Es una sombra que todas las mañanas del año se eleva sobre su cama.
Cien, monedas y tabaco,
alarma, exterior y prisa, dejó en su mesa
de despacho toda la calderilla y por eso
el billete doblado, son cien
euros, sobre los folios no dijo nada, pero todos sabían
que podrían esperar un descuento, el dinero
preocupa, se juntan diez o doce sacos, el tiempo es adecuado
para la venta y no esperar es una insensatez, todo es abandono
pero no espera.
Desde su casa hasta aquí hay tres kilómetros, tiene una nariz afilada y el pelo totalmente blanco, cuando habla desprecia a su mujer y ha hecho muchas trampas en el último año, ¿por qué no pensar en la palabra trampa?
Se dirige a su trabajo y parece un hombre más, no hay nada que indique sus miserias, no hay nada que muestre ese interior, le saludan y es un hombre bueno, al tiempo en que todos esos desconocen el precio que cada día paga, la inmundicia que son su actos, cómo le interesa el poderoso y desprecia al débil y después postula todo lo contrario en el café de la tarde, ay: esas cafeterías llenas de opiniones, ceniza y caspa.
Su ropa es cara, porque necesita fingir. Ni siquiera le queda bien, pero ha aprendido cuáles son las etiquetas, dónde comprar y por qué impresiona un reloj tan caro. Se cruzan dos patos en el río y nadie adivina que el hombre que los alimenta (...), simetría.