30.7.09

vert

34

1. Presión. La gente se dirigía calle abajo, hacia la rivera. Reían y gritaban, desde su ventana observaba todo aquello y no lo comprendía, algo había que se le escapaba y eso era una desorbitada inquietud, un alejamiento, el extraño o el raro en la ventana, el raro, redundante y preciso, al que nunca se le ve o se le oye, el margen de la normalidad, la línea roja tras la cual no existe más posibilidad que la sinrazón, o el silencio. Como si no fuese más que el anuncio de una catástrofe, su presencia en la ventana parecía, a él así se lo parecía, desafinar en el conjunto, una discordante nota. El recorrido hasta la rivera era, en su opinión, una estupidez. Regresó a su escritorio, pero era difícil concentrarse, había un ruido excesivo y penetrante. Subió el volumen de la música y encendió el décimo cigarrillo de aquella tarde, fumó con delectación y parsimonia, la columna de humo se elevaba hasta los altos techos, estudió el muro de papel que suponían los libros heredados, los comprados y los regalos, allí estaba para confirmar su personalidad [qué palabra tan desagradable, porque preferiría un vacío más extenso, sin necesidad de la precisión que personalidad implica]. Pronto todo eso sería destripado: bastaba con morir para que cada libro buscase un camino diferente, separado de sus congéneres, así también le sucedería a los pequeños objetos que se amontonaban en las estanterías: gatos, llaves sin cerradura, cerdos, dados, matriuskas, dedales, tijeras, mecheros, pistolas de agua, barras de labios. Sin embargo, eso carece de importancia, no tiene peso ni substancia, sólo son objetos. Lo últimos viajes tenían la capacidad de entregar toda su carga metafórica y venenosa, círculos que se cierran.  Demasiado evidente el paralelismo entre la vida y el viaje, difícil de soportar: angustia o ansiedad, podría elegir, pero prefería continuar con la visión de su colección de adminículos y detalles con gusto y significación. Mientras, en la calle, la fiesta continuaba con su tiempo y su ritmo, indiferente a la misantropía y la reconcentración, a la anulación de la humanidad y su concreción.


2. 34 años. Vio a aquel chico salir del vídeo-club. Ahora estaba calvo y su cabeza parecía abombada, como una mala restauración, quizá hidrocefalía, quizá no. Caminaba tranquilo y no dejaba de mirar a un lado y a otro con interés. No recordaba su nombre, pero sí su voz, su risa y el estilo pasmado y ausente de su rostro. El hachís adornaba su rostro y sus ojos, hundidos en la fuerza de la sangre, inyectados y en permanente poética del hambre: estaba muy delgado porque sólo se alimentaba de bollos de leche y café cargado, en las pausas de su trabajo de recadero y esa era la solución a la carencia de amor: las películas y la música en pequeñas porciones, pero diarias y constantes.


3. Noche. Una naranja en la mesa, en la nevera un jarro con agua, limones y un pez sin nombre. Podría retomar su afición a las acuarelas, pero no consideraba que aquel fuese un momento adecuado. Había restos de ceniza sobre la cama y un paquete de cigarrillos vacío sobre la mesilla de noche. La luz era débil y la música en la calle un estruendo sin forma, una percusión insistente y gritos, reventaba el cielo, de vez en vez, una trompeta, el grito de alguno y silbatos y tambores intermitentes. Bebió agua hasta que le hizo daño. Sintió el frío en su pecho y la noche era olvido y calor de verano, el frío en el invierno y en el pecho.

