hablaron por ella, pero ella guardó silencio:
1. Mi penitencia es ver como se deslizan en las tiendas de golosinas esos ebrios e indignos espectros, en busca de helados o pasteles de color rosa; mi pecado: el último e íntimo conocimiento de su persona, que tras el cristal o el espejo es para mí transparente. Allí, en su sensual desarreglo, los sentidos rotos o traspasados o en molienda, veo lo que nadie debe ver, mucho menos la niña. La hija espera levantada y él es güis-cola y cocaína fresca de adolescencia prolongada. Pronto ella recibirá la Primera Comunión y junto a la ventana espera que su padre llegue del prolongado desarreglo: no hay un fin y no hay un olvido, nada es recordado, salvo las palabras de otro borrachín en un banco con su bolsa de dibujos, su pelo engrasado, su bolígrafo y el bloc de dibujo: otra penitencia: violenta palabrería sin estilo y con ambición, pero nadie escucha, sólo su hija espera en la ventana, su padre no está bien, nunca ha estado bien, pero tiene su apellido y su mismo rostro. Vestirá el traje y la corbata, los zapatos y el vino será fresco y lleno de agujas de acero, en su lengua cobrará otra bolsa de calderilla, empatar, cálidos manjares: sopas de pescados asirios, muslos de ave del paraíso, infierno de bordón y barniz de licores y en el baño habrá tiempo para darse un retoque, un poco de limpieza y la sobriedad de la cocaína. La niña ha recibido el cuerpo de Cristo y él recibe en sus aposentos todos los demonios nocturnos de los últimos quince años, mucho antes de que ella naciese, mucho antes de comprender cómo llegar al centro de ese conocimiento: noche, lluvia, subterráneos, botillería, inmersiones, peligro y taquicardia, el mundo imaginado, verde profundo, ahogados, retorno y extorsión y monos furiosas que agitan sus dedos al aire y chillan por vergüenza y callan por cansancio, cabezadas en los portales, sillas de oro, polvo de oro, perros dorados, insectos en la solapa y ese es el traje de mosca y esmeraldas, grillos y plata en los dedos, zapatos y arañas que neutras definen la trayectoria de un desmoronado beso: la mejilla tierna de la niña es rosa y la comunión es importante.
2. La he visto en las caferías con su periódico, con su café con leche, con el cigarrillo rubio manchado por el rouge. Lleva, siempre, libros de cine y Dvd's de películas mudas, películas en blanco y negro, películas que ya a nadie interesan y así se lo han hecho saber. Tiene el pelo lacio y un gesto de lucha interior, indescifrable, toda la mañana con los periódicos. Ya no sale de noche, ya busca el baile, ya no presenta sus guiones a concursos de guiones, pero va a seminarios y se pierde en los cine-forun con fruición. Tacones, faldas cortas, jersey de cuello vuelto, cuero y oro, violetas imposibles en los párpados, acero en los lóbulos, sus orejas perfectas, su nariz un poco grande, colonia limpia y amarga. Se confiesa los últimos sábados de mes y comulga. Nadie sabe por qué, pero él la abandonó poco antes de la boda. Le ve ahora pasar, a lo lejos, con un niño que podría haber sido hijo un hijo en común, él y ella, pero no es así y parece no importarle porque tiene su cine, tiene sus creencias, tiene su periódico y tiene su café con leche, cada mañana, durante todas sus mañanas.
3. Apuntes del natural, tomados sin ninguna intención. Adjetivan el discurrir de los días, de las noches y de los puentes entre una y otra hora, ese intervalo, esa protección.
4. Espero y la noche es espera y allá a lo lejos veo las luces, esas luces que ya no distingo sin esfuerzo, luces y tenebrosas estancias, apenas iluminadas: son el entrechocar de botellas y demonios de agitada y oportuna conversación, botella en mano, cigarrillo y antorcha de grito y trueno, la música no aplaca su furia sin destino y permanezco ajena. Prados, hierba de otoño, vacas y caballos, conejos en sus madrigueras, sus muslos, el pelo y la fibra, el músculo, el fuego y la olla en el fuego, nada se advierte tras las pesadas telas, todo lo cubren y son negras de pobre drama familiar, llegar tarde y no encontrar cena, sábanas húmedas y la soledad y el ebrio talento ya se ha secado y palabra tras palabra, flota en el humedal que es ese bar, ese sótano revestido de madera y laca y olvido.
5. Aviones, cristal, humo, escoria, plástico, corazones robados. Movilidad, petición, exceso y desarreglo. Otras luces y el censo de luces: Martini a las horas impropias.