En la oscuridad del teatro. Sombras, minúsculas figuras que no paran de moverse, una luz, una bombilla desnuda, un telón que se desvela, una colgadura golfa, una trastienda y una botella de anís. Sobre la mesilla de noche hay un vaso de agua. La luz de la lámpara de noche arroja su luz amarilla y fuera la niebla ha tomado el valle. El sueño se agita en el sabor amargo que se debate en su boca, que el agua no alcanza a limpiar. Los recuerdos de la ciudad se confunden con la voz de Bowie, sólo es una canción, pero ese es el tono. No ha de buscar soluciones, ni habrá de hacer promesas. Los lobos corren entre los pinos, rápidos y tienen hambre, de su boca la saliva es fuego, hay un recuerdo de sangre y tierra, de cieno y edificios, portales, pensiones, atracciones de feria y luces de colores, un barrio y tabernas y vino barato y ginebra transparente y combinados y baile y abrazos. Pero la oscuridad debe triunfar y triunfa y triunfará.