Sin prisa, paseos y el olvido de la tarea pendiente: no es una costumbre, no es un hábito, es una experiencia nueva que resulta opuesta a sus inclinaciones: dejar a un lado la mujer responsable, la alumna aplicada, la niña del sobresaliente y los buenos resultados deportivos, su atractivo y en el fondo un grupo de personas parecen hablar mientras gesticulan.
(El parque: senderos, cedros, hierba recién segada, carreras, globos azules, rojos y verdes, las nubes que ya no rasgan el día, la oportuna canción que casi no se adivina, deviene la guitarra y se eleva una voz y la letra es incomprensible, pero se intuye en el recuerdo de algún café, mientras desciende de un viejo radio-casete, un cigarrillo y su ropa: los zapatos bajos, las medias, negras, la blusa azul infierno, el collar negro, la chaqueta gris, la falda gris, el pelo recogido y las gafas de sol: negras, quizá setenteras, quizá con un punto de rock o de un pop de maldito y eléctrico y nocturno acorde menor: un Mi Menor, un Do Mayor, un Fa Mayor, un La Menor. Podría estudiar ese fluir y determinar una melodía, podría ser, pero está en suspenso y así desea mantenerse, centrarse en el panorama y disfrutar de cada detalle).
Sin prestarles atención, sobrepasa al grupo de personas: un murmullo, una sombra, un espejismo. Hoy habló con su amiga, aquella que conoció diez, quince años atrás. Y hablaron como se mantiene su amistad a lo largo del tiempo y las cosas que las unen. Ninguna ha renunciado a la lectura de novelas: las novelas ocupan su espacio en la mesilla de noche, tienen una vida más allá de cada noche: como si pudiesen contaminar el día y los sueños. Ellas lo saben, pero no dicen nada. El ejercicio de la pereza es un descubrimiento, y al otro lado la amiga se ríe y después añade: me alegro, por fin enlazas París con un centro de gravedad, o ingravidez, tratándose de lo que se trata.
El parque y los niños y los perros, las madres y los kioscos y los bancos, los ancianos y los cedros y las palomas. Una estática atmósfera la envuelve, termina la conversación y entiende París no como una ciudad, pero también, sino como un esquema, un mapa sin plegar. Nec metu, nec spe.