Despertó tarde y la ciudad era un descubrimiento. Podría imaginar las posibilidades, pero debía tomar una determinación: encaminarse hacia la oficina y comenzar a deshacer la madeja. El comienzo determina el final. Llamó a su padre, pero no cogió el teléfono, quizá fuese temprano, quizá no tuviese batería, quizá se lo olvidó en cualquier lugar. Se sorprendió a sí misma: al contrario que en otras ocasiones no le causó ninguna preocupación, no pensó en lo peor, no entró en la espiral de dudas y premoniciones incumplidas, siempre incumplidas. Nada de aquello que pronostiques se habrá de cumplir. Tiendas de alimentación, bares, ferreterías, el barrio y sus laberintos, el conocimiento sobre él se acrecienta, la distancia crea la perspectiva, a lo lejos su dibujo se difumina y otorga un conocimiento exacto. Los perfiles dan lugar a una confusión. La vida es una construcción, una construcción social [así se titula aquel libro amarillo que nunca terminó de leer]. Las líneas de la mano son o no son invariables, ¿esconden algún secreto?, ¿hay algo más allá del racionalismo que ha gobernado su vida?
(...)
Belle d'abandon,
Au bout d'un bâton.
el sonido de las palabras en un índice, los pequeños detalles construyen el día, su suma es superior a su totalidad, a lo lejos: antenas, tejados, gatos, pájaros negros, deportes y esfuerzos, un bazar chino, un vendedor de alfombras, el título del alcohólico, del ludópata, la mujer que compra para su familia, la ropa del domingo, la ropa de diario, una Primera Comunión, el futuro y sus incertidumbres, teléfonos y recuerdos, llamadas no devueltas, la cálida piel de los adolescentes, su sudor limpio y sus límites, sus impulsos y sus transiciones. Ahora el día comienza y su prólogo es su epilogo.