Había un destello divino en sus ojos, un brillo que hacía transparente la conversación y ese su estilo en guantes, botas de ante, terno de raya inglesa y la corbata roja sobre todo el atuendo gris, oscuro, formal. El rojo es mi color, color de sangre y color londinense, porque estamos unidos en una íntima comunión de destrucción y reconstrucción. Era una hora propicia de licores y venenos, aligerado el equipaje de las presentación su aura era ilimitada y fértil, las gafas redondas y amarillas en su cristal exacto, gemelos de plata y amatista, la rosa tatuada en el envés de mano, que no es más que un rojo intenso y espinas. Se adelgazan los días y un invierno de lluvias eternas y recogimiento casero se traduce en lectura y música. Sí, su investigación era el año 1966 y el año 1967, porque, así lo afirmaba con la justa contundencia, entonces se gestó todo lo que somos hoy, ¿sin más?, Rimbaud planeaba sobre la conversación y los aposentos de la noche eran pantanos y bosques victorianos o invernaderos donde el cristal hace torres y las torres son el espejo de los ríos y los ríos exclaman: la libertad es una conquista interior que gira sobre el eje de la negación.