30.3.09

28.3.09

sharp

opening - prelude 2

Eran historias de ahogados, historias sobre ríos y apariciones sobre las aguas y fantasmas que traspasan a las personas al tiempo dejan en ellas un rastro de tristeza y desesperanza. Eso fue después de la cena y era la cocinera la que contaba la historia del hombre del aserradero. No tenía prisa por marcharse y en el vaso se licuaba el licor café, espeso y aromático, helado, dulce. Era eso, ese era el secreto que escondía el hombre que gritaba desde la entrada del aserradero. Él había sido visitado por los fantasmas por una falta cometida, dijo la cocinera pero no especificó cuál era esa falta, le dio un trago al espeso licor café, mientras el hijo de la dueña encendía uno de sus cigarrillos negros y ambos sonrieron maliciosamente, querían asustarla porque eso les divertía. ¿Era fácilmente impresionable? Todo se tornó siniestro como si hubiese penetrado en una realidad que se le había vedado a su llegada. Como un relámpago cruzó por su cabeza los últimos días en Madrid y los encuentros y desencuentros en el trabajo. La oscuridad de la cocina y los rostros iluminados por la luz de las desnudas bombillas otorgaban el teatro necesario a la escena y eso la llevaba hasta el centro de sus preocupaciones. Pensar en victorianos relatos, en escritores desesperados y adolescentes. Una Francia, un París decimonónico, o Baudelaire o Rimbaud, un rastro maldito. Miraba al chico y  miraba a la cocinera, les miraba  y pensaba que todo era producto del aislamiento y de un substrato que superaba sus propias creencias.

Entró la dueña de la casa rural y dijo:

- Son sólo historias de viejas, no crea usted nada, pero el problema es que ese hombre si lo cree y ese es el peligro que encierra, debe evitarlo.

Nada dijo y se fue a su habitación. Le costó conciliar el sueño, y éste se tornó narrativo y lleno de imágenes donde se explicaba la diferencia que se puede encontrar a las ocho de la mañana entre el que ha dormido y el que ha estado toda la noche de juerga. Algo que se oculta bajo los ojos, un juego de músculos tensos o relajados que le otorgan o le hurtan a la mirada su vida.


El sueño es la imagen de la muerte.

landscape

rang

25.3.09

f.

opening - prelude 1

Todavía no había anochecido y una niebla blanca ascendió desde el valle. Durante los últimos días había dejado para antes de cenar uno de los cigarrillos que dosificaba, con la intención de abandonar el tabaco en un tiempo prudencial, unas pocas semanas, un mes a lo sumo. En cualquier momento sucedería y con delectación aspiraba el humo, jugaba con él cuando lo expulsaba y se preguntaba si recordaría con precisión ese placer tan pernicioso, tan costoso, tan detestable. La niebla se extendió por las praderas que desde la casa de turismo rural se podían ver, praderas que parecían simular el océano, una ilimitada extensión verde, un verde profundo, cambiante, hipnótico. Caminó hasta el muro de piedra y pudo ver al hijo de los dueños, se saludaron y él se acercó a ella. No tendría más de veinte o veintidós años, una edad indeterminada, pero de una juventud absoluta. Un rostro aniñado y una mirada acuosa, franca e indolente. La saludó y se sentaron juntos en uno de los bancos. Él le ofreció un cigarrillo que ella rechazó, hacía un momento que había tirado el último de día, tal como se había propuesto en su plan trazado para la deshabituación, cada vez con más dudas, con menos certezas. El hijo de los caseros fumaba tabaco negro y era algo extraño, ella estaba convencida de que ya nadie fumaba tabaco negro, por eso le pareció muy extraño que siendo tan joven fumase tabaco negro. Se sentaron y después de encender su cigarrillo, después de intercambiar trivialidades sobre el paisaje y el clima la conversación derivó hacia las rutinas de la explotación ganadera y de la casa rural. Pasados unos minutos, él comenzó a contarle cosas sobre amigos que tenía más allá de las montañas, que se veían de vez en cuando y que les había conocido en una estación de esquí, cuando esquiaba, y de eso hacía tres años, para él una eternidad, para ella un instante. Eso le llevó a relatarle como unos meses atrás, en un pueblo cercano, a penas veinte o veinticinco kilómetros,  escaparon de unos matones que les querían pegar sólo porque se empeñaron en que eran de Madrid y habían ido allí para reírse de ellos, para robarles las novias, para humillarles. Tuvieron que correr, se perdieron entre fincas y hortalizas y al final encontraron la pensión donde dormían. Durante el resto de la noche se dedicaron a hablar y a beber un whisky barato que uno de ellos había traído, dijo que había sido muy intenso todo y empleó la palabra intenso como si fuese imposible emplear otra. Intenso, repitió con una exagerada nasalización. La aceleración primera, las fincas en la noche y luego el calor del licor en el cuerpo, centrado en el estomago y palpitante en el esófago. La hora de la cena se aproximaba y le apeteció fumar. Tomó un cigarrillo del arrugado paquete y lo encendió. Realmente era un tabaco fuerte, que le hacía sentir la aspereza del vicio y su composición de repugnancia y juego de humo y maneras y gestos, como si fuese un primer cigarrillo a escondidas, pero todo eso estaba en consonancia con la noche, con la niebla, con la pálida piel del chico y su acuosa mirada de pez, de híbrido entre pez y pájaro, pues así era su nariz y su pelo rubio y el azul de los ojos. Como una unidad, ese sabor arcaico era el fiel en el que gravitaría la noche y la introducción en el sueño. Se miraron y él le dijo que aquella chica que conoció le pareció hermosa, él se sonrojó y bajó la vista, algo más que hermosa, una magia, una categoría especial y desacostumbrada. Sus palabras resonaban como la campana en el fondo del valle, como los fuegos artificiales del pueblo, como la liturgia de la verbenas y las danzas, como algo primitivo y auténtico que había aguardado su llegada durante mucho tiempo, años o décadas.