vanished

block

28.7.09

gum

ballroom

A. Espacio: he amado las salas de baile como nadie antes lo había hecho, sus luces y sus colores, los tapizados, el veneno de los licores, los pasos en falso, los discos y las muecas, el brillo de una navaja o el acero de un beso, la presencia de la cocaína en mis venas, he traído de lejanos países el beso ardiente del hachís y la mano amiga lo ha derretido como si entrañas de un ave fuese, así se aventuraba la sucesión de los días y las noches. Ahora vivo y recuerdo, anochece y en la cama pienso en todos aquellos que inauguran su nocturnidad, en el estallido de fiestas y carpas y circos y payasos con la botella en la mano, con su adicción alcohólica, se reflejan en mis gafas (es la hora de la lectura y en ella los fantasmas son menos dañinos, así es el aquí y ahora donde los conjuro). No, es el sueño el ámbito único de palomas y pulsaciones, mi corazón marca el ritmo del baile más allá de las casetas del río, sabor de coñac viejo y espuma de verdades y coños dulces e hipnóticos. Tapizado eléctrico, madera enhebrada sobre la superficie pulimentada que es acero y vidrio, su boca es brillante y sus palabras son fluidas corrientes de vértigo y amor, amor por los animales salvajes y la corrupción de la sangre y la música eterna de una eléctrica guitarra entonada o afinada en un Sol menor que da a todo la tristeza figurada de los últimos paseantes, glorias menores de la provincia.


B. Piedra. La presencia de aquel vinilo snob (esa es la palabra que empleó durante la conversación, vino y cerveza y tabaco en un bar del puerto) fue la constante de su juventud. Ahora puede decirlo: 1965, estalló la música y la música era la razón de aquellas noches, el pelo largo, trajes de terciopelo malva, camisas rosa y zapatos de charol con hebilla de plata, gafas de sol y asimétricos cigarrillos. Así engendraron a su primera hija y la música escribió un destino que se cumple día a día, la niña nació en mayo de 1966 y era tiempo de ahorro y pasatiempos gratuitos. Escorzo. La silueta otorga una idea, es la persecución, la captura de las metas y los giros, así aparece la luz y la sombra alimenta los barrancos. Cambian las conexiones y se mantiene el ritmo del flujo, hay nuevas válvulas que permiten una mayor afluencia y coloración de los motivos, se elevan las finas briznas de hierba hacia el sol, su verde transparente es el dolor y la posibilidad, hay caminos entrecruzados y manos abiertas. Habla sin contención y su hija es un idea, un algo, una vacía estructura de penitencia y compulsión, así lo dice, así llegan hasta el mar sus palabras.

pale

danger

24.7.09

try

1423

1. Viento. Las grúas del puerto son verdes y azules, sus perfiles son hermosos los días con sol en la última hora de la tarde: se recortan contra el cielo y la estructura desaparece y la silueta es algo más que hierro, cableado y cristal. Hay monstruos submarinos que emergen durante el verano y se deslizan por las playas hasta alcanzar los apartamentos y los chalets, despacio, allí se instalan. Flotan en el aire banderas y banderines, colores y triángulos, plástico y tela, el tacto de la noche. Las verbenas se multiplican: conjuntos de diez o quince personas esperan en la carretera, hay una mortecina luz que les indica el camino y una vez más se produce el milagro: el baile es la música y la música es el baile, en su íntima trabazón. No contestó y la arquería se desdibujaba.


2. Reverberación. Propiedades físicas que se atesoran en el interior de su cartera en forma de papel y rotuladores, destaca el frío y los veinte minutos para llegar al trabajo y nada es posible al tiempo que se abren las puertas del invierno [todavía es verano y los tiempos muertos son necesarios y precisan su particular cuidado y estructuras y caminos hablan de todo lo que se dilapidado en el pasado y regresa con la apariencia de una muerte en vida, ese recuerdo]. El palacio es un punto más que un edificio, sólo bastaría pensar en el gran helecho que se eleva a la entrada, en el el pesado roble, en el cedro centenario: su resina y el amarillo reflejo cuando hasta ella llegan los rayos del sol. Camina por el sendero con la cartera de administrador, la cuentas han sido presentadas y una vez aceptadas buscaran el depósito del archivo la oscuridad eterna del sótano, todos los recibos de los últimos siglos se disponen allí en la extensa variedad de carpetas y archivadores. En su casa habrá de pensar en la disposición del jardín, en la gruta y en los últimos gastos que ha ocasionado la reparación del tejado y en los jornaleros de la poda [pero no hasta el final del invierno y ahora estamos en la plenitud del verano, si es que a esto se le puede llamar verano]. Es una casa sencilla a la vera del mar, se pueden ver las islas y con un poco de esfuerzo los tejados del palacio y en las estanterías se disponen los libros de Historia como guardianes de su ocio: ¿tiene sentido la indagación? Fuma cigarrillos y bebe café negro, ha perdido su pelo y siempre lleva corbata, incluso en verano. Su soltería es una marca de fábrica. Gafas y bigote, patillas y anillos de oro y brillantes, rubíes y esmeraldas, una pulsera y una pluma muy muy muy cara, es el objeto más valioso que posee, la cartera se apoya contra una pared y tiene la apariencia de los viejos reptiles disecados en los escaparates de las pastelerías del centro del país de los vampiros: una vez le llamaron vampiro, fue en París y lo recuerda con frecuencia, cuando se mira al espejo: sí, es pálido y sutil, glauco y transparente, ámbar y metálico. Sin reflejo.


