24.10.09

vampire

Vampiros. Es el fuego de la primera hora de la mañana el que abrasa a los que regresan de la alegría y la noche y las mujeres y los hombres y el whisky y el tabaco y el hachís y la coca y el transparente vestuario y las decenas de conversaciones atropelladas entre música y desorden de acordes y escalas. El fuego de la primera hora de la mañana calienta a las mujeres que van a su trabajo, ilumina a los niños y las escuelas son un castigo eterno, pues no hay otra manera de penetrar en el núcleo y en la totalidad. Tareas, destrezas y evaluaciones. ¿Recuerdan ellos su infancia mientas caminan o caminan porque nunca la han podido olvidar? Las cuestiones se suceden desde el balcón porque es allí donde se contempla el regreso. Los puertos, las gabarras, los puentes y el frío de la lluvia en otoño. La calle está cubierta de hojas muerta y los jardines aparecen lejanos, no recuerdo nada, a penas una cabina de teléfono y un número, esas hojas volanderas que anuncian placer, quizá ahí esté la clave que ha de iluminar los pasos, las dudas, el regreso a la cama, al féretro.