- Has pasado junto al aserradero.

- Sí, aquí las noticas vuelan.

- Es un pueblo. No deberías andar sola por los caminos.

- Para eso he venido aquí.

- No es conveniente.

Le atraía aquella manera educada de mirarla, de ofrecer tabaco, de contarle secretos que nunca antes había contado de aquella manera. Le miraba y la ternura era una señal, la señal se dibujaba en el humo que ascendía desde la chimenea y se confundía con las nubes. Prefirió no preguntar y pensó en aquel hombre que gritaba algo desde la entrada al aserradero, pensó en las graveras, en su desolación a esa hora de la noche, como si el paisaje estuviese preservado en los prolegómenos del sueño. 

surfer

said

23.3.09

trench

quiet

Desde la carretera se veían las graveras, sus torres amarillas y las montañas uniformes de arena, otros áridos eran otros tonos. Pasó frente a un aserradero y no dejó de llamarle la atención la ordenación de los listones, el acopio de troncos y el aspecto inquietante que tenían los cobertizos y el almacén. Un hombre enfundado en un mono azul caminaba con lentitud hacia la entrada, levantó la mano y la saludó, grito algo que no pudo entender. Le faltaba poco para llegar al pueblo. El hombre volvió a gritar, pero ella continuó su camino. Se ajustó y elevó el volumen de los auriculares. Debía centrarse en sí misma y todos los errores que había cometido en los últimos meses, que ella achacaba a la paulatina fosilización de sus esperanzas y quizá pensar en París no dejaba de entrar en ese continuo avanzar hacia la nada. El lugar hacia donde siempre uno se dirige, se dijo con melancolía. Vio el pueblo y todo le pareció mejor, vestido por la luz de la mañana, ardiente y quieta, detenida, y resaltaban las aristas y las paredes blancas y las vitrinas tras los escaparates y el recorte de los árboles del pequeño y polvoriento parque, con sus tristes columpios, con la caseta de madera, con las farolas de hierro fundido. Se dirigió a una papelería donde había comprado folios y bolígrafos. Recordaba haber visto allí una caja de acuarelas baratas y papel grueso, de un gramaje adecuado para sus propósitos. ¿Cuánto hacía que no pintaba? ¿Por qué lo había dejado? En suspenso estaba su deseo de establecerse en París y como un oráculo sus propios dibujos podrían abrir vías nuevas. Había un cambio, una metamorfosis en el día, en el paisaje y en su competencia. 


