Como escuchar el trasvase. Esperábamos cerca del río la señal, eran temporadas más fructíferas, al fin y al cabo se requería una mínima formación y con aquel subir y bajar escaleras con paquetes, fotocopias y material de papelería no había tiempo para nada.
Las ciudades tenían un laboratorio y un incendio y no era el tema, es decir: pedir y reclamar, aburrimiento, esos hombres que cercan la oficina con sus peticiones y exclamaciones, es la diferencia, dos novelas, sin satisfacción, la experiencia es intercambiable.
La experiencia no es intercambiable.
Carece de interés. Supermercados, el parking. Atravesar el río y desde los puentes arrojar monedas. London or Paris: I don´t know it. El fondo es dorado, pero al no llegar hasta allí la luz, la escama del pez se perfora y se dibuja su látigo de plata y muerte. No hay lugar más especial. Afeaba su conducta al tiempo que destinaba cien euros a los gastos en licores para el semestre, pues no se debía sobrepasar esa cantidad. Es fundamental ordenar la botillería. Le vio y habló con él, fue una gran alegría y una esperanza tonal, el tornasol de su estrategia, eso no lo permitiría y sin embargo iluminaba los rincones de aquella casa. Luz naranja, cada martes, cada navidad, todos los veranos. Funesto monedero falso.
La experiencia carece de interés. Acercar la silla, trenzar diez notas, atacar el acorde y doblegar ese ritmo, la lentitud y la masturbación. Hoy olvida y el trueno es señal y pecado.