3. Andante. Pantallas, teclados, plástico gris, plástico blanco, la tela negra y el espesor justo, la suave entonación, un perro, el taxi negro en la noche se desliza hacia el puerto, baja las cuestas a gran velocidad, pistolas afiladas y recortes de periódico sobre la mesilla de noche, neones y fluorescentes, la luz pálida brillan en  el rostro de los jugadores de cartas, fichas y pantallas, billetes y monedas, el licor, la herramienta dúctil, la calculadora de bolsillo, el segmento opuesto a su sofá, el puerto está desierto a esta hora, no queda Coca-Cola, tampoco hielo, ni limón, alguien bajará al bar y comprará lo necesario, la partida sigue su rumbo y el taxi ha sobrepasado el Muelle de Pesca de Altura, los astilleros, los almacenes, los efectos navales, la plaza y el pequeño almacén donde se han reunido en alguna ocasión, tuerce hacia la izquierda, el frío metal es muerte y asfixiado minuto, tan largo como su esquema en el lóbrego bar donde se despacha la coca incondicional y nocturna, suficiente para otra partida. ¿Las cartas son un medio de vida? ¿Obtiene así las ganancias suficientes, como el sostiene y justifica su doble vida, para pagar los gastos de construcción de la nueva casa? Nada de esto tiene importancia, lo fundamental es el centro de sus derivas: la nocturnidad, los ordenadores negros, las pantallas, la vídeo-vigilancia, el acopio de monedas de las propinas, el sudor frío del jugador, el límite de la ebriedad, la coca y el paseo por el puerto, cuando los barcos llegan de su labor diaria y apunta el día, sin vanidad y alejado de sus propias líneas de fuerza.


4. Consejo. La velocidad era excesiva y conseguía transmitir una sensación de peligro que le resultaba inquietante, los árboles se difuminaban y en las curvas se veía empujado contra la puerta, y el cinturón de seguridad le molestaba. No dijo nada, dejó que hiciese, que su nerviosismo guiase el coche, sin retardos, le miró y eso fue suficiente. El silencio tiene efectos y contrapesos, hay una suave brisa que inunda el coche, que se ha detenido en una área de descanso junto al puente [fino esqueleto de animal larvado, estilizado perfil y untoso cuerpo del que la lluvia gotea sin pausas: líneas sobre el barro del suelo formadas por concéntricos e irregulares círculos,imperfectos en el ejemplar, perfectos en el conjunto]. Lo hablaría más tarde, pero en ese momento no había otra cosa que silencio.

green

3rd

22.7.09

silver

card

1. Sobre la mesilla de noche colocó el retrato de Baudelaire. Era la célebre fotografía de Carjat, era una pequeña reproducción enmarcada en plata. La voz vacía y el recuerdo de las duda nocturnas, el poso de la ebriedad, el miedo a la mañana siguiente, la limpia mañana. Pero no se trataba de encontrar una compensación, una esperanza o un consuelo, ni tampoco había martirio o penitencia. Quizá podría ser una brújula, pero tampoco: un punto de vista, la orgullosa mirada y el pelo verde y la nocturnidad en el olvido, sin puntos ni saltos. No encontraba las drogas necesarias, y las que estaban a disposición eran muy caras y de dudosa calidad, así que decidió que había llegado el momento de encontrar un final adecuado a años de intenso desarreglo, de ruptura con la línea recta, de indagación.


