1. Error. Sin sacrificios no es posible lograr nada. Sin una meta, la totalidad es difusa. Hay una necesidad, es la flecha la que determina el disparo. La bala traza su trayectoria y en su interior se deshace su naturaleza.
2. Cristal. La elite se da por sí misma. Es una imposición. Supervivencia.
3. Ginebra. Pintura, hélice, aspiración, el verde mar/el mar verde. Las visitas a los enfermos, espirales, simetría. Su sabor antiguo y escenario, que son imposibles, pero atravesados de amor. ¿Es amor? Hay preguntas que en suspenso flotan sin destino.
4. Soledad. Las tintas azules, el puente de hierro, los enfermos en las últimas horas del día, el trabajo, los días festivos, ocasiones, rebajas, las luces que en la noche son infinitas, pabellones deportivos en el medio del campo, viejos eucaliptos, prados, alpaca, ante, zapatos venecianos, humo de hachís, tumbas, los altos cementerios de Londres, tú y yo.
5. Calles. Las descripciones que realizó al calor de la chimenea no eran del todo inexactas, sin embargo pecaban de una molesta tendencia a la exageración. ¿Era un truco, un burdo truco? Su rostro enrojecido, el cigarrillo a medio consumir que cuelga de su labio inferior, como un apéndice, los ojos cargados, el pelo se deshace en caracolillos hacia la nuca, son sus mofletes y se llama Nadie. Era un buen jugador de tenis, tenía seguridad y aplomo, pero en otro tiempo todos eran así, hoy fuma, hoy sus discursos son fin de año y champan y cocaína. Le pidió a su hermano dinero y consiguió retrasar lo inevitable. Ayer le vieron cerca del río, después de sus discursos, sus digresiones graciosas, extemporáneas, difuntas.