1. Las temperaturas han ascendido. El polen se distribuye por el paisaje y llega hasta la ciudad (¿la ciudad también es paisaje?, ¿es conveniente que la cuestión quede en suspenso, sin respuesta, sin investigarse en los libros que en la habitación de los niños duermen?) . En los estanques se posa ese polvo amarillo y ella tose, se suena la nariz y estornuda. Hay un tipo de guitarra que me gustaría conocer su nombre, pero quizá sea imposible, simultáneamente innecesario. Han bajado por la cuesta y tienen un color amarillo ceniciento. Es un tipo de olvidos y se desvanecen las cuentas pendientes, pero eso no nos libera del pago de la deuda, aunque el pago ahora sea otro y el dinero o los favores ya no le interesen. Me ha sonreído al pasar, una vez más: negro profundo y absoluto. Nos gustaría, pero no podemos. Hay un encendido o esmaltado verde en todo el paisaje a esta hora del día. Son las turbias murmuraciones en la habitación del moribundo, sus familiares preparan el entierro y él ya no puede oír. Estar colocado, en lo alto, vino y champagne y cocaína o hachís, recita aquel chico de las zapatillas aerospaciales, plata y granada cartera de brillo y dureza diamantina. La noche es altura y espacio y las luces transforma la ciudad en una ordenada fosforescencia. Atraviesa el pasillo el confesor o el psiquiatra. La últimas horas son las primeras de la muerte. ¿La has visto pasar junto a nuestra habitación, cómo volaban sus faldas de viento y transparencia negra absoluta? ¿No? Me sonríe, lo sabes, por que hoy estoy ocupada y no puedo parar, me dice, pero siempre, siempre estaré contigo, siempre.
2. Reverencias, blanco, oro, verdad, oculta verdad, serpiente, repentino dinero o azulado rizo de estampa victoriana en nuestra espalda, ¿tatuajes en violeta profundo tinta de libro infantil?, es aquella ciudad que ya nunca me ha de abandonar, iría contigo, amigos, quizá dos o ni siquiera eso, pasión fútil, el puente es mi razón, lo cruzo y el otro lado del río ya no es la orilla pobre, Vauxhall, todo el río hasta su corazón se muta, ignorancia.
3. Otra vez: reverencia, blanco, oro, verdad (…)
4. Café helado en las tardes laboriosas de agosto en las terrazas que se abren ante la playa. Hemos, al fin, abandonado el tabaco, sus circuitos y esclavitudes. La libertad siempre tiene algo de negación. Cada metro ganado exige renuncias. Café en el que los hielos flotan y la distancia es un seguro. Toldos azules y blancos, colores, cristales, uniformes, sonrisas, monedas, 66.319,40 KB.