2. Renuncia y disposición. En el jardín las palmas se disponen en tresbolillo, surcos sobre la ladera. Hay una fuente dentro de una cueva artificial (ojos de buey, espejos, grutas y cascadas, oscuridad, húmedas piedras, lama, agua estancada, lajas pulimentadas): hace noventa y siete años se construyó con el objeto de aportar un acento de misterio al jardín, ahora todos consideran esa parte de la finca como un lugar siniestro. Aguantar la respiración, expulsar el aire lentamente, y, al tiempo, se cuenta hasta cuatro, eso es lo que le han enseñado en las clases a las que asiste para controlar su ansiedad. La lluvia realza el esmaltado verde de los camelios, tiene frío y ha mojado la chaqueta de lana que le prestó su prima: es vieja y de color camello, tiene coderas de ante y lleva una chapa de los RS en la solapa. Eso es todo, pero se encuentra bien mientras desde la gruta ve llover y controla su respiración, por placer, no por necesidad.


3. 7:58 y es hora de ir a trabajar, lloverá durante todo el día y el día bien pudiera ser una ligera distorsión, la columna líquida de un acorde sometido a un exceso de volumen, saltos en la escala, saltos en el ritmo, el ajuste, un tresillo o diez tresillos, acompasados pasos.


4. Cubierta. 8:01, se acerca el momento y la profundidad es olvido, no ha preparado su interpretación diaria y eso será una carga durante la noche. Ahora piensa en cada detalle, pero sucedió mucho tiempo atrás y ese velo es una medicina o un veneno. Reverberación o distorsión o un coro de demonios. 

p

cover

20.7.09

wild

127

1. Contar. Baquelita y negro y azul y celuloide y barniz o laca o cera sobre la madera oscura y repujada y el calibre y los revólveres y la catedral que se refleja en la lámina de aluminio bruñido. Calle abajo se encuentran las tabernas que nos parecen más adecuadas para ser visitadas en las últimas horas de la tarde, cuando el día declina y los lobos bajan a la ciudad, en silencio. Hay botillería y olvido en sus estanterías verdes y ceniza entre los dedos de los afilados borrachines, se puede tomar vino y comer sardinas en aceite y aceitunas y pan húmedo, es algo que transmite calor, se derribaron las últimas casas que permanecían en pié, las que construyó su padre, y ahora es desde estas tascas desde donde se pueden ver los descampados, los mares de escombro y en un instante fue viejo y su cara era roja y sus hinchadas manos temblaban, la cumbre de su vida era aquella colación: el vino moja sus pies y no percibe ese olor agrio y se complace en las manos de la camarera y en el humo, en la volutas y en el espacio y en la perdición y en el margen y en la morfina de los enfermos terminales y en el hachís hervido de los sueños y las pesadillas, ya es hora de regresar a casa, la mortal y húmeda cama, la mortaja.


2. Restar. Es eso que las estaciones de tren tienen y no hay en ningún otro lugar. Olor de gasoil y traviesa, el balasto y las tejas rotas, el círculo y la perfección de la velocidad. Las tabernas eran otras, o cantinas y refrescos y coñac duro y profundo. Es eso que hay entre los viajeros y no es suspiro, ni viaje. Y en ese momento esperaba su avión y compraba el tiempo de los trenes, vendía el tiempo de las esperas en aeropuertos y trenes de alta velocidad. Fumar es un delito, beber no se debe nombrar, nadie mira a nadie, el silencio y el zumbido de los motores. Apaga el teléfono móvil y París es una posibilidad.


3. Conjunción. Las uniones que resisten el paso del tiempo van más allá de la piedra y el camino.


4. Tercero. Tener el peso de la mano, en su exactitud del metrónomo y el compás. El peso tira hacia el fondo y el fondo es oscuro y pantanoso.

placebo

ending

19.7.09

cell

gig


3.0 - Gigante y súplica.

