Perros que ladran durante toda la noche. Es la tierra improductiva, los olivos y el olor fuerte del hachís, se sientan sobre las piedras y miran como la noche cae. Un azul especial, electricidad o miedo. Hablaron de peleas y navajas, botellas vacías y virtudes, pecados, dolor y alivio. El horizonte es frágil. Cuando se desvanece el recuerdo de los muertos comienza una nueva era, sentencia mientras enciende otro cigarrillo, la cerveza se ha calentado y dice: en los pueblos la gente es muy mala, dirán que es un cornudo, que ella es terrible, ¿y él? ¿Por qué lo llamó? La niña estuvo toda la tarde con él. Sospechan las de la iglesia que abrió un boquete en el muro del cuartel abandonado y pasa allí las noches. Amuletos, ceniza, mecheros y piedras de hachís, papel de liar cigarrillos, cartón, tabaco suelto, el humo espeso y otra cerveza. El himno de la noche y las conversaciones, es un viejo que toca el acordeón y canta, son canciones de la región y hablan de guerras que nadie recuerda. Contaron muchas más cosas y se hizo tarde, nadie se emborrachó, esas ebriedades ligeras son un regalo del fin del verano. La tierra seca y árida es el testigo del último banquete: caldo, carne cocida, repollos, huevos, siete de la mañana, habas, jamón, 25 minutos, Don L., nada importa ya, sólo esperar y esperar, como una ficción, como un relato antes de dormir.
Gardenias, orquídeas, violetas. Colección de flores y huesos. Amor, el amor como primera visión del mundo, eran sus ojos grandes y su extraño atractivo [no era guapa, pero nadie podía dejar de reconocer su misterio], eran sus palabras y la originalidad de su carácter: fuerte y firme. Se rió cuando a aquél le oyó decir: mi amigo, engolado y seguro, muy seguro de la importancia de aquél a que invocaba, un médico o un notario, se rió y él no dijo nada, apretó sus dientes sucios y pasó la mano por la calva, había odio o el lento hundirse en el fondo de su sueño.