Nadie fue capaz de convencerla y sus pasos se encaminaron hacia la puerta, se volvió y, uno por uno, les dio las gracias y comenzó a llorar. Se marchó y todo estaba en su justo punto. Los coches corren por la autopista, las luces de las habitaciones se apagan, suena una canción con sugerencias y devastadas direcciones. No habría de mirar hacia atrás, con paso firme, sin miedo, sin esperanza.