Ayer la vieron. Falda negra, la blusa nieve blanca o avena o piel de gato rojo, gafas y el pelo teñido, los labios muy rojos y el perenne asombro de sus ojos. Como olas el público dejaba el recinto y ella permanecía inmóvil, esa noche volvería a casa y sería tarde y estaría allí, entre los libros la foto del caballo, del caballo de cartón que su padre le trajo de Noruega. Como salmones o peces de oro y escamas y el pop no era gratis, tenía precio y plazos, no podía ignorarlo, pero la noche era perfecta, cálida y abrasada de cerveza y jóvenes y ella no era joven en su falda negra, en sus medias negras, en su ropa interior negra y todo ese torbellino era la misma espera de siempre, atenazada por una tristeza y entrechocar de copas y besos fríos, como labios fríos y eternamente rojos de París escaso y barato.


a. Londres se escapa a la clasificación y es más una edad que un estado, un tiempo que un paisaje.


b. Espuma y viento en su casa, y todo es provisional y el ordenador es un vacío inquietante, en esa habitación.


c. No precisaba explicaciones, pero su insistencia reluce en la noche, el vaso eterno del champán en los chigres: es que nos gusta tanto, y ahora ella estaba sola y él se perdía en el fondo de algún país, idiomas extraños y sexo acerado y estéril.


push

grave

16.7.09

trom

deep

Su tacto era el tacto de la ceniza: entre los dedos, al calor de las yemas de los dedos. Una gota que cae, es ese el ritmo que desea y no encuentra. Era el pelo húmedo, el pelo negro y traspasado por canas y restos de humo, polvo y espuma. La luna se refleja en sus ojos de acero y cristal opaco, es un azul precioso y un blanco quebrado por el resplandor de noches de insomnio. En la calle se disponen las mantas de los vendedores ambulantes: paraguas, pañuelos, barras de labio, perfumes, alfileres y tijeras.


Madera seca, su tono adecuado para el fuego, ha de ser un rojo encendido y los barnices darán ese azul esquemático y fulgurante, el trastorno se asemeja a la enfermedad, pero no coincide con ella.


Abre la puerta, ella está allí, sus gafas y su pelo rubio y sus ojos de agua y plomo. Se vieron por última vez en Londres y Londres ya no es una ciudad ni un recuerdo ni una norma, como en su momento lo fue. Londres apenas es un rescoldo tras las gafas y la armonía del pasado, su perfección que explica el presente como una metáfora con fortuna puede capturar la esencia del amor o de la muerte o del asesinato, sin una dirección previa. ¿Qué deseaba? Constatar el mecanismo de la vida: el cambio y su diligencia implacable. Tierras de Salamanca y vino negro, ebriedad lenta de sus adolescencias traicionadas en prados y ríos y veredas: eran sus cuerpos desnudos, los fluidos y su salinidad espesa, la curva en reposo, con la limpieza de lo recién nacido, con la precisión de la juventud, esbelta y elástica, vientres que se juntan y abrazos que no se transparentan.


Grandes fuegos azules y verdes, espesos y nocturnos, ya no es tiempo para disculparse y la canción gira en su ritmo y es la falta de fe la que deja al descubierto todas las carencias. No has cometido ningún pecado, pero eso no indica nada sobre tu inocencia.

