6.9.09

joie de vivre

1. La disciplina, el slam, la clase de posesión que hacía que se sintiese especial, en el sótano tenía una vieja muñeca que fue de su hermana, era fea y estaba sucia, de vez en cuando la estudiaba y había algo que surgía de su materia de plástico rosa y negruzco e hilos de poliester, era la infancia que regresa como un aparecido, un ahogado que emerge, pequeños restaurantes, al borde de la ría, hablaba de que aquellos hombres como si fuesen inocentes, urbanizaciones y saneamientos, el cálculo, la precisión, el abastecimiento de agua, en el sótano estaba la muñeca y era suficiente para tener seguridad en esas conversaciones (allí se preservaban sus fuerza, su humanidad),  pues el precio de una cerveza, vendió a su padre por el precio de una cerveza, dijo algo más, pero no era posible entender lo que entre suspiros se escapaba de su boca, no había nubes, pero anunciaron lluvia para el día siguiente, nunca encontraría satisfacción, joie de vivre [rompió un mecanismo y ahora es imposible restaurarlo, ¿inocencia, inspiración, disposición?], la voz engolada, cargado de razón, progreso y logros, medallas, monedas y formas dignas de consagración, decisiones, victoria o derrota, ¿engañó a su padre o lo vendió?, nadie respondió, de qué hablaba, ¿era el alcohol o era el arrepentimiento?, la semana pasada pagó el último plazo, pero eso no consiguió que descansase, un souvenir, por favor, el plano del metro es suficiente, he conocido todas las ciudades y he leído todos libros, alcanzado este objetivo nada resta, aburrimiento, el tacto del aguardiente, diez mil cuatrocientas veinticuatro botellas, un desacuerdo, el transporte diario al trabajo, sin dificultad, la expectación de sus palabras fue una sorpresa: tan plano, aburrido y prescindible, ¿engaño a su padre, lo vendió?


2. Finalmente, resultó cierto: no dudó en que sus padres avalasen el crédito que él no estaba dispuesto a devolver. Por eso perdieron su casa, por eso les enviaron al asilo después de ejecutar el embargo. ¿Y él? Continuaba en los burdeles y en los amaneceres y en la sorpresa, vestido de blanco y con una astilla de coca en el meñique. Nada más.


3. Dudo de esa versión, la caída fue posterior al embargo. Pensó que todo saldría bien, pero no sabía nada de restaurantes y era allí donde dejaba su dinero, en invitaciones que luego llevaron a equívocos, y, sobre todo, un negocio no se dirige desde la cama. Por eso siempre se lamenta, por eso bebe como bebe, no creo que pueda soportar la sobriedad. Su padre murió de pena en los brazos de acero de las monjas, lo enterraron dentro de una caja de cartón [siempre repetía lo mismo con acentos muy marcados en: acero y cartón, como si hubiese magia en la palabras].


Z.1324.000098. Todas las noches, antes de dormir, piensa en la hadas en los jardines de Kensington y espera que el sueño lo absorba, como si descendiese a una realidad inferior a través del hundirse del colchó. ¿Hasta qué punto era verdad todo aquello? Todos los días había historias que se diluían en acuarelas entrevistas por los paseos por las calles de Londres, hadas, parque infinitos y barrios e inquietud, como si pudiese volar sobre aquellos tejados y enfilar la senda de (...)


Fue imposible continuar la lectura, hasta aquí llegamos.