a. A las siete de la mañana la ciudad es el escenario apropiado. La luz y los personajes son un punto más allá de lo acuático y hay reflejos y profundidades que la noche no se ha atrevido a engullir, hay muertos que danzan y eléctricos o automáticos diccionarios de mujeres y hombres camino del trabajo, hay espera y dominio, médicos y enfermeros, el azul hospital, el blanco creciente en las fachadas, cada ápice, cada inframundo, cada bajada es la simetría de otra realidad, superior, inferior o equivalente, pero ajena, siempre ajena. ¿Es la música el único antídoto?, ellos caminan por las calles y la lluvia no les moja: su perfil de borrachera y hastío les protege. El nihilismo, el duermevela, el veneno. Las siete de la mañana se revelan como la hora de los muertos que no han abandonado totalmente la noche y sus sueños o sus pesadillas.
Una carta de disculpa.
Una carta de queja.
Una carta de amor.
Una carta de recomendación.
Una carta de pésame.
Una carta de petición.
Una carta.
Sellos, matasellos, envés, remite y talco.
Pluma y abrecartas.
Colección de cartas y sobre, direcciones, rotuladores, gomas, guitarras o canciones, igualdades.
b. Un hombre camina sobre el puente del tren y estudia el fondo del río y puede ver la sonrisa de los ahogados. Es un privilegio y no lo desea para sí, pero lo ha obtenido y debe anotarlo, así es cómo se adivina el futuro. ¿Cambio?