Fue ese aserradero, de memoria, lo primero que pintó, con trazos sutiles y en un claro camino hacia una abstracción deliberada. Nada que no sea susceptible de aligerarse merece la pena. Sólo los colores, sólo las líneas de fuerza, sólo el pensamiento de una ciudad nueva y un idioma nuevo, una manera de vaciarse transida de renuncias y ajena a las ataduras que la hundían desde meses atrás.

sold

top

21.3.09

send

light

En la oscuridad del teatro. Sombras, minúsculas figuras que no paran de moverse, una luz, una bombilla desnuda, un telón que se desvela, una colgadura golfa, una trastienda y una botella de anís. Sobre la mesilla de noche hay un vaso de agua. La luz de la lámpara de noche arroja su luz amarilla y fuera la niebla ha tomado el valle. El sueño se agita en el sabor amargo que se debate en su boca, que el agua  no alcanza a limpiar. Los recuerdos de la ciudad se confunden con la voz de Bowie, sólo es una canción, pero ese es el tono. No ha de buscar soluciones, ni habrá de hacer promesas. Los lobos corren entre los pinos, rápidos y tienen hambre, de su boca la saliva es fuego, hay un recuerdo de sangre y tierra, de cieno y edificios, portales, pensiones, atracciones de feria y luces de colores, un barrio y tabernas y vino barato y ginebra transparente y combinados y baile y abrazos. Pero la oscuridad debe triunfar y triunfa y triunfará.

west

St.

19.3.09

green

Improving

Tránsito.

La luna desaparece entre los eucaliptos, la playa se ofrece limpia, clara, extensa y pictórica,  como una manía, una analítica constante, un obsesiva clasificación, el catálogo de un maniático. Habla y habla con ella y ella no tenía ganas de otra cosa que volver a su casa y descansar. Me ofrecí a llevarlos, pero ella negó con la cabeza. Paseé y cogí el coche, por la carretera de la costa apenas había tráfico , lo cual me permitía desplazarme a mi gusto, es decir: despacio, sin prisas, atento a la carretera, satisfecho en la vigilia, satisfecho en la sobriedad, ausente.

victory era

H.008

15.3.09

13.3.09

aliud

aliud

Habló de una afrenta, nos habló de su carácter brusco y severo y que en esa ocasión se había visto desbordado, golpeado, humillado. No entendía, no podía perdonarse la debilidad. Yo no soy así. Su enfado se dirigía hacia sí mismo, sin pensar, nervioso, transmitía las negativas radiaciones propias del hombre que tuvo frente a él y le humilló, que yo conozco, que sé de su estupidez y de su griterío. Mezquino en su risa, en el pelo cano, en sus ojos saltarines, en la nariz afilada, en su encorvada espalda, en las camisas caras, en su desvergüenza, zapatos de ante y chaquetas de espiguilla, gafas para leer y el color del vino en los ojos, en las aletas de la nariz. De nada le sirve ese impropio atildamiento, todo es maquillaje barato, exagerado, es una vértebra de un cerdo, que ni para hacer un dado sirve

- Le han operado recientemente y eso le ha hecho fuerte. ¿Es un contrasentido? No, no lo es. Sé lo que digo. La muerte y su cercanía otorga fuerza a este tipo de estúpidos y a mí me paralizó porque vi algo en sus ojos que da miedo, algo que está por encima de él, algo que lo sobrepasa y  me atenaza.


Nunca antes le había visto beber así, con determinación y fracaso. Los tres salimos a la calle y él suspiró. Le dijimos que le acompañaríamos a su casa, pero se negó, quería pasear y así lo hicimos: en silencio, pensativos y desconcertados. 

traslate

desperate

11.3.09

orange

wwp.

Hay historias que sólo yo conozco: puertas, ventanas, pasillos, tabaco y ginebra, noches y el amanecer, la clientela y los clientes, elegir y descartar, monedas y billetes, barajas y tabaco rubio, habanos y culebras, serpientes nocturnas, acuáticas, vulgares y divinas, desvanes, timbas, cafeterías, mercados y oficinas de tasas, aranceles y una elección, el uno o el cero, el cero o la imprenta, los libros y las entras y salidas, el debe y el haber, deudas y ganancias en la última hora de la noche, bailar, beber, perfumarse, fumar, elaborar estrategias, el disfraz y la máscara, transiciones.

holy

located

9.3.09

band

literal

Comenzó:


- Yo sé que no está bien expiar a los vecinos. Cada vez que voy a la cocina veo la ventana del salón, un dormitorio y una sala. Siempre tienen tienen las cortinas descorridas. Es curioso, sólo hay los muebles necesarios. Ni un cuadro, ni un jarrón, ni una planta.