patsy

past

12.7.09

st-t

pool

low

black

9.7.09

gas

le grand maudit

A. Hay tres libretas sobre la mesa de la cocina, las tres libretas han sido completadas a lo largo de la semana anterior. Durante el último año han estado presentes en cada equipaje, en cada viaje, en los paseos diarios, en los intermedios del trabajo. Son las anotaciones que comenzaron un mes de julio y que culminan otro mes de julio, son notas rápidas y dibujos y esquemas, croquis, retratos, apuntes y citas al vuelo, arrancadas y succionadas, locuras interiores y posteriores descensos al abismo de lo ordinario, lo cotidiano en su punto de ebullición. Cada persona tiene su momento, pero todas no pasan de ser una arbitraria conjunción de posibilidades, un inventario de gestos, sonidos y ausencias. Hay una totalidad por descubrir, por ensamblar, la totalidad se muestra en el arte del paseo y en la artesanía de la lectura, como orfebre o ebanista. Una torre invertida, un paso entre dos ríos que confluyen en una garganta, un profundo tajo en el paisaje, el despertar de una ninfa sobre las copas de aquellos árboles sin nombrar que adornan la ribera, una ciudad de alma de acero y piel de barro y cobalto, rojo, blanco, verde melena, algas en los hombros, el cuerpo sumergido en el río y niños y niñas que juegan en la orilla con aros y cometas y cuerdas, la ciudad es un resplandor al mediodía y se encienden sus tejados y sus torres de ceniza y alabastro, ¿qué es, pues, una guitarra eléctrica? ¿un nombre o hierros y maderas incesantes, el trueno de la postmodernidad, ay: época nuestra, tan nuestra? ¿podría vivir ella sin ella, sin su tacto y su facilidad y su engaño de decibelios y vatios y voltajes, agujas oscilantes, intercambios y señales perfectas, entender a su través toda la poesía y todos los cambios, el alma de sus dietarios: cambios?


B. Estuches, lápices, cristal, bola y cristal, esfera y mercurio, cambios, gas y zoom, el taxi negro que cruza la noche camino del burdel lleva en su interior al hombre que fuma, que siempre fuma y se transparenta en su indiferencia, ya que allí, en el burdel en el bosque, habrá de obtener los patrones y los esquema para su plan. Medita y la ciudad se muestra ante él, es un fondo idóneo de tristeza y ausencia, ¿por qué un plan? ¿por qué la vida no se detiene en un nombre, por qué rueda en constancia de muerte y nacimientos, orto y ocaso, abrazo, cuchillo, préstamo y deuda, amor y didáctica del robo, el crimen que no cesa, la generosidad que lo anula? Complementos que se explican en el sonido de sus nombres, más allá de la propia luz hay otra luz definitiva y concreta.


C. Cita_encontrar un poco de consuelo en los libros leídos y en sus frases dignas del recuerdo, propicias para ser copiadas en una libreta y atesorar en ellas un conocimiento, un saber que gira en torno a la necesidad del centro y su inserción.

pulp

zoom

7.7.09

porn


mercuriana

1. Mercurio. Sol de medio día, claro y alto, el calor y la desnudez de la playa: como una manada de monos se estiran frente al mar. La absoluta desnudez, mujeres, hombres, niños, los viejos y las viejas, hirsutos, quemadas pieles, cuarteadas, ojos densos y pacientes, el error, la tortura, su equilibrio, su compensación. Abierta la noche en dos partes, se muestra el humus y la cenefa de algas que del mar emergen, es su cadáver violáceo y la espuma muerta de los días de ebriedad y autopista y velocidad y peligro y vida y muerte en una sola cara, en una única moneda. Hoy no habrá vino, sólo ese contemplar la playa y la familia de monos, sus cuerpos sin pelo y ese blanco sobre la arena blanca, sus toallas y el áspero constatar la biología en sus genitales.

2. Agua. Atravesaron la playa sin prisa, a un paso lento y constante, los pies en el agua y cigarrillos, los bajos del pantalón mojados, la liebre tatuada en el hombro y anillos en el dedo meñique, un sombrero rojo y un foulard azul, en los ojos la chispa del has, la paciencia del orfebre entregado a la frase y al verso, y rimbaldianos eran sus pasos y sus meditaciones, libres de toda atadura, en su aspecto más habitual, porque la disciplina siempre exige sumisión a otra voluntad y a ello estaban dispuestos. Nadie puede estar seguro con las ondulaciones y encuentra en ella perlas y almendras y pistolas y cenizas bajo la nube ámbar de topacios y esmeraldas y cárdenos senos, coños y hachís de farmacia, tobillo y cenefa. Ha llegado con el día y en el día se abren huecos y miserias, sobre ella triunfa el sonido y es ahí donde se puede encontrar la única clave posible: la ebriedad, el vuelo de un suspiro y esas sonrisas veladas en las entradas de los bares en la última hora del día. Profundas simas de azuladas algas, oscuras y egregias disposiciones: ahí estàn los libros que he quemado durante el Ïltimo año, son imprescindibles como todo lo que se renueva en el olvido, la materia de la eternidad y la infinitud y es fluir constante y concreto.


