2.10.09

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1. No era tarde, los abrigos estaban sobre la cama, azules y verdes, como un fondo marino sobre el que vuelan los pulpos, las mantas y las transparencias de un vampiro. La fiesta comenzaba y terminaba con las misma palabras. Mares interiores, libertad, lecho de amor y compromiso. El azul de media noche, polvo en suspensión, el viento agita las hojas de los árboles, chimeneas, amarillos globos, escaparates y coches carísimos, acuáticos bebedores, ginebra y peces de oro o plata, una de las primeras en llegar fue ella: en su brillante azul de lentejuelas, gatos y bolas de acero, sobre el negro: blancas líneas, el no ser visto, fragmentos y la radio sin interrupciones provoca risas y limones, gigantes, depredadores, el cuerpo y sus esclavitudes, quietud, pronombre y adjetivo. 


2. No era tarde, pero se debía marchar. El día siguiente sería largo y complicado. Le daba pena dejar la fiesta y sus oportunidades de conversación. Vestidos verdes con lunares blancos y zapatos rojos y gafas de pasta blanca. Dejó la copa sobre el velador, se encaminó a la entrada y se despidió de todos con un movimiento de la mano derecha, como si una reina que saluda, como una princesa que parte en su barco. Luces rojas, fábricas y el parloteo, el taxi, su negro noche, las medias, la falda, el bolso blanco, el recogido, el palpitar del champagne, la vibración del tabaco en la lengua. 


3. No era tarde, el despertador golpeaba las paredes. Mil muchachas se duchan simultáneamente, alfiles, regresan a casa los líderes y los vasallos, ninguno es bueno, canteros y afiladores, vengo del futuro para ayudarte (dicen en el televisor, porque el futuro es neutro), el polo norte, el año sin verano.