Había oído cosas parecidas, pero no recordaba quién se las había contado. Un rechazo absoluto a la decoración. Paredes desnudas, una mesa contundente de castaño, vasos, platos y cuchillería, una bombilla sin ornamento, sin lámparas, sin libros, sin discos, sin televisión, sin radio. Quizá quince o veinte libros guardados en un arcón, también de castaño. Hace años, en un pueblo perdido, en un devío a catorce kilómetros de la autovía, encontró un arcón así: devocionarios, tomos sueltos de una Biblia: latín y griego, inglés, un libro de poesía en alemán, desconocía el autor. Se reflejan los rostros en los cristales del vagón. Atraviesan el túnel y después el río aparece, barcas, pescadores y los coches se deslizan por la carretera que discurre paralela al río. El aspecto es el aspecto de las maquetas, es difícil decidir que es lo que otorga la calidad de maqueta.  

vertical

horizontal

7.3.09

342-blood

Paris - Théâtre Pass.

Entre los libros que se había traído había un ejemplar de Rimbaud. El aprecio y el  simbolismo eran debidos a una especial  devoción por todo  lo portátil. Si tuviese que elegir un sólo libro sería, sin duda, esta edición de bolsillo, quizá la obra completa, quizá no. Podría, lo jura, deshacerse de su biblioteca, sin dolor, con resignación, sin desasosiego, pero, también segura, este volumen la acompaña siempre. Eso dice.

La luz era amarillenta y parecía oscilar. Ni la luz era amarillenta, ni oscilaba en modo alguno, pero el libro, sus hojas prematuramente envejecidas, ese papel malo, que no ha de durar más allá de setenta o noventa años, cien a lo sumo, es decir: lo suficiente, infectaba todo en la habitación: la mesilla de noche, la lámpara, las cortinas, las maletas y su ropa ordenada sobre la silla del escritorio. Esa descomposición de la encuadernación era una descomposición propia y venenosa, el recuerdo y la fisicidad del libro van unidos y tiñen la habitación de esa amarilla penumbra decimonónica. Ella se plantea y no resuelve si el teatro es exclusivamente un espectáculo de entretenimiento o la vida misma es teatro. París no carece de dolor y arrepentimiento, ese arrepentimiento es lo que quiere desterrar. Es esa teatralidad la que acentuará. se dice. La nieve cae. El barco ebrio. Las habitaciones no dejan de ser camerinos poco antes de la función, antes de salir a escena.

idem

plaquette

6.3.09

bath

H-007

Paris

A lo lejos se podía ver la estela de un fábrica de ladrillos. Pronto cerraría, como había sucedido a lo largo del valle con tantas otras.
Tierra negra, húmedos castaños, huertas dispersas, que llegaban casi hasta el comienzo del bosque, que se derrama por la colina, por las colinas.
Comenzó a nevar y desde la habitación se veía como los últimos pastores, sus perros, su soledad sin ganado, se recogían, aburridos y con celeridad. Hacía demasiado frío, la nieve cuajó en pocos minutos.
El cielo y la tierra se fundían, nubes bajas y árboles que comenzaban a blanquear, a difuminarse en la grisalla. Sonó titubeante el primer acorde, llegó el coche y comenzó a pensar en París en otro sentido, en el cálculo de otras posibilidades, no por reiterativas, carentes de novedades. Salir hacia ella misma. El calor, la nieve, la contemplación de la cómoda cama que la esperaba, la arroparía en un sueño seguro.

ride

5.3.09

app

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top

2.3.09

older

sonic

Nadie fue capaz de convencerla y sus pasos se encaminaron hacia la puerta, se volvió y, uno por uno, les dio las gracias y comenzó a llorar. Se marchó y todo estaba en su justo punto. Los coches corren por la autopista, las luces de las habitaciones se apagan, suena una canción con sugerencias y devastadas direcciones. No habría de mirar hacia atrás, con paso firme, sin miedo, sin esperanza

nath

green