1. [11:37, 12 de abril de 1993]. Apenas había dicho nada. Comenzó a llover. Guardó silencio. Fuera, después de cubrirse el cielo, volaron pájaros negros. Sonó el teléfono. Era su hermana desde el otro lado del canal. La ría nos separa, la bahía nos une, pensó. Todavía estaba por determinar la cuantía de las obras que se emprenderían en la casa de la madre, la casa que ambas habían heredado. Pero no la llamaba por esa razón. Había algo que la angustiaba. ¿La enfermedad? El dolor se centra en mis sienes y recorre la frente, como un látigo eléctrico, como si pudiese intuir una chispa en el interior, en mi interior.
En el salón había tres cuadros. Uno le gustaba especialmente: una casa de campo en la campiña inglesa, ovejas, árboles y un pastor. Se centró en el pastor y trató de consolar a su hermana, pero sabía que eso no era posible, ella guardaría silencio al otro lado y asentiría.
Sus dolores de cabeza eran uno de los problemas, sin embargo había otras dudas. Dudas que le producían esa inseguridad, esa incertidumbre, ese desasosiego.
¿Comenzaría su tratamiento?
La salud, el dolor, medicinas, velos, incendios, recaídas.
Recordar hoy aquellos días es recordar una sistemática, un protocolo. Como si existiese un libro en el que se detallan los pasos, el acuerdo, los ritmos, las instrucciones de uso. El comienzo de la enfermedad no sólo es un inicio, es allí donde se muestra el destino.
La angustia.
2. Espacio. Los libros se apilan sobre la mesilla de noche: la Historia de la drogadicción, la psicodélica y la eterna poesía, ámbitos, malditos, los poetas malditos, el arte de la palabra, Londres, Gran Bretaña, París, Zamora, Schopenhauer, Baudelaire, la locura, pozas, playas. ¿Dejaría de llover por la tarde?
3. Ciclos. Deseaba aprovechar la tarde del domingo para pasear. Lo necesitaba como otros necesitan sus medicamentos para paliar el dolor y la angustia. El cansancio físico está más allá de la farmacología. Nadar, correr, bucear, paseos, el latido del corazón, el aire en la cara, la circulación y el ritmo cardiaco. Llovía y los cristales eran una informal representación de paisajes entrevistos durante la tormenta del sueño. ¿Pesadillas?
4. La oración. Una habitación oscura, sin ruidos, el centro de gravedad del cuerpo, desestimar la posibilidad de las extremidades y los órganos exteriores. El sexo de hace viento.