Reuniones que se celebran poco antes de las tres de la tarde,
el viento, la lluvia, el aire acondicionado o la calefacción,
y es el sol de agosto cuando se agota
el salario, las prisas, el vino
y la cerveza, reuniones donde se trata la nada
como si un asunto fuese, y nos
miramos, en el silencio de esa hora,
si el viento se detiene,
y el sueldo es escaso, no alcanza la paga,
los niños juegan en el parque y la luz
ha traspasado el cristal para iluminar el bolígrafo,
la pluma, la ceniza o la espuma. Porque son
los días el último capital, porque se han disipado las esperas,
nidos, mascotas, víboras, aletas, escamas, canciones,
rosarios que hoy son palabras y mañana
viento.