3. Tobillo. Oro, laca, amarillo, negro, ceniza, dosis, letargo, espesor, amargos enemigos, cerveza y cien centauros, la piedra, la losa, la làpida y disco en plomo y su rama y su mano y su río de líquido hierro, fundente abismo, en el abismo es ella y su soledad de calles en noviembre, junto a las vías del tren está su casa y su dietario y su transparencia de cristal y plástico rosa y verde y blanco y es ese el nombre que podrás atrapar en una colección de bombillas de colores y no es ese tu interés porque sobre sospechas descansa la intuición y mañana ya no es hoy y estará sobre la mesa el giradiscos donde se desarrolló tu adolescencia y es oro y es laca y es el negro pelo que amarillo fue ayer y hoy verde de ese París que no serà batalla
por presenciar.

have


line


5.7.09

sinal

meet

1. Cuida un bebé por la mañanas, mientras sus padres van a trabajar, sólo durante el verano. La tarde, enteramente, la dedica a leer. Una siesta de media hora, un café cargado y dos, tres, cuatro horas de lectura. Precisión. Un paseo, algo para cenar en una terraza, una cerveza o dos, un café y leerá hasta las dos o las tres. Son las mejores horas, dice y enciende un adolescente cigarrillo a la salida de la biblioteca.


2. Las noches no podrían ser más propicias. Todos los martes se encontraban y era un ejercicio de estilo y un combate y ginebra ausente y escuchaban a los Beach Boys y después conciliaban sus opuestas posiciones y la risa era ebriedad y limpio sueño sin rescoldos, sin resuello, sin abalorios la noche se difumina ahora mismo.


3.  Gafas, estilográficas, Lisboa, cementerios, lluvia, acero y fibra de acero, el trenzado simétrico de los logros, una canción, parques y niños, la canción o la guitarra eléctrica y el camerino es el fondo del mar, bronce, plomo y mercurio.


4. Se reunieron el martes pasado en un restaurante, como todos los años: observo  esas pandillas de amigos que cada año se juntan para contabilizar (?) los logros y los fracasos y entran lentamente en el olvido. Soy un investigador aficionado y mi afición se desvanece, me dijo y yo le creí.

shall

sitter

3.7.09

2.7.09

ursula et monsieur le singe

Sous le ciel de Paris
S'envole une chanson
Hum Hum
Elle est née d'aujourd'hui
Dans le coeur d'un garçon
Sous le ciel de Paris
Marchent des amoureux
Hum Hum
Leur bonheur se construit
Sur un air fait pour eux

Sous le pont de Bercy
Un philosophe assis
Deux musiciens quelques badauds
Puis les gens par milliers
Sous le ciel de Paris
Jusqu'au soir vont chanter
Hum Hum
L'hymne d'un peuple épris
De sa vieille cité

Près de Notre Dame
Parfois couve un drame
Oui mais à Paname
Tout peut s'arranger
Quelques rayons
Du ciel d'été
L'accordéon
D'un marinier
L'espoir fleurit
Au ciel de Paris

Sous le ciel de Paris
Coule un fleuve joyeux
Hum Hum
Il endort dans la nuit
Les clochards et les gueux
Sous le ciel de Paris
Les oiseaux du Bon Dieu
Hum Hum
Viennent du monde entier
Pour bavarder entre eux

Et le ciel de Paris
A son secret pour lui
Depuis vingt siècles il est épris
De notre Ile Saint Louis
Quand elle lui sourit
Il met son habit bleu
Hum Hum
Quand il pleut sur Paris
C'est qu'il est malheureux
Quand il est trop jaloux
De ses millions d'amants
Hum Hum
Il fait gronder sur nous
Son tonnerr' éclatant
Mais le ciel de Paris
N'est pas longtemps cruel
Hum Hum
Pour se fair' pardonner
Il offre un arc en ciel