Recordó las aulas de la infancia, el café era un aliciente durante la mañana, todo había salido según lo previsto y la noche esperaba expectante, como un pequeño gato que sabe cercano el regreso de su dueña y para adquirir golosinas y galletas de hígado de pescado se acerca a sus piernas y frota contra ellas su lomo. A la luz de los faros del coche negro la casa era una imagen de fantasmas y dianas entre el rosa y el naranja, era su ventana: pop y estrellada de canciones y sueños entre tristes y enamoradizos. Cuadros entrevistos, tazas de té, agradecimientos, la profundidad de un bajo acústico, algo que hizo sin ella pero resultó beneficioso para los dos, la profundidad de las noches y la soledad de las maravillas del mundo. El mundo moderno, incomprensión y soledad, las guitarras eléctricas en sus estuches como ataúdes, el peso de una moneda sin valor, los paseos por la ciudad.
Caminar entre la alternancia y el desasosiego de las deudas.
- Pronto le quitarán el piso donde vive, terminará debajo de un puente, si hasta lloraba por teléfono, pero eso sí: todos los días compra el periódico, pero le debe a todo el mundo: familia, amigos, compañeros de trabajo.
Cuando le volvió a ver se encontró con un hombre diferente, ahora sabía algo más, un acento o una (...)
Dvd's, activo y pasivo, zapatos blancos y camisetas con la bandera del país, cercano a la cuarentena todavía disfrutaba de su adolescencia. La adolescencia rebasa las edades, es un estado alternativo, sin compromiso ni inspiración, sin opinión, sin punto de vista, alejado de las instrucciones para vivir, entre la espada y la pared siempre cabe el salto. ¿Saltará hoy? Hoy hay concierto y la sala es algo más que música y alcohol, sus padres iban a misa y comulgaban, él trata de suplantar los zapatos blancos y lo logra noche tras noche. Hay trabajos que permiten extrañas aristocracias. Hoy será una gran noche. Agita su guitarra y ella responde con rabia: sí, la verdad es tuya y sólo tuya, escupe contra el viento y, a pesar de ello, ganarás. Siempre ganaras. Paul Weller - Live At The Albert Hall, suena en toda la casa [no carece de buen gusto] y todavía hay algo en la música (...) que no deja (...